San Pedro de Arlanza
Volviendo de Quintanilla de las Viñas y alrededores, pasado Hortigüela -pero en su término-, después del lugar que reprodujo la batalla del puente de Langstone para la película “El bueno, el feo y el malo”, bajo la atenta mirada de la ermita de San Pelayo y antes de Covarrubias, se aparecen las impresionantes ruinas de lo que antaño fue majestuoso monasterio de San Pedro de Arlanza. El valor artístico e histórico del cenobio queda realzado por su soberbio emplazamiento en los rocosos cañones excavados por el río Arlanza, en plena sierra de las Mamblas burgalesas rodeado de encinas y sabinas. El origen pudo estar en los eremitas que habitaban las cuevas de los cañones calizos del río, que abandonaron la vida eremítica para pasar a la cenobítica como monjes de un monasterio, que debió ser el de San Pelayo o San Pedro el Viejo, situado en el promontorio que domina el monasterio y parte del valle del Arlanza, y que tiene partes prerrománicas del siglo X que parecen atestiguar esta idea.Desde un espectacular roquedo se contempla un entorno de intrincados montes densamente arbolados y el manso fluir del río Arlanza a los pies, que invita al retiro y la contemplación mística. El promontorio ya sirvió para comunicar diferentes zonas desde la Edad del Hierro y, después del periodo romano, pudo haber un centro religioso de origen tardovisigodo complementado con eremitas dispersos. La fecha del 912 dada para la fundación del monasterio ofrece dudas, siendo más probable su origen en esta ermita que presenta varias etapas en su construcción (prerrománica, románica, gótica y barroca), siendo la primera la que define el futuro. La planta de la nave responde a lo usual en los templos prerrománicos de finales del siglo IX, planta de salón rectangular (14 x 7,5m), muros de piedra sillería y cubierta que sería de entramado de madera. El ábside tiende a ser rectangular en el exterior (2,9 x 3,35 m) y cuadrado en el interior (2,40 x 2,45 m), los muros son de piedra sillería (sillares bastante grandes) y la cubierta de bóveda sobre pechinas. En el muro oriental se abre una ventana que remata en arco de medio punto, siendo la parte del templo que conserva mejor la estructura primitiva. Como otros, parece corresponder a una etapa de recuperación de centros de culto anteriores, datable a fines del siglo IX.
Se da la fecha 912 para la fundación del monasterio cuando Fernán González, que perseguía un jabalí, se encontró con un grupo de eremitas. Quizá la fundación se deba a nobles de Tierras de Lara a comienzos del siglo X y debió existir un templo prerrománico en el solar del actual, como sucedió en Santo Domingo de Silos. La construcción románica aprovechó los muros laterales del templo anterior rehaciendo la cabecera y el alzado interior. En el siglo XII debió construirse un claustro románico en el lado sur, hoy desaparecido, y las dependencias, de las que queda -modificada- la sala capitular. En el siglo XIII se alzó parte de la torre actual, con fines defensivos, pero las principales transformaciones llegarían en los siglos XV, XVI y XVII. La iglesia románica recibió una cubierta tardogótica, obra de Simón de Colonia, se llevó el refectorio a su emplazamiento actual en la panda oeste, abovedándolo con crucería compleja, y se construyó el cuerpo superior de la torre. En el siglo XVII se sustituyó el claustro románico por el actual herreriano, obra de Pérez de Palacios. Unas décadas después se hizo el Claustro Menor.EL CORO
El hoy llamado Coro se encuentra a los pies de la iglesia y, posiblemente, se empezó a construir a la vez que ésta como cámara funeraria, un tipo de espacio con larga tradición en la arquitectura medieval hispana y que Fernando I pensó como lugar de enterramiento.
Aquí, a la manera de panteón dinástico que precede a los panteones regios de los reyes de Castilla, reposaron, entre otros, los restos de Fernán González y su esposa Sancha cuando fueron trasladados a fines del siglo XI desde San Pedro el Viejo. A finales del XIII ambos sepulcros se introdujeron en el interior de la iglesia y se cree que fue entonces cuando cambió el uso de la estancia que, tal vez, pasaría a convertirse en un simple pórtico de acceso. Hoy estos sepulcros se encuentran en la Colegiata de San Cosme y San Damián en Covarrubias a donde fueron trasladados a mediados del siglo XIX.
La reforma Tardogótica de finales del siglo XV, llevada a cabo por los Colonia, también afectó a esta pieza. Aprovechando un desmonte del terreno se construyó un coro alto iluminado por un gran rosetón en el muro occidental y cubierto por una bóveda nervada de características similares a las que se construyeron en la iglesia hoy perdida.
Se empezó a construir en 1080 en pleno estilo Románico, de planta longitudinal con tres naves y transepto no diferenciado en planta. De la estructura románica sólo se conservan restos de su muro perimetral y las basas con los arranques de las columnas además de la puerta Norte, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. Es difícil saber el tipo de cubiertas originales pues son muy escasos los restos que han llegado hasta hoy. Tal vez se cerró con techumbres provisionales hasta que a fines del siglo XV y comienzos del XVI se obtuvieron los medios económicos necesarios para hacer las bóvedas.
En ese momento se realizaron obras llevadas a cabo por la importante familia de los Colonia, asentada en Burgos, como la cubierta de la Capilla Mayor donde se levantó una bóveda estrellada y un cimborrio con tracería flamígera.
Durante el siglo XIX, el abandono, los accidentes y los expolios contribuyeron a la destrucción de la mayor parte de la estructura de la iglesia, cuya ruina continuó lentamente en el primer tercio del siglo XX. Todavía se pueden observar en el pavimento lápidas de destacados personajes relacionados con el Monasterio y algunos restos de pinturas en los ábsides.
La cabecera del lado sur repite la disposición del lado norte, aunque ha desaparecido el presbiterio quedando más visible el cilindro absidal con su doble imposta decorada que enmarca vano central. Destaca la inhabitual forma de ejecutar el abovedamiento de cuarto de esfera. En vez de continuar con hiladas concéntricas hasta la clave, a partir de la séptima hilada, se ejecuta a base de cuatro sectores diferentes en la disposición de los sillares. Esta infrecuente forma de edificar la bóveda absidal pudo deberse al hecho de poderse realizar sin usar la cimbra.
LA SACRISTÍA.
Con acceso desde el ábside sur y desde la Torre de la Sala Capitular, es otra de las estancias afectadas por las obras realizadas en las primeras décadas del siglo XVII y la pieza del conjunto que mejor ha resistido el paso del tiempo. Fue reedificada en el primer tercio del XVII, posiblemente por el mismo maestro que el Claustro Menor y la fachada del Monasterio siguiendo un estilo clasicista, tanto en la primera sala o Antesacristía como en la propia Sacristía. La primera se cubre con una bóveda con casetones y la segunda con una cúpula que permite imaginar cómo debió de ser la estructura que una vez cubrió la gran escalera de la Torre de la Sala Capitular.
El escudo en la clave de la cúpula muestra la estrecha relación de la corona de Castilla con esta fundación monástica dedicada al apóstol San Pedro. El blasón está coronado con el fondo apergaminado y se observan las llaves cruzadas, objeto simbólico del santo junto con el castillo y la cruz de Santiago que representan el reino de Castilla. El castillo con tres torres, más alta la central, se utiliza desde finales del siglo XII para aludir a la denominación del reino tal como también aparecía en las pinturas tardorrománicas de la Sala Capitular, hoy en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. La cruz floreteada en la zona superior hace referencia al reino de Castilla como cabeza de la Orden de Santiago.
LA TORRE DE LA SALA CAPITULARSe levantó en la segunda mitad del siglo XII y se transformó en los siglos XIII, XIX y XX. El banco corrido adosado y los arcosolios de medio punto en la zona baja del muro interior son alguna de las huellas del uso original de la sala románica, destinada a acoger a diario a todos los monjes (el capítulo) bajo la dirección del abad. A mediados del siglo XIII se decoraron las paredes de la planta superior con pinturas de animales reales, como leones, y fantásticos, como un dragón, de los que apenas queda huella.
Pero la gran transformación será la Barroca del siglo XVII, los dos niveles de la Torre se conviertieron en un espacio único cubierto con una cúpula, las paredes se cubrieron con yesos y se construyó una escalera monumental cuyo trazado se puede todavía distinguir en los muros.
Con las desamortizaciones del XIX el Monasterio entró en decadencia y, a finales del siglo, un incendio arruinó la cubierta y provocó el colapso de la cúpula y la escalera. Finalmente, en el primer cuarto del siglo XX, las pinturas, junto con otros elementos decorativos fueron expoliados y hoy se exponen dispersas por el mundo, como en el Museo Metropolitan de Nueva York.
EL CLAUSTRO MAYOR
Al sur de la iglesia se construyó en el siglo XII un claustro de estilo románico. Posteriormente, durante las primeras décadas del siglo XVII, de acuerdo con el proceso de reforma de la Orden Benedictina, se llevaron a cabo obras en el Monasterio que afectaron a la mayor parte de las dependencias claustrales y el claustro del siglo XII fue eliminado totalmente y sustituido por el hoy llamado Claustro Mayor o Procesional.
Éste sigue la disposición típica de los claustros. Se compone de un gran espacio abierto de proporción cuadrada con pandas o galerías porticadas que servían de comunicación cubierta a las distintas dependencias que las rodeaban. De éstas hoy sólo quedan la iglesia al norte, la Sala Capitular al este, y el Refectorio en la panda oeste, que se conserva completo, aunque no es visitable.
La ruina del monasterio provocó el expolio de algunos de sus elementos. La puerta de la iglesia que daba al coro alto se trasladó al Museo Arqueológico Nacional. Madrid.
Puerta de caliza tallada. Altura: 546 cm; anchura: 466 cm. Portada románica abocinada con dos arquivoltas; la primera con bolas y entrelazos apoya sobre columnas de fuste acanalado, y la segunda con bolas, un sogueado y palmetas entrelazadas, apea sobre columnas torsas. Los capiteles son de pencas con el cimacio decorado a base de palmetas de perfil y sogueados. Datación s. XI-XII.
Las pinturas que adornaban la sala capitular fueron vendidas y se encuentran repartidas principalmente entre Barcelona (MNAC) y Nueva York (The Cloisters). En el primer caso se conservan un grifo junto a un Árbol de la Vida, un castillo, un dragón pintado en una enjuta bajo una cenefa de rombos, un ave bajo cenefa de grecas, sirenas-pájaro.
Grifo de Arlanza.La mayor parte de la pintura mural románica conservada es de temática religiosa, pero también podemos encontrar decoraciones de carácter cortesano o profano en grandes centros monásticos, como es el caso de San Pedro de Arlanza, en Castilla. Este fragmento proviene de una sala de carácter palatino de la llamada Torre del Tesoro, sobre la sala capitular, donde había representaciones zoomórficas inspiradas en el bestiario. Hoy vemos en estas pinturas un grifo, ser fantástico con cuerpo de león y torso de águila, en una actitud vigilante. El estilo de las pinturas de Arlanza se relaciona con otras obras hispánicas del 1200 de clara influencia de la miniatura inglesa.
Primer cuarto del siglo XIII, 189,5 x 322 cm. Fresco traspasado a lienzo.
Este fragmento corresponde al muro este, a la izquierda de la puerta principal de acceso a la sala. Representa un leopardo (Felis pardus en latín) y una decoración arquitectónica de estilo románico.
En el museo neoyorquino se exponen: Un magnífico león con amplios bigotes y porte egregio, un fantástico dragón con la cola serpentiforme anudada.
León
La tensión de los tendones musculares, la mirada
penetrante y la melena erizada reflejan la fuerza explosiva de este león. Junto
con otro félido, montaba guardia a la entrada de en la sala capitular donde se
reunían los monjes de San Pedro de Arlanza. Creado en el siglo XIII, este
fresco fue ocultado por obras de renovación en el siglo XVIII, redescubierto
tras un incendio en 1894, y vendido primero a un particular y luego al Museo.
En Los Claustros también se exhibe el fresco de un dragón procedente de la misma
sala capitular.
Fresco transferido a lienzo, 3,3 x 3,4 m.


































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