Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Morella-III.
“La gente se sentía contenta con sus militares y sus curas. A Cabrera se le tenía como a un héroe, el pueblo se sentía importante con ser la capital del carlismo, del centro y de Levante. Para ellos Cabrera no fue vencido nunca ni se mostró cruel. Sólo cuando fusilaron a su madre se sintió un momento fiera. Con la zona de Morella podía vivir el pueblo. … Si hay traidores que quieran entregar el pueblo a las tropas de Espartero se les debe fusilar inmediatamente, como los cristinos fusilaron en 1836 a los carlistas que quisieron entregar la plaza a Cabrera. … Se habló del fusilamiento de la madre de Cabrera, de las cinco mujeres de oficiales cristinos que fusiló Cabrera en represalia; de las crueldades de Borso, Noqueras, el Serrador, Forcadell y Llagostera. Los carlistas salían siempre mejor librados. De Oráa, Aspiroz, Espartero y O´Donnell no se tenía mala idea; pero todos quedaban achicados ante el genio militar de Cabrera. Éste había dicho cuando sus enemigos del carlismo le reprochaban su vida libertina: Yo no soy santo, pero hago milagros. Era un verdadero jefe, tenía prestigio, y los primeros éxitos, al fascinarle a él le dieron una confianza en su estrella que servía para fascinar a los demás. …” (Galdós, Vergara).
“A principio de mayo estuvo Cabrera en Morella, inspeccionó el fuerte de
San Pedro Mártir. Con el comandante Alzaga y el estado mayor dijo,
tartamudeando más que de ordinario, que allí encontraría Espartero sepultura
para toda su gente. Estaba tan débil y cansado que no podía subir al caballo.
Nombró gobernador de la plaza de Morella a don Pedro Beltrán (Peret del Riu).
Arengó a los suyos diciendo que si la plaza estuviera en peligro vendría
inmediatamente a socorrerla y se marchó el día 11, para no volver. La gente
quedó mal impresionada con su aspecto”. (Baroja, Humano enigma).
“Indicios de que la partida
presentaba mal cariz para los carlistas. La toma de Segura había sido una
desilusión. Cabrera había dicho: “Segura será siempre segura o de Ramón Cabrera
sepultura”. Sin embargo, ni siquiera fue en su auxilio cuando la tomaron los
liberales. La junta de gobierno carlista pasó a instalarse en Corbera, cerca de
Gandesa, presagio de la pérdida de Morella y del intento de retirarse al Ebro.
Después de la toma de Aliaga por los cristinos, los carlistas llevaron a Morella
el batallón de Guías de Aragón, restos del 6º y 7º que Zurbano había batido en
Pitarque, y 200 voluntarios realistas, para que trabajaran en la defensa.
Se dijo que Espartero se
acercaba a Morella; Ayerbe estaba en Cinctorres; Zurbano en el Forcall; don
Diego León, en Monroyo y Puig Samper, entre Luco y Bordón. Se iban estrechando
las líneas. Aspiroz había tomado Alpuente. El 11 de mayo los carlistas
abandonaron Cantavieja, incendiaron parte del pueblo y volaron el almacén de
pólvora del Castillo. Hacia la mitad de mayo O´Donnell entró en Cantavieja y se
dirigió por la Iglesuela del Cid, a Ares del Maestre, y por Catí, a San Mateo,
donde entraron el 17. Los carlistas abandonaron Benicarló y al mismo tiempo
Alcaraz y Ulldecona, refugiándose en las proximidades de la Cenia y Rosell.
O´Donnell pasó a Ulldecona y en la Cenia se dio la última batalla campal
importante de la guerra entre Cabrera y O´Donnell. Cabrera se retiró”. (Baroja,
Humano enigma).
Entre los últimos guerreros carlistas estuvieron los húsares de Ontoria. Este escuadrón había sido organizado por el general carlista Balmaseda en el frente de Castilla para que operase como unidad de caballería ligera. Sus caballos debían ser ágiles y veloces. Consideraron una traición el Convenio de Vergara y en 1839 decidieron trasladarse desde Castilla al frente del Maestrazgo, donde combatió junto a las tropas de Cabrera hasta el final de la contienda. Sus únicas armas fueron lanzas y sables. Al igual que las tropas de Cabrera, este regimiento adoptó la bandera pirata como gallardete para sus sables y lanzas, y sustituyeron el color azul de sus boinas por el rojo.
El 18 de mayo empezó el formidable ejército mandado por el general Espartero su ofensiva contra Morella, en medio de una gran nevada.
“No se daba permiso a nadie para salir de Morella. Bloqueo de la ciudad. Un
vasco, Ignacio Lazamborda, que había trabajado en unas forjas de la Cenia
fundiendo campanas de bronce y haciendo cañones, construyó las piezas de
artillería que Cabrera colocó en Cantavieja. Aseguraba que no era carlista y no
sentía simpatía por Cabrera. Era el lugarteniente, para cuestiones técnicas,
del coronel Alzaga, también vasco. …
Abandonos hacia los cristinos: coroneles Quirós y Salinas. Algunos soldados
del fuerte de San Pedro, el día 24. El 26, un comandante y dos tenientes.
El día 19, don Diego de León estaba en la ermita de San Marcos. El 20 hubo
una gran nevada y la caballería cristina se estableció entre La Pobleta, Herbés
y Peñarroya. No creía que a Espartero le sucediese como a Oráa, que tenía pocas
y mal equipadas fuerzas frente a un ejército carlista en auge. Espartero trae
mucha gente y el norte está pacificado después del Convenio de Vergara. …
El 23 comenzaron los liberales a bombardear el fuerte de San Pedro Mártir.
El 24 siguió el cañoneo y Peret del Riu hizo una salida con un regimiento de
miñones, pero tuvieron que retirarse. El 25 se rindió el fuerte. Espartero
mandó a un oficial ex carlista de los convenidos en Vergara como parlamentario
y los persuadió”. (Baroja, Humano enigma).
El 23 se disparó el primer cañonazo siguiendo el bombardeo hasta el día 29. El gobernador de la plaza, Peret del Riu, celebró una reunión con sus oficiales y las autoridades, acordando abandonar sigilosamente la ciudad aquella misma noche. Los sitiadores detectaron la huida y la fuga acabó con muchas bajas. El día 30 Espartero no aceptó la honrosa capitulación que ofrecieron los sitiados, que se vieron obligados a rendirse. La ciudad fue saqueada y vio destruido su tesoro artístico. Espartero unió el Ducado de Morella a sus títulos. La pérdida de Morella fue el símbolo que certificó la derrota carlista y el final de la guerra en el Maestrazgo.
“Comenzó el bombardeo del pueblo y el castillo. La población creía que
aparecería Cabrera. Si Espartero traía tanta gente como se decía, la
resistencia sería difícil. Un cascote mató a Lazamborda. Un proyectil cristino
estalló en el depósito de municiones matando a más de 50 personas. El 29, la
gente sin vivienda fue a refugiarse a la iglesia arciprestal.
La guarnición y parte del vecindario más comprometido con los carlistas
decidieron salir del pueblo al anochecer. Espartero había mandado observadores
a todas las puertas y lo vieron, disparándoles. Parte de los oficiales
carlistas, con Peret del Riu aprovecharon la confusión, avanzaron a campo
traviesa y se salvaron. El resto volvió, muriendo muchos en el foso. La junta,
presidida por don Leandro Castilla, decidió pedir la capitulación.
Espartero hizo 500 hombres prisioneros. Se supo que Zurbano había derrotado
en el Bojar a Forcadell y que se unía a Espartero, aumentando sus fuerzas. Por
la mañana se verificó la entrega de la ciudad y Espartero mandó a su ayudante
don Ventura Barcaiztegui.
Peret con algunos de sus hombres pudo reunirse con Cabrera que lo recibió
con un bufido. Fue derrotado y confinado en la hostería del Farinet, donde
estuvo alojado Espartero” (Baroja, Humano enigma).
Las tropas de Espartero recuperaron Morella el 30 de mayo de 1840 y los carlistas emprendieron la huida hacia el norte con la intención de reunirse en Berga con las tropas catalanas. La noche del 1 al 2 de julio, Cabrera cruzó el Ebro perseguido por Espartero.
“Al final de la guerra, en Aragón y en Cataluña, Espartero interviene para
que nadie se luzca demasiado. O´Donnel ha batido a Cabrera. Las tropas de
Espartero deben cerrar el paso del Ebro y en ese caso O´Donnell acorrala al
caudillo tortosino y obtiene una gran victoria; pero, cosa extraña, las tropas
de Espartero dejan sin guardar el paso de Mora y se escapa por él Cabrera a
Cataluña. Al mismo tiempo Espartero sabe que el general carlista Segarra, de
acuerdo con Valdés, piensa hacer en Cataluña un segundo convenio, pero a
Espartero no le gusta que le imiten. Ha impedido que O´Donnell, ya teniente
general y nombrado conde de Lucena, alcance un éxito importante, y ha impedido
también otro convenio.
Espartero no tenía talento de organizador, se sentía perezoso, voluble, sin ideas propias. No le interesaba más que su persona.” (Baroja, La venta de Mirambel).
Cabrera fue a Berga y el 4 de julio la capital del carlismo catalán cayó en manos cristinas sin apenas oponer resistencia. Lo que quedaba del ejército pasó a Francia el 6 de julio.
Frustrado alzamiento de 1848.
Ramón Cabrera, que estaba en Lyon cuando comenzó la guerra, opinó que no había posibilidad de éxito frontal aunque era partidario de mantener las guerrillas. El 23 de junio de 1848 entró en Cataluña con poco éxito y no pudo pasar al Maestrazgo, donde se reactivaron las partidas -Pascual Cucala consiguió el apoyo popular- aunque sin formar un frente militar común.
1849. En ese año Morella se convirtió en capital de la recién creada Comandancia General del Maestrazgo, con nutrida guarnición.
En la Segunda Guerra Carlista Morella fue sitiada por los carlistas en tres periodos distintos, bloqueando su abastecimiento, pero sin llegar a conquistarla. La insurrección cantonalista debilitó al gobierno y, en el verano de 1873, las tropas del gobierno desguarnecieron el Maestrazgo para combatir la insurrección cantonal. La circunstancia fue aprovechada por los carlistas para dar un nuevo impulso a la guerra: en agosto, llegaron a las puertas de Tortosa, Vinaroz, Castellón, Morella y entraban en Alcalá de Xivert, Sagunto, … y, en los meses siguientes, en Xátiva, Caspe, Cuenca y Orihuela, y se hicieron dueños de la costa entre Sagunto y Amposta, a excepción de Castellón y Vinaroz. El primer intento de ocupación de Morella tuvo lugar el 26 de octubre de 1873, resultó infructuoso y el cerco de 32 días lo levantó la división del general Palacios, quien entró en la plaza el 27 de noviembre de 1873, tras batir a Vallés, Segarra y Cucala.
Durante 1874 pudo comprobarse el poder alcanzado por los carlistas, tanto en la ambición de sus acciones (tomaron Sigüenza, Vinaroz, Amposta, Caspe o Cuenca, asaltaron Teruel y Alcañiz, bloquearon Morella, …) como en la amplitud de su área de actividad, que se extendía por las provincias de Teruel, Valencia, Castellón, Tarragona, Zaragoza y Cuenca. Sin embargo, también resultó más evidente que nunca la ausencia de un objetivo definido e importantes defectos de organización. El infante Alfonso había enviado a los hombres de Vallés a reforzar el Maestrazgo. Los carlistas crearon un miniestado con centro en Cantavieja, defendida por el coronel Lacambra. Otros éxitos carlistas fueron la entrada en Vinaroz del brigadier Vallés y la conquista de Cuenca por Alfonso Carlos. El segundo bloqueo de Morella se intentó el 2 de febrero de 1874 y sólo duró hasta el día seis.
![]() |
| En rojo, máxima expansión del carlismo, a finales de 1874. |
En septiembre de 1874 Morella estaba prácticamente aislada. El día 17 los carlistas iniciaron el ataque, pero el 19 llegó el general Pavía, que reconocería que el sentimiento carlista estaba muy arraigado. A comienzos de Diciembre Morella volvió a estar bloqueada por los carlistas. Se reunieron los generales liberales Villacampa, Despujols -que consiguió meter un convoy en la ciudad- y Jovellar. Éste se unió al general Martínez Campos el día 29 en Sagunto para restablecer la monarquía proclamando a Alfonso XII.
El 15 de enero de 1875 los liberales se enfrentaron a los hombres del general Antonio Dorregaray, que había asumido el mando del Ejército carlista, y dos semanas después, el último día de enero, a las fuerzas de Fontcuberta. Los liberales se retiraron a Morella. El último bloqueo lo ordenó Dorregaray el 18 de abril de 1875 y duró hasta que llegó el general Arsenio Martínez Campos el 28 de junio, que permaneció en la zona y dio el golpe definitivo a los carlistas el 6 de julio con la toma de Cantavieja.
El 7 de julio de 1875 la división del general Martínez
Campos entraba en Morella, procedente de Cantavieja, con los 2.000 prisioneros
carlistas hechos en la rendición de esta plaza. La última guerra carlista en el
Maestrazgo había concluido. Ramón Cabrera no había participado, quedándose en
Londres, donde la calle en la que vivía tomó el nombre de Morella.






No hay comentarios:
Publicar un comentario