sábado, 6 de junio de 2026

Senderismo (II)

La vía Licea.

La Vía Licea por el litoral sur de Turquía transcurre por el antiguo reino de Licia durante 540 kilómetros, entre los golfos de Fethiye y Antalya, atravesando más de 25 sitios arqueológicos, entre ellos tesoros como Patara, Myra, Simena y Xanthos, incluidos en el club de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Recrea el camino que los licios recorrían con caravanas para transportar mercancías de una a otra ciudad. Marcada como Gran Ruta (dos rayitas, blanca y roja), esta ruta de senderismo por la costa turquesa se recrea en bahías y cabos, playas, patrimonio cultural. 

Su web www.trekkinginturkey.com  

Licia es una hermosa región costera montañosa del suroeste de Anatolia (actual Turquía). En la antigüedad, Licia aparece en la mitología griega;  como las Tierras de Lukka, en textos hititas y del antiguo Egipto; y como pueblo originario de Creta, en los escritos de Heródoto.  En las guerras persas, los licios lucharon a favor de los persas y más tarde cayeron bajo su dominio. En la guerra de Troya fueron aliados de los troyanos, y la Ilíada de Homero menciona a dos de sus líderes guerreros, Glauco y Sarpedón, supuestamente un hijo de Zeus. 

Fethiye.

El proceso de helenización comenzó en el siglo VII a.n.e. con la llegada de colonos griegos desde Rodas. Se dice que los licios eran un pueblo ferozmente independiente y renombrados asaltantes navales. Los textos egipcios los incluyen en una confederación de "pueblos del mar". También eran culturalmente distintos. Cualquiera que fuera su gobernante, conservaban una identidad propia con su propia lengua y escritura. Además, según Heródoto, observaban una descendencia matrilineal, a diferencia de los griegos, que descendían por vía paterna. Como muestra de su individualidad, los licios fueron el último pueblo de Asia Menor en formar parte del Imperio romano, bajo el emperador Claudio.

Por encima del valle de Janto está el pueblo de Dodurga, dentro de la antigua ciudad de Sidyma. Los edificios y tumbas son los originales, aunque modificados más tarde para incorporar adornos helenísticos y romanos. Muchos edificios incorporan piedras antiguas.

Los licios cuidaban el diseño de sus tumbas. Tenían varios tipos y las tumbas muestran con frecuencia influencias griegas, y a veces persas. Quizá las más llamativas sean las excavadas en la roca viva, como las de Pinara. Esta ciudad fue una de las seis principales de Licia, asentada desde el siglo V a.n.e. Una imponente acrópolis se eleva sobre la antigua ciudad, con su acantilado de color rojo óxido repleto de cientos de sencillas tumbas rectangulares.  “Tumba Real” (excavada en la ladera, frontón y friso, relieves en el pórtico), templo (quizá dedicado a Afrodita), calle comercial, teatro de estilo griego.




Las antiguas ruinas del teatro de Patara.

Patara nos ofrecerá la mejor playa encabezada por el inmenso teatro, mientras que ciudades antiguas como Tlos, Janto o Arykanda dibujan las antiguas civilizaciones.

 


Importante parada es Kalkan, antes de un duro ascenso hasta Berzigan, una aldea de granjeros con una hilera de pequeños graneros de madera, en los que se conservaban las manzanas de cada cosecha antes de ser transportadas a los distintos mercados.

Tras pasar Gökçeören, la senda continúa entre bosques de pinos, montañas y pequeñas colinas. Un pequeño desvío lleva a otra joya arqueológica: las ruinas de Phellos. Sarcófagos y tumbas de piedra arenisca aparecen aquí sin un aparente orden.

 

Kaş, una población costera turística.

Üçagiz

Para ver lo más tradicional de la cultura turca podremos ir hasta pueblos tan bien conservados como Üçagiz. En el camino hay playas increíbles, como la de Üzüm Iskelesi, y las ruinas de Aperlae, una antigua ciudad que fue destruida por un terremoto. Casas y tumbas ahogadas en la orilla del mar, ciudad sumergida de Kelova. Üçagiz es un pequeño pueblo que se encarama sobre una colina, siendo su castillo, Simena, el mejor mirador posible con castillo medieval. 



Podemos visitar el emplazamiento pantanoso del templo y oráculo piscícola de Apolo (en Sura), el asentamiento de Kaleköy o Kayaköy, antigua Levissi, cuyos habitantes cristianos fueron obligados a marchar a Grecia en 1922-23. Otra excursión puede ser a Fellos, alta ciudadela, con increíbles tumbas excavadas en la roca. 





La siguiente parada de interés es Demre, una ciudad en la que, debido a su proximidad a una próspera mina natural de piedra caliza, se fabricaban sarcófagos mortuorios. En las afueras de Demre, se hallan las ruinas de Myra, con una imponente fortaleza y un anfiteatro.

 

Las ruinas de Mira.

 

Entre los puntos naturales obligatorios de la Vía Licia, encontramos el cañón de Saklikent, que se puede recorrer en rafting o por una pasarela de madera, o la cala de Kaputas encajada entre acantilados.

Hacia el interior quedan las ruinas de Alakilisie, un bello templo del siglo VI al que también se le conoce con el nombre de Iglesia del Ángel Gabriel. Finike, previo paso por las extrañas tumbas licias de Belos. Aquí comienza la última parte de la Ruta Licia. Una de las mejores zonas de acampada de toda la ruta: el faro de Gelidonya. 

                        El faro de Gelidonya, una de las mejores vistas de la Ruta Licia. 

Continuando hacia el norte, la senda discurre por Adrasan antes de ascender a las magníficas ruinas del mítico Monte Olimpo. Aquí aún se pueden admirar los restos de la muralla de la ciudad, la necrópolis, los baños y un teatro. Cerca de allí, una fantástica playa es el lugar ideal para darse un baño antes de descansar en la población de Çirali. Junto a Çirali, se puede tomar un pequeño desvío para observar una rareza de la naturaleza. 



En el monte Quimera unas llamas llevan encendidas, y de forma natural, desde hace milenios. Parece que el culpable de este fenómeno es el gas metano que generan las rocas.

Las misteriosas llamas del Monte Quimera. 

 


Más adelante, cerca de la ciudad de Kemer, aguardan las últimas ruinas de la Ruta Licia. Las ruinas de Fasélide Los restos de esta poderosa ciudad, fundada por los rodios hace 2.700 años e importante centro comercial entre Grecia, Asia, Fenicia y Egipto, antes de ser arrebatada a los licios por los persas.

Las ruinas de Fasélide invadidas por la Naturaleza.

 

 

Camino de la costa de Bretaña.

La costa de la Bretaña francesa, esculpida por los embates del Atlántico, da la impresión de ser más salvaje que otros lugares. Los que conocían bien este escenario eran los aduaneros que, en 1791, crearon un sendero para vigilar la costa contra los contrabandistas. Bonaparte instauró un peaje muy oneroso para los productos importados, lo que impulsó el contrabando proveniente del mar. Para evitarlo, creó 35.000 aduaneros para vigilar todos los tramos de la costa. El sendero fue olvidado y recuperado, por lo que el GR 34 es conocido también como Sentier des Douaniers (Sendero de los Aduaneros). Son nada menos que 1.800 los kilómetros que bordean todo el litoral bretón, desde el famoso Monte Saint-Michel hasta Saint-Nazaire, cerca de Nantes, en la desembocadura del río Loira.

El trayecto está punteado por puntas rocosas, acantilados, dunas, indómitas playas y calas en lugares tan míticos como la costa Esmeralda, la costa del Granito Rosa, la península de Quiberon o el golfo de Morbihan, con sus mil y una islas. Además, típicos pueblos bretones, con sus barcas de pesca, sus restaurantes de crêpes.

El Mont-Saint-Michel, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, es el mejor inicio. Es un lugar impactante, utilizado por tribus célticas que ocupaban el bosque de Scissy, en los alrededores, para entregarse a sus cultos druídicos a Belenus, dios galo del sol.


La Pointe du Grouin
, a 7 km -a través de bosques de aulagas y pinos- de Cancale, es un lugar ideal para descubrir la hermosa Costa Esmeralda, con sus aguas turquesas y sus bahías escondidas. Desde la punta, la vista abarca un panorama impresionante, desde Cap Fréhel hasta Granville, incluyendo la bahía de Mont Saint-Michel. Frente a la costa, aparecen las islas Chausey. La costa alterna acantilados escarpados y hermosas playas de arena encajadas entre promontorios rocosos. 


Antes de Saint-Malo, está la zona de Saint-Coulom, y la Ile du Gesclin. Después de Saint-Malo puede verse el fuerte de La Latte, castillo medieval en la comuna de Plévenon, la costa de Goëlo. Después se llega al cabo Fréhel atravesando una landa de brezo de color rosa-púrpura. Alrededor se ven acantilados, pequeñas calas y un faro con magníficas vistas. Cerca, el cap d´Erquy, con acantilados, playas salvajes y el páramo de brezo.



De Paimpol a Perros-Guirec las rocas brillan, moteadas de granito rosa. Las construcciones son del mismo color. Esta costa es inmediatamente reconocible. Es un pequeño paraíso para las aves. Los aficionados a la observación de aves y a las reservas naturales estarán encantados. El paso por la isla de Bréhat, muy cerca de Paimpol, es muy recomendable. Senderos de Ploumanac´h, islas, calas de arena fina. Playa de Port Blanc, con un arco de roca modelado por el océano.

Otro tramo va de Plougasnou a Saint Paul de Léon. Cerca de Plugasnou está la Pointe de Primel (menhir). Recorrido con muchos islotes. Reservas de ornitología y ostricultura. El contraste con la Costa de Granito Rosa es sorprendente, al perderse la presencia mineral característica. Hasta Saint Paul de Léon todo es la bahía de Morlaix, salpicada de islotes. Sendero con pendiente pronunciada. Punta de Pen al Lann (playa de Tahití, islote de Louët, castillo de Taureau). Península de Carentec, isla Callot, accesible con marea baja.




Desde la punta Saint Mathieu hay una vista de 180° desde la isla de Ouessant hasta la isla de Sein. Buen panorama al atardecer. 




Se llega a Brest. Enfrente, la península de Crozon. Escarpados promontorios naturales rodeados de aguas turquesas, entorno idílico. Desde Cap de la Chèvre, se puede admirar otra vista marítima de 180° de la bahía de Douarnenez hasta Pointe du Raz. Otro lugar ineludible es Pen-Hir, con sus rocas en forma de escalera. Entre la punta de Raz y la punta Penière las rocas son más oscuras. Hay pequeñas calas pedregosas y un faro.

 


Faro de Ploumanac´h


En la Península de Quiberon las playas son mucho más grandes. El entorno es más tranquilo, está menos expuesto al oleaje, los paisajes son más suaves. Una nueva Bretaña, más familiar. El pequeño puerto pesquero de Portivy es el lugar perfecto para disfrutar de la puesta de sol sobre el océano. Estamos más cerca del estuario del Loira y del final en Saint-Nazaire.






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