Cogolludo renacentista.
La localidad de Cogolludo, con una población de 574 habitantes (INE 2025) se sitúa en las inmediaciones del río Aliendre y el arroyo Arbancón, en la comarca de la Serranía de la provincia de Guadalajara, a 898 m de altitud. Su nombre puede derivar del latín cucullus, que alude a su ubicación en la falda del cerro El Lomón y al apiñamiento de sus casas. Tiene por patronos a la Virgen de los Remedios y a San Diego de Alcalá.Su origen se remonta a la fortaleza construida en lo alto del cerro, pero tomó forma durante el siglo XI, al extenderse la reconquista cristiana al sur del Sistema Central, sobre una fortificación musulmana anterior. Aparece en fuentes escritas por primera vez en el año 1058, en tiempos de Alfonso VI. En 1176 el rey Alfonso VIII cedió la localidad a la Orden de Calatrava, que amplió el castillo. En 1242 se le concedió el fuero de Guadalajara, en 1355 la villa pasó a manos de Íñigo López de Orozco, en 1377 pasó a la familia Mendoza, en 1404 a doña Aldonza de Mendoza. En 1435, don Diego Manrique, conde de Treviño, se apoderó de Cogolludo en disputa con don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana y hermanastro de doña Aldonza. La lucha fue zanjada por la Corona que asumió Cogolludo y su tierra, que la entregó a Fernando Álvarez de Toledo. Éste, en 1438, la intercambió con la casa de Medinaceli, que construiría el palacio en este siglo XV.
La plaza Mayor es el centro neurálgico de la
villa. Se formó en el siglo XV cuando se construyó el palacio y tiene forma
rectangular, con dos lados de casas con soportales, algunas con escudos
nobiliarios y símbolos de la Cruz de Calatrava y de la Inquisición. Estas casas
derivan de las del siglo XIX. A un lado del palacio está el Ayuntamiento, con
su torre del reloj, y en el centro de la plaza hay una fuente barroca con
cuatro caños.
El palacio Ducal, de los Duques de Medinaceli, se construyó a finales del siglo XV. Aunque hay dudas sobre las fechas exactas, se indica los años 1488-89 para su inicio (sería anterior a 1496, fecha del arranque de la obra nueva del Colegio de Santa Cruz de Valladolid) y 1492 para su terminación. El edificio, considerado el primero renacentista, centra la plaza, dándole carácter. Fue encargado por Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli, y diseñado por Lorenzo Vázquez de Segovia. Éste fue un arquitecto español que introdujo el Renacimiento en España, intervino en obras de la casa de Mendoza a fines del siglo XV y principios del siglo XVI y murió entre 1513 y 1517. Trabajó en otros edificios como el Colegio de Santa Cruz de Valladolid (cardenal Pedro González de Mendoza, 1487-1491), el convento de San Antonio de Mondéjar (1487-1509), el palacio de Antonio de Mendoza en Guadalajara (acabado en 1507) o el castillo de La Calahorra (Granada, 1500-1513).
La influencia italiana se aprecia mejor en el palacio de Cogolludo. El paramento totalmente almohadillado, la puerta ricamente decorada con elementos en estrecha relación con el colegio de Santa Cruz, el escudo central con láurea y la bella crestería, se compaginan con ventanas que todavía tienen formas de la tradición hispano-flamenca toledana. La profusa simbología, especialmente evidente en la corona de laurel y los motivos de la portada nos relaciona esta obra ya con los últimos monumentos del quattrocento, especialmente el Palacio Bolognini en Bolonia o la propia Catedral de Pienza. En el interior hay un patio con arcos escarzanos de tradición gótica sobre columnas monolíticas, con capiteles alcarreños (corona de hojitas sobre el collarino), típico del primer cuarto s. XVI, yeserías mudéjares en las estancias. Destaca el Salón Rico, con chimenea adornada con estuco y con el escudo heráldico de los Medinaceli. Los jardines están rodeados por muro. El edificio tiene una concepción con predominio de la horizontalidad y la simetría. Destaca la ausencia de torreones, elemento típico de la arquitectura palacial española y la escala humana de sus volúmenes, características renacentistas, aunque persisten elementos góticos (ventanas -seis geminadas de estilo isabelino en la primera planta, cresterías). Dos cuerpos horizontales, almohadillado florentino, portada adintelada (único vano en la planta baja), frontón de vuelta redonda, flores de lis y querubines en la decoración, son elementos destacables.
La iglesia de Santa María fue construida en la segunda mitad del siglo XVI. Tiene planta de salón, de tres naves -la central más ancha que las laterales- de cinco tramos, separadas por pilares cilíndricos y cubiertas por bóvedas de crucería del gótico tardío. Las tres naves son de igual altura, por lo que no hay arbotantes, sustituidos por muros de gran espesor. La cabecera se remata por ábside poligonal con contrafuertes exteriores. El coro se sitúa a los pies, en alto, apoyado sobre tres arcos escarzanos, ocupando el primer tramo de la iglesia, cubierto por el mismo tipo de bóvedas de crucería, al igual que las dos capillas cuadradas del lado del Evangelio. Los arcos son de piedra, apuntados y de medio punto (arco triunfal, accesos a las capillas del lado del Evangelio). Está construida en mampostería, con sillares en esquinas, portadas, ventanas y contrafuertes.
La portada principal, renacentista, está en la fachada meridional, entre dos contrafuertes, precedida por atrio, escalinata y verja exterior, con pilastras rematadas por bolas renacentistas. El ingreso es por arco de medio punto flanqueado por columnas corintias exentas, de fustes estriados. Encima hornacina avenerada y frontón triangular. En la fachada oeste se encuentra el conjunto renacentista más completo, con portada, óculo circular y frontón triangular.
Se trata de un modelo cultural que combina la divulgación histórica con la dinamización turística, participación vecinal y valoración del patrimonio monumental de la villa, con el Palacio Ducal como gran emblema y con la plaza Mayor como escenario en el corazón del municipio.















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