Raimundo Madrazo
Reconocido como un destacado pintor de género y retratista de la alta sociedad de su tiempo, Raimundo de Madrazo fue reflejo de las tensiones de la modernidad. Afincado en París, se alejó de los géneros decimonónicos por excelencia, la mitología y la pintura de historia, y rompió con la tradición de seguir la carrera artística oficial, respondiendo a las preferencias de una clientela de la alta burguesía que demandaba retratos (perpetuación de la imagen) y escenas de género (mundo idealizado). En el París del último tercio del siglo XIX convivieron las corrientes académicas junto a nuevas tendencias creativas, como el impresionismo. Raimundo de Madrazo representó el denominado juste milieu, una pintura de vía intermedia que tuvo gran aceptación entre el público y los coleccionistas, aunque más adelante su producción quedó relegada. Esta exposición en la Fundación Mapfre pretende subsanar el desconocimiento del artista a través de secciones que examinan la producción del pintor tanto desde una perspectiva cronológica como temática.Federico de Madrazo y Kuntz. El pintor Raimundo de Madrazo y Garreta, hijo del artista. 1875, Óleo sobre lienzo, Museo Nacional del Prado, Madrid
Raimundo de Madrazo y Garreta (Roma, 1841 - Versalles, 1920) pertenece a la saga de artistas españoles más importante del siglo XIX. Nieto del pintor neoclásico José de Madrazo e hijo de Federico de Madrazo, el más destacado retratista del Romanticismo español, Raimundo era también cuñado e íntimo amigo de Mariano Fortuny. Este ambiente, sin duda, influyó en la configuración de su personalidad. Asentado en París de forma permanente desde 1862, rompió con la tradición de la carrera artística oficial y optó por la vía del lucrativo mercado artístico alentado por la nueva burguesía adinerada que demandaba escenas de género, en las que personajes anónimos protagonizan escenas intrascendentes en unos escenarios pintados con preciosismo.
Familia, ambiente y formación artística de Raimundo de Madrazo
Descendiente de una las más reputadas sagas de artistas del Madrid isabelino, Raimundo de Madrazo nació en 1841 en Roma, donde su padre, el pintor Federico de Madrazo, completaba su formación. Un año más tarde, se trasladó con su familia a Madrid y, ya desde su infancia, destaca en la práctica del dibujo, disciplina en la que fue formado por su progenitor y por su abuelo José de Madrazo. Con tan solo trece años, el joven ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Las obras de adolescencia de Raimundo de Madrazo son reflejo de las enseñanzas académicas de la escuela, destacando el gran lienzo La traslación de los restos del apóstol Santiago a la sede de Padrón. Al terminar sus estudios renunció a optar a un pensionado en Roma para evitar críticas a su padre (profesor de la Academia de San Fernando y director del Museo del Prado) y se estableció definitivamente en París.
La traslación de los restos del apóstol Santiago a la
sede de Padrón
1856-1859, Óleo sobre lienzo, Museo Catedral de Santiago
de Compostela
Estudio de los Madrazo en la calle Alcalá, c. 1856-1858,
óleo sobre lienzo.
Los primeros años en París
En 1862,
Raimundo de Madrazo llegó a París con el objetivo de completar su formación
artística. Trató de responder a los anhelos de su padre y le envió bocetos de
cuadros históricos, como La apertura de las Cortes de 1834 o Las
hijas del Cid. En 1866 abandonó los grandes temas de historia para
centrarse en la pintura de género, con escenas costumbristas y domésticas, en
obras de pequeño formato que gozaban de gran éxito comercial promovidas por los
marchantes.
Federico de Madrazo pintando, 1875, Óleo sobre lienzo, Museo de Bellas Artes de Bilbao
Las hijas del Cid, 1865, acuarela sobre papel.
Episodio inspirado en el Cantar de mío Cid, referido a las vejaciones a las que fueron sometidas Elvira y Sol por sus maridos, los infantes de Carrión. Elevada carga erótica camuflada por tintes literarios.
Fortuny y Madrazo: amistad, preciosismo e imagen de España
En 1867, Mariano Fortuny contrajo matrimonio con Cecilia
de Madrazo, hermana de Raimundo, con lo que se estrechó la relación de amistad
que ya existía entre los dos pintores. Para Raimundo fue una etapa de gran
libertad creativa bajo la influencia del estilo preciosista de su cuñado,
viajando juntos a Sevilla en 1868. Volvió a Andalucía en 1872, trabajando tipos
femeninos para dar respuesta a la elevada demanda comercial de imágenes del
exotismo español en el mercado artístico parisino. La influencia de Fortuny
está presente también en sus vistas del interior de la iglesia de Santa
Maria della Pace, elaboradas con gran detallismo y vibrante colorido, que
Madrazo realizó en 1868.
Interior de la iglesia de Santa María della Pace, Roma. La confesión, 1868-1869, óleo sobre lienzo
Tiempo de alegría, 1872-1875, óleo sobre lienzo.
Nonchalance
Durante la segunda mitad del siglo XIX se fue asentando un gusto burgués que valoraba en la pintura las pequeñas escenas domésticas, con personajes anónimos en situaciones sin trascendencia, por encima de las gestas del pasado. Raimundo Madrazo interpretó, desde 2870, este nuevo gusto en cuadros de pequeño formato en los que aparecían interiores con cuidadas puestas en escena, personajes exóticos, exquisito mobiliario, etc. Fue reduciendo el número de personajes hasta condensar el protagonismo en una única figura femenina, que cae en el nonchalance, actitud cercana al abandono y la indolencia. La elevada demanda del mercado obligó al pintor a simplificar sus composiciones: interiores como fondos neutros. Otros temas con los que cosechó éxito fueron las escenas de baila y la captación preciosista de la vida mundana del París de fin de siglo.
Muchachas en la ventana, 1875, óleo sobre lienzo.
Con esta pintura se inserta en la tradición de un tema que habían abordado Murillo, Goya o Manet. La pincelada apretada y pulida de rostros, brazos y manos contrasta con la mayor libertad mostrada en la captación de los tejidos.
Salida del baile de máscaras, 1878, óleo sobre lienzo.
La modelo Aline Masson
El asentamiento de la burguesía en las ciudades conllevó un aumento del servicio doméstico, lo que liberó a las mujeres de clase alta de las tareas del hogar para dedicarse a sus aficiones, aunque los códigos de apariencia y moral, que indicaban que la mujer debía custodiar el hogar, seguían vigentes. Raimundo Madrazo fue un pintor prolífico en representar esta situación, para lo que contó con la modelo Aline Masson, primero caracterizada como belleza española y luego como arquetipo de la mujer parisina.
Aline Masson, con mantilla blanca. 1875. Óleo sobre
lienzo. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Mujer en el jardín, 1872-1875, Óleo sobre tabla. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo
Retratista por excelencia
A partir de la década de 1880, Raimundo de Madrazo
abandona progresivamente la pintura de género para dedicarse de manera casi
exclusiva al retrato de su selecta clientela. La Exposición Universal de 1878,
a la que concurrió con cinco retratos de catorce pinturas, había significado un
punto de inflexión. De especial importancia fue la serie dedicada a Rosario
Falcó y Osorio, duquesa de Alba, junto a retratos de miembros de la alta
sociedad y la realeza. Su amplia red de contactos le encargaron retratos de destacados
miembros de la sociedad francesa, como la marquesa d´Hervey de Saint-Denys. Las
efigies de personajes del mundo diplomático son más austeras, viéndose la
lección aprendida de Velázquez, con fondos neutros sobre los que destaca la
figura.
Don Carlos Fitz-James Stuart, XVI duque de Alba, 1902, Óleo sobre lienzo, Fundación Casa de Alba, Madrid
Doña María del Rosario Falcó y Osorio, XVI duquesa de
Alba, 1881, Óleo sobre tabla.
Con una clara impronta velazqueña, la joven aristócrata aparece de cuerpo entero, con el gesto sereno, ataviada con un vestido negro de terciopelo y raso, y luciendo un collar largo de perlas y unos guantes de mosquetero de color cuero.
Americanos en París y tours de retratos en América
La
reputación que alcanzó Raimundo de Madrazo como pintor de la alta sociedad tuvo
especial relevancia entre la clientela hispanoamericana. También se había
insertado en la red comercial de marchantes estadounidenses como Samuel P.
Avery, por cuya mediación retrató a la familia del magnate Cornelius Vanderbilt
II, la mejor carta de presentación para su viaje a Nueva York en 1897,
realizando viajes de retratos por Estados Unidos hasta 1910 mientras decaía su
renombre en Francia. Su segundo matrimonio con la venezolana María Hahn ayudó a
su inserción en la vida social estadounidense que todavía admiraba su estilo.
La marquesa d´Hervey de Saint-Denys, 1885, Óleo sobre lienzo, Musée d´Orsay, París
Baile de disfraces en París, 1909, Óleo sobre lienzo.
Los años finales: entre París, Nueva York y Versalles
En 1900, su
participación en la Exposición Universal de París le señalaba ya como un
artista fuera de su tiempo, frente a la modernidad de otros artistas, de lo que
era consciente. En 1901 viajó a Buenos Aires para retratar a personalidades de
la sociedad y de la política y mantuvo su popularidad en América. En 1914 se
estableció en Versalles, aunque la I Guerra Mundial y el empeoramiento de su
salud ralentizaron su producción. Desde 1900 se había centrado en cuadros de
desnudos, retratos y de género, con un lenguaje menos preciosista que antes,
insertando su obra en la evocación nostálgica del esplendor del pasado. Sus
figuras femeninas en jardines difuminan la diferencia entre el cuadro de género
y el retrato. Falleció el 15 de septiembre de 1920 en su palacete de Versalles.
La bella florista, c.1900-1910, Óleo sobre lienzo. Colección Rebosa Domínguez, Coria, Cáceres
Raimundo de Madrazo y Garreta según obra del Greco, La Sagrada Familia. 1908, Óleo sobre lienzo, Museo del Greco, Toledo
Autorretrato, 1901, Óleo sobre lienzo, Meadows Museum, Dallas
Miguel Blay i Fábrega, Raimundo de Madrazo y Garreta, 1902,
Terracota.





















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