viernes, 30 de septiembre de 2022

 La quinta del sordo.

El Museo del Prado dedica durante unos meses una especial atención a las pinturas negras de Goya. La sala 67 alberga las pinturas, mientras que la 64-65 -en la que habitualmente se exhiben “El dos de mayo de 1808 en Madrid” y “El tres de mayo de 1808 en Madrid”- sirve para la visualización de “La Quinta del Sordo”, película de 40 minutos obra de Philippe Parreno, que utiliza las más avanzadas tecnologías de imagen y sonido.

Estas pinturas murales al óleo ocuparon dos habitaciones de la llamada Quinta del Sordo, casa en las afueras de Madrid que Goya había comprado en 1819. Su título moderno se debe al uso de pigmentos oscuros y negros, y a lo sombrío de los asuntos representados. Su interpretación es aún enigmática, a pesar de las explicaciones que se han propuesto. Antes de su marcha a Francia, Goya legó en 1823 la Quinta a su nieto, Mariano, quien la vendió diez años después a su padre, Javier. Después la casa tuvo varios propietarios: en 1863 pasó a Émile d’Erlanger, banquero de París que ordenó trasladar los murales a lienzo mediante la técnica del strappo y a continuación se retocaron las numerosas zonas perdidas. Fueron mostradas en la Exposición Universal de París de 1878 y en 1881 d’Erlanger las donó al Prado, donde se exponen desde 1889.

El proyecto recrea un espacio perdido, La Quinta del Sordo, donde Goya vivió antes de exiliarse a Burdeos. En la película la casa está deshabitada. Pueden ser los años 1823 o 1825. Las imágenes se unen para formar un universo, un intento de ordenar el caos, de crear un espacio-ser, de hallar la acústica del lugar.

 


Se conocen fotos del conjunto in situ, realizadas hacia 1873 por el fotógrafo francés Jean Laurent (1816-1886), y se incluyeron por primera vez en el catálogo del Museo del Prado de 1900. La casa fue derribada hacia 1909. Las Pinturas Negras se pintaron directamente sobre la pared seca, no al fresco, y en la mezcla de los pigmentos se utilizó el óleo.

No existe consenso pleno sobre la disposición original en ambas salas. Sala de la planta baja: Saturno devorando a un ­hijo, Judit y Holofernes, Una manola: Leocadia Zorrilla, Dos viejos, Dos viejos comiendo, El aquelarre o El gran ­cabrón y La romería de San Isidro. Sala de la planta alta: Dos mujeres y un hombre, La lectura, Duelo a garrotazos, El Santo Oficio, Las Parcas (Átropos), Asmodea y ­Perro semihundido. Los estudios radiográficos de las pinturas han permitido conocer que debajo de éstas había otras, de distintos motivos y estilo diverso, parcialmente reutilizadas por Goya y parcialmente tapadas. Podemos ver muestras de esas pinturas reutilizadas en los paisajes, por ejemplo, en Duelo a garrotazos. No hay muchas precisiones sobre las fechas en las que las pintó, años 1820-23. Las interpretaciones son tantas como los intérpretes.

En todas las pinturas se nota la evolución del lenguaje del artista, con pincelada muy libre que huye del academicismo -estrella ascendente de Vicente López, academicismo neoclásico-. Los brochazos enérgicos aparecen en las miradas espantadas, la distorsión de los rostros, gestos y actitudes. Los efectos de la luz valoran las carnes y las telas, y la oscuridad del fondo destaca las figuras. Los grupos numerosos producen una sensación unitaria.

 

Asmodea,

Hacía alusión al diablo Asmodeo del Libro de Tobías, utilizado en el siglo XVII por Luis Vélez de Guevara en "El diablo cojuelo", como el diablo que levanta los tejados de las casas para hacer ver su interior. Estaba situada en uno de los paños de las paredes principales de la sala de la planta alta.

 




 Una manola: Leocadia Zorrilla. 

No se sabe si se trata de doña Leocadia, su ama de llaves y quizá amante.



El Santo Oficio.





Las Parcas (Átropos).

Esta escena se tituló "Átropos", nombre de la Parca de la mitología griega que corta el hilo de la vida, en el inventario de las obras en propiedad del hijo de Goya. Formaba pareja con el "Duelo a garrotazos" en una de las paredes principales de la sala de la planta alta.



Duelo al garrotazos.

Esta escena se tituló "Dos forasteros" en el inventario de las obras en propiedad del hijo de Goya. Se describió por primera vez, junto con el resto de las escenas, refiriéndose a ella como "Dos boyeros", a los que la tradición consideraba gallegos. Junto con "Átropos o Las Parcas", decoraba uno de los paños de las paredes principales de la sala de la planta alta.



Dos viejos.

No se sabe si los dos personajes son frailes.




Dos viejos comiendo.





Saturno.




Dos mujeres y un hombre.




La lectura.


 

Perro semihundido.




Cabezas en un paisaje es, con probabilidad, la "decimoquinta" pintura negra, perdida posteriormente, que se conserva en la colección Stanley Moss de Nueva York.



Pintura mural La romería de San Isidro en la Quinta de Goya, año 1874. Fotografía de J. Laurent, conservada en el Archivo Ruiz Vernacci. Entonces la pintura estaba completamente rodeada de papeles pintados, incluso en el techo. 



Finca y casa de la Quinta de Goya en 1828. La gran maqueta o "Modelo de Madrid" de León Gil de Palacio, que se conserva en el Museo de Historia de Madrid, incluye la casa donde residió Francisco de Goya. 

 

 

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