miércoles, 7 de diciembre de 2022

Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Teruel.

Durante la Primera Guerra Carlista no se llegó a amenazar Teruel, que siempre estuvo en el bando liberal. De aquí salieron expediciones para atacar a los carlistas en la Tierra Baja y acudir en socorro de la sitiada Alcañiz en 1838. En 1839 se preparó una nueva campaña. Antes del invierno de 1839 el duque de la Victoria había establecido su cuartel general en Mas de las Matas, extendiendo su ejército en una línea que iba desde Alcañiz a Montalbán. Mientras tanto, O´Donnell, con base en Teruel, dispuso al Ejército del Centro desde Camarillas hasta la Plana de Castellón. A la espalda de estas líneas, aislada, quedaba la fortaleza carlista de Segura. El 30 de mayo de 1840 llegó el fin de la guerra en el Maestrazgo con la capitulación de Morella.

                                                              Teruel 1835 y 1838

Teruel se levantó contra Espartero el 11 de junio de 1843, teniendo que resistir el bombardeo llevado a cabo por el brigadier Enna durante el sitio del verano de 1843.

En 1858 se construyó la icónica fuente del Torico



Tras buenos resultados electorales carlistas, el 16-11-1870 las Cortes aceptaron a Amadeo de Saboya y, en marzo, Ramón Cabrera había dimitido como jefe de su organización. En 1872 los diputados carlistas abandonaron el Parlamento y siete días después comenzaba una nueva guerra civil, la Tercera Guerra Carlista. El joven Don Alfonso -tenía 25 años-, hermano del Pretendiente, quería conquistar Teruel por su estratégica situación y apremió al comandante general de las tropas carlistas de Aragón, Manuel Marco (“Marco de Bello”, por el nombre del pueblo turolense en que nació), para que iniciase la ofensiva, que se produjo el 3 de julio de 1874. Los liberales repelieron el ataque. El 15 de julio los carlistas conquistaron Cuenca y, envalentonados, aparecieron de nuevo ante Teruel el 4 de agosto, aunque se retiraron al día siguiente. Había sucedido igual que en Zaragoza en 1838 (ataque de Cabañero, la Cincomarzada).

                      Teruel atacada el 4 de agosto de 1874 durante la Tercera Guerra Carlista

A finales del s. XIX la pequeña burguesía gozó de una cierta prosperidad, de la que son reflejo las obras modernistas de principios del s. XX. En 1901 llegó el ferrocarril.

 

 

En el patrimonio de la ciudad destaca el arte mudéjar, con los valores más destacados en la Catedral de Santa María de Mediavilla, San Pedro, San Martín y El Salvador.

En la Catedral, los elementos más valiosos son la torre, la techumbre y el cimborrio. La torre mudéjar comenzó a erigirse a mitad del s. XIII, abriéndose un paso para los viandantes con forma de bóveda de cañón apuntado. Es de planta cuadrada y tiene tres cuerpos muy decorados con azulejos y cerámica vidriada. La linterna octogonal del remate es del s. XVII. En la época de la construcción de la torre se recrecieron las naves en altura y se edificaron nuevos ábsides mudéjares, obras que terminaron en 1335. Un hecho no habitual es que la techumbre, con armadura de par y nudillo, tiene función estructural, mientras que la mayoría de los techos mudéjares son artesonados, elementos decorativos. Mide 32 metros de longitud y es de finales del siglo XIII. En sus casetones hay dibujos históricos, religiosos, costumbristas, etc. En el siglo XVIII se cubrió con un falso techo neoclásico, lo que protegió la pintura mudéjar. El cimborrio se realizó en el siglo XVI e iluminó el nuevo retablo mayor, también de esas fechas. A principios del siglo XX se construyó la enorme portada meridional, historicista, con un pórtico cerrado por una reja de forma del siglo XV.

 




La iglesia de San Pedro, del siglo XIV, destaca por la torre y la iglesia. Ésta consta de una nave alta de cinco tramos con capillas laterales entre los contrafuertes, ábside poligonal de siete lados y coro alto a los pies. La cubierta es por bóvedas de crucería reforzadas por arcos fajones apuntados. Existen seis torrecillas de planta octogonal sobre la cubierta. La torre es el elemento mudéjar más antiguo de la ciudad, de planta rectangular, último tercio del siglo XIII, adosada a los pies de la iglesia originaria. El claustro es uno de los escasos ejemplos mudéjares, de la segunda mitad del siglo XIV, gótico-mudéjar, en ladrillo, con bóveda de crucería. Tuvo aljibe en el patio. Reformas neogóticas a principios del siglo XX. Ya en 1555 se descubrieron las momias de Los Amantes. Modernamente se descubrió una necrópolis medieval del siglo XIII, identificada con el cementerio de la primitiva iglesia. Un hallazgo importante es una extensa galería cerrada que formaba parte del acueducto Los Arcos.

 




Las torres de San Martín y El Salvador son similares. Las dos son del siglo XIV y son torres-puerta, con paso por debajo. Imitan la estructura del minarete almohade, con dos torres cuadradas concéntricas entre las que se sitúan las escaleras. La torre interior presenta tres pisos superpuestos cubiertos con bóveda de crucería. El campanario tiene arcos de medio punto y apuntados. La de San Martín se reformó en el siglo XVI (refuerzo de sillería en su base) y en posteriores y se ornamenta con cerámica vidriada. En la de El Salvador dominan los arcos mixtilíneos entrecruzados y frisos de lazos de cuadro octogonal y la cerámica vidriada en colores verdes y blancos, siendo la decoración más rica de las torres mudéjares turolenses.


 



Otros elementos destacados en el patrimonio turolense con la Iglesia de San Francisco (gótico), el Museo Provincial (renacimiento, estilo aragonés), murallas, aljibes, acueducto (el mayor de España en el Renacimiento, Los Arcos, siglo XVI, viaducto en el cuerpo inferior), la plaza y fuente del Torico, centro neurálgico de la población, la Casa de Tejidos El Torico (modernismo, neomudéjar, como la Escalinata), etc.

 






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