martes, 6 de enero de 2026

Turner y Constable.

La Tate de Londres celebra la legendaria rivalidad entre estos dos pintores con la exposición “Rivales y Originales”, que explora las vidas y legados entrelazados de los paisajistas más venerados de Gran Bretaña: JMW Turner (Londres, 1775-1851) y John Constable (Suffolk, 1776-1837). Como Leonardo y Miguel Ángel, Picaso y Matisse, etc., la rivalidad entre J.M.W. Turner y John Constable era el tema preferido de conversación de los corrillos artísticos ingleses del siglo XIX. Pintores y personalidades radicalmente diferentes, ambos desafiaron las convenciones artísticas de la época. Organizada con motivo del 250 aniversario de sus nacimientos, esta exposición traza el desarrollo de sus carreras en paralelo, explora cómo ambos artistas desarrollaron identidades artísticas distintas dentro del mundo del arte paisajístico, destacando sus métodos, evolución y puntos en común.

JMW Turner, El incendio de las Cámaras de los Lores y los Comunes, 16 de octubre de 1834, 1835. Museo deArte de Cleveland. John Constable, El caballo blanco, 1819. Colección Frick, Nueva York

El contraste entre sus vidas tempranas inicia la exposición. Turner era una joven estrella con mentalidad comercial y en rápido ascenso que expuso por primera vez en la Royal Academy en 1790, con solo 15 años. Por el contrario, Constable, en gran parte autodidacta, realizó viajes para dibujar y crear sus primeras acuarelas y demostró un compromiso con el perfeccionamiento de las técnicas artísticas, sin exponer en la Royal Academy hasta 1802. Ambos surgieron en medio de una explosión de popularidad del arte paisajístico -género infravalorado hasta entonces respecto a la pintura histórica, religiosa o mitológica-, pero los unía su deseo de cambiarlo para mejor.

Helvoetsluys; la ciudad de Utrecht, Hacia el mar, 1832. Turner.

Wivenhoe Park, Essex, 1816, John Constable.

Turner, excéntrico, reservado y mujeriego, vivía en el bullicioso centro de Londres. Constable, afable, sociable y padre de siete hijos, se refugiaba en la campiña inglesa. Tan distintos entre sí, como similitudes tienen sus obras, llenas de cielos grumosos, olas furiosas y nubes coloridas. Turner recorrió Europa en busca de nuevas luces y atmósferas, mientras que Constable permaneció fiel a la campiña del este de Inglaterra. Los críticos de arte compararon sus pinturas con un choque entre "el fuego y el agua", avivando la rivalidad entre ambos.

J.M.W. Turner, Pescadores en el mar, expuesta en 1796, óleo sobre lienzo, 914 x 1222 mm

La catedral de Salisbury desde los prados, exhibido en 1831

Constable construyó su reputación sobre los paisajes de Suffolk de su infancia, optando por dibujar al óleo al aire libre, en la creencia de que el cielo era clave para el impacto emocional de un cuadro, y con entrelazamiento de recuerdos personales e históricos en sus obras tardías. Turner fue un prodigio dentro de la institución, llegando con el tiempo a ser profesor, consejero e incluso presidente en funciones, pero Constable tuvo que esperar hasta los 52 años para ser admitido como académico de pleno derecho. En la Academia tuvo lugar algunos de sus encontronazos más famosos. Los pintores al óleo tenían más facilidades para exponer, más reconocimiento y mayor libertad, mientras que acuarelistas y escultores lo tenían más complicado.

J.M.W. Turner, Mañana húmeda, expuesta en 1810, óleo sobre lienzo, 915 x 1205 mm

John Constable, Flatford Mill (Escena en un río navegable), 1816-1817. Tate

Con los gremios antiguos ya superados y la fotografía aún por llegar, los óleos como los de Turner y Constable, reinaban en la escena artística y contribuyeron a que el paisaje sea reconocido como un género mayor. Aunque la naturaleza era la protagonista de sus lienzos, ambos la capturaban de forma distinta. Se decía que Turner, aventurero, con solo mirar las nubes sabía si iba a haber tormenta y se ganó el mote de cazador de tormentas y de pintor de la luz. Constable no era tan atrevido, sino meticuloso y sereno. Prefería observar la naturaleza desde la calma de su Suffolk natal, donde repetía los mismos caminos y prados para estudiar cómo cambiaban los cielos de una hora a otra. Admirado también por los románticos, Constable fue apodado el pintor de nubes.

J.M.W. Turner, Mañana tranquila, expuesta en 1809, óleo sobre lienzo, 910 x 1215 mm

John Constable, La granja del valle, 1835

Con su trazo realista y sus paisajes naturalistas, tanto Turner como Constable fueron precursores del impresionismo francés -Monet confesó sentirse fascinado por la manera de “pintar la luz misma” de Turner- e incluso de la abstracción. Tras la muerte de su padre, Turner, que vivió hasta los 77 años y pintó hasta el final de su vida, se sumió en la soledad y su pintura se volvió cada vez más experimental, anticipando la desmaterialización, al punto de rozar la abstracción en algunos trabajos tardíos.

J.M.W. Turner, Cruzando el arroyo, expuesta en 1815, óleo sobre lienzo, 1930 x 1651 mm

La granja Glebe, c. 1830, John Constable

Turner es el maestro de la luz; Constable, el del paisaje. El primero trabajaba en su estudio y el segundo era un obsesivo defensor del trabajo al aire libre; Turner viajó extensamente por Europa para empaparse del arte en el continente, mientras que Constable dedicó su vida casi entera a retratar con obsesión detallista los paisajes de su Suffolk natal. La pintura de Constable tiene siempre un tono bucólico, con lujo de detalles muy naturalistas sobre el campo inglés, sus granjas y sus gentes; en cuanto a Turner, domina en sus óleos y acuarelas el dramatismo y el peligro, y no le importaba exagerar con sus brochazos vivos una amenaza latente. Su vida familiar era caótica. Turner impresionó en su tiempo, siendo todavía muy joven, por su radical tratamiento de la luz, tanto en sus acuarelas como en sus óleos, que marcarán definitivamente el movimiento impresionista posterior; Constable, que llegó a la fama siendo casi cincuentón, rompió con el paisajismo idealizado de su generación introduciendo un realismo en el que se reconocieron pintores románticos como Delacroix o Guericault.

J.M.W. Turner, El campo de Waterloo, expuesto en 1818, óleo sobre lienzo, 1473 x 2388 mm

John Constable, ¿Faro de Harwich?, exhibido en 1820

Los dos pintores experimentaban constantemente, probaban nuevas ideas. A pesar de las generalidades ya expresadas, la exposición muestra sorpresas, como ver a Constable en las montañas del norte de Inglaterra o a Turner pintando al aire libre con pinturas al óleo, algo que hacía muy raramente. Ambos cambiaron la estricta forma de pintar paisajes que imperaba entre los siglos XVIII y XIX, llevándola hacia una nueva modernidad. Mediante una pincelada poderosa y un dominio de la luz que anticipa el impresionismo, Turner creó imágenes impactantes, en ocasiones cercanas a la abstracción. Por su parte, los idílicos paisajes de Constable suponen un nuevo acercamiento a la naturaleza a través de la inmediatez y la autenticidad. Turner pintó atardeceres deslumbrantes y escenas sublimes de sus viajes, mientras que Constable recurría con frecuencia a la representación de un puñado de lugares queridos, buscando la frescura y la autenticidad en su representación de la naturaleza.

J.M.W. Turner, La decadencia del imperio cartaginés, expuesta en 1817, óleo sobre lienzo, 1702 x 2388 mm

Stoke-by-Nayland, c. 1810-1811, John Constable

Las once salas en las que la Tate Britain ha dividido la exposición no solo muestran la evolución estilística de ambos hasta llegar a su obra de madurez, también incluyen objetos de su vida cotidiana, como la silla donde Constable trabajaba, los pinceles y anteojos de Turner y algunas de las cartas de Constable en las que confiesa su reconocimiento por su gran oponente.

J.M.W.Turner, El Dogano, San Giorgio, Citella, desde la Escalera de Europa, expuesto en 1842, óleo sobre lienzo, 616 x 927 mm

Esclusa de Dedham, c. 1820, John Constable

La muerte de Acteón, con una vista lejana de Montjovet, Valle de Aosta, c. 1837, J.M.W. Turner

Embarcadero de Yarmouth, después de 1823, John Constable

Turner, "Lago, Petworth, atardecer; esbozo de estudio", h. 1827-28. Tate

Tormenta sobre el mar, 1824-1828, John Constable

Turner, Puente de Grenoble, h. 1824, Tate

Hampstead Heath con un arcoiris, 1836, John Constable





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