Turner y Constable.
La Tate de Londres celebra la legendaria rivalidad entre estos dos pintores con la exposición “Rivales y Originales”, que explora las vidas y legados entrelazados de los paisajistas más venerados de Gran Bretaña: JMW Turner (Londres, 1775-1851) y John Constable (Suffolk, 1776-1837). Como Leonardo y Miguel Ángel, Picaso y Matisse, etc., la rivalidad entre J.M.W. Turner y John Constable era el tema preferido de conversación de los corrillos artísticos ingleses del siglo XIX. Pintores y personalidades radicalmente diferentes, ambos desafiaron las convenciones artísticas de la época. Organizada con motivo del 250 aniversario de sus nacimientos, esta exposición traza el desarrollo de sus carreras en paralelo, explora cómo ambos artistas desarrollaron identidades artísticas distintas dentro del mundo del arte paisajístico, destacando sus métodos, evolución y puntos en común.Turner, excéntrico, reservado y mujeriego, vivía en el
bullicioso centro de Londres. Constable, afable, sociable y padre de siete
hijos, se refugiaba en la campiña inglesa. Tan distintos entre sí, como
similitudes tienen sus obras, llenas de cielos grumosos, olas furiosas y
nubes coloridas. Turner
recorrió Europa en busca de nuevas luces y atmósferas, mientras que Constable
permaneció fiel a la campiña del este de Inglaterra. Los críticos de arte
compararon sus pinturas con un choque entre "el
fuego y el agua", avivando la rivalidad entre
ambos.
Constable construyó su reputación sobre los paisajes de Suffolk de su infancia, optando por dibujar al óleo al aire libre, en la creencia de que el cielo era clave para el impacto emocional de un cuadro, y con entrelazamiento de recuerdos personales e históricos en sus obras tardías. Turner fue un prodigio dentro de la institución, llegando con el tiempo a ser profesor, consejero e incluso presidente en funciones, pero Constable tuvo que esperar hasta los 52 años para ser admitido como académico de pleno derecho. En la Academia tuvo lugar algunos de sus encontronazos más famosos. Los pintores al óleo tenían más facilidades para exponer, más reconocimiento y mayor libertad, mientras que acuarelistas y escultores lo tenían más complicado.
Con los gremios antiguos ya superados y la fotografía aún por llegar, los óleos como los de Turner y Constable, reinaban en la escena artística y contribuyeron a que el paisaje sea reconocido como un género mayor. Aunque la naturaleza era la protagonista de sus lienzos, ambos la capturaban de forma distinta. Se decía que Turner, aventurero, con solo mirar las nubes sabía si iba a haber tormenta y se ganó el mote de cazador de tormentas y de pintor de la luz. Constable no era tan atrevido, sino meticuloso y sereno. Prefería observar la naturaleza desde la calma de su Suffolk natal, donde repetía los mismos caminos y prados para estudiar cómo cambiaban los cielos de una hora a otra. Admirado también por los románticos, Constable fue apodado el pintor de nubes.
Con su trazo realista y sus paisajes naturalistas, tanto
Turner como Constable fueron precursores del impresionismo francés -Monet confesó
sentirse fascinado por la manera de “pintar la luz misma” de Turner- e
incluso de la abstracción. Tras la muerte de su padre, Turner, que vivió hasta
los 77 años y pintó hasta el final de su vida, se sumió en la soledad y su
pintura se volvió cada vez más experimental, anticipando la desmaterialización,
al punto de rozar la abstracción en algunos trabajos tardíos.
Turner es el maestro de la luz; Constable, el del paisaje. El primero trabajaba en su estudio y el segundo era un obsesivo defensor del trabajo al aire libre; Turner viajó extensamente por Europa para empaparse del arte en el continente, mientras que Constable dedicó su vida casi entera a retratar con obsesión detallista los paisajes de su Suffolk natal. La pintura de Constable tiene siempre un tono bucólico, con lujo de detalles muy naturalistas sobre el campo inglés, sus granjas y sus gentes; en cuanto a Turner, domina en sus óleos y acuarelas el dramatismo y el peligro, y no le importaba exagerar con sus brochazos vivos una amenaza latente. Su vida familiar era caótica. Turner impresionó en su tiempo, siendo todavía muy joven, por su radical tratamiento de la luz, tanto en sus acuarelas como en sus óleos, que marcarán definitivamente el movimiento impresionista posterior; Constable, que llegó a la fama siendo casi cincuentón, rompió con el paisajismo idealizado de su generación introduciendo un realismo en el que se reconocieron pintores románticos como Delacroix o Guericault.
Los dos pintores experimentaban constantemente, probaban nuevas ideas. A pesar de las generalidades ya expresadas, la exposición muestra sorpresas, como ver a Constable en las montañas del norte de Inglaterra o a Turner pintando al aire libre con pinturas al óleo, algo que hacía muy raramente. Ambos cambiaron la estricta forma de pintar paisajes que imperaba entre los siglos XVIII y XIX, llevándola hacia una nueva modernidad. Mediante una pincelada poderosa y un dominio de la luz que anticipa el impresionismo, Turner creó imágenes impactantes, en ocasiones cercanas a la abstracción. Por su parte, los idílicos paisajes de Constable suponen un nuevo acercamiento a la naturaleza a través de la inmediatez y la autenticidad. Turner pintó atardeceres deslumbrantes y escenas sublimes de sus viajes, mientras que Constable recurría con frecuencia a la representación de un puñado de lugares queridos, buscando la frescura y la autenticidad en su representación de la naturaleza.
Las once salas en las que la Tate Britain ha dividido la exposición no solo muestran la evolución estilística de ambos hasta llegar a su obra de madurez, también incluyen objetos de su vida cotidiana, como la silla donde Constable trabajaba, los pinceles y anteojos de Turner y algunas de las cartas de Constable en las que confiesa su reconocimiento por su gran oponente.

























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