lunes, 27 de junio de 2022

 Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Cantavieja-II.

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En 1837, con la recuperación de Cantavieja (“la bien amada” de Cabrera) y la llegada de la Expedición Real -Carlos María Isidro de Borbón llegó el 24 de julio de 1837-, se abrió el gran momento del carlismo en el Maestrazgo. La Expedición Real acampó en La Iglesuela, desde donde Don Carlos quiso acercarse a Cantavieja. Era el 24 de Julio de 1837 cuando entró en Cantavieja, reconoció todas las instalaciones y regresó a La Iglesuela. Cabrera alcanzó el máximo de su poder, el territorio controlado se extendía hasta cerca de las principales ciudades de alrededor y una especie de pequeño estado organizaba hombres y recursos.

Durante el mes de Agosto Cabrera organizó en Cantavieja las fuerzas que debían incorporarse a la Expedición Real en su marcha hacia tierras de Castilla. Entre otras medidas, estableció en la villa un presidio correccional, donde hacer efectivas las sentencias de Comisión Militar y de los alcaldes mayores que había nombrado para administrar justicia.

 


La Expedición Real logró un gran triunfo sobre la columna del general Buerens en Villar de los Navarros y la vanguardia carlista, al mando de Cabrera, llegó en septiembre a las afueras de Madrid, donde se produjeron escaramuzas, pero no el esperado asalto. 

Cabrera recordaba sus desavenencias con Gómez, por cuál mandaba más. … Lo que ponía en grande irritación al caudillo del Maestrazgo era que se había de convertir en auxiliar y mequetrefe del Ejército Real en cuanto este pasase el Ebro. Las operaciones ya no serían suyas: tendría que subordinarlas a lo que dispusiese cualquiera… La expedición Real, a la que se uniría Cabrera para engrosarla y fortalecerla, llegaría con la ayuda de Dios hasta el propio Madrid, y entraría en la capital de la Monarquía sin disparar un tiro. Esto de rematar la campaña sin combatir sacaba de quicio al ardiente Cabrera. … 

Parte de la carta: “Aún no puedo ser muy explícito, mi querido D. Ramón. Sólo me permitiré anticiparle que las bases de un arreglo decoroso están sentadas por manos muy peritas, y que no veo lejano el día glorioso en que podamos descansar de nuestra ruda campaña, viendo triunfante lo más esencial de nuestra doctrina”.

Cabrera facilita el paso del Ebro por Cherta

“Ya tenemos la expedición Real del lado acá del Ebro, en Cherta, gracias al talento militar de Ramón Cabrera y a su arrojo y prontitud. Gracias a su buen tino para ordenar las cosas, ha podido Don Carlos librarse de Borso y Nogueras, que le perseguían. Junto a Cherta dio Cabrera una batalla al Sr. De Borso, obligándole a retirarse. Nogueras cometió la mayor pifia que se puede cometer en la guerra, que es no llegar a tiempo. La guerra no es más que el arte de la oportunidad. Pasó Carlos V tranquilamente el gran río de España, en lanchas al caso preparadas. …” (29 de junio) (Galdós. La Estafeta Romántica).

 

La Expedición Real cruzando el Ebro

La orden de retirada desde Madrid produjo la desbandada carlista, acosados por Espartero. 

“Recelaba el fiero cabecilla que la aproximación a Madrid era un movimiento político antes que militar. … Con tal hombre -Cabrera- en su mano, otro Rey habría intentado un golpe decisivo; pero aquel buen señor es incapaz de golpe alguno, como no sean los golpes de pecho. Ni sabe lo que posee, ni distingue los hombres extraordinarios por su mérito efectivo de los que los parecen por su destreza en la lisonja. Les mide por la adhesión idolátrica que le manifiestan. …”  (Galdós, La Estafeta Romántica). 

La columna de Cabrera, de regreso a Cantavieja en septiembre, fue derrotada por el general Marcelino Oráa en Arcos de la Cantera, siendo diezmada, aunque consiguió llegar a su destino el día 28. El día 6 de septiembre habían llegado los prisioneros hechos en la victoria de Villar de los Navarros que no aceptaron pasarse a las filas carlistas. A partir de ese momento, el “Tigre del Maestrazgo” tomó conciencia de que solo podría contar con sus propios recursos, para lo que debería hacerse fuerte en el territorio que conocía bien y desde el que emprendió ataques a la Plana de Castellón y la huerta de Valencia, mientras reforzaba el control del Maestrazgo con guarniciones en núcleos urbanos y fortificaciones.

A finales de octubre de 1837, Cabrera logró desviar el convoy que dirigía el general Oráa hacia Morella. En diciembre se incorporaron a la maestranza de Cantavieja treinta armeros vascos procedentes de la división de Zariategui.

 

El carlismo en Aragón

Su mayor gloria le llegó a fin de enero de 1838 con la toma de Morella. En Enero de 1838 los carlistas tomaron Morella en un golpe de mano. Desde entonces Cabrera esperaba una contraofensiva liberal para reconquistar la importante plaza militar y estratégica, que pronto se vio materializada con la creación de un cuerpo de ejército al mando del general Oráa.  Como parte de sus preparativos para resistir el sitio, el general Cabrera hizo que se fundieran en Cantavieja cañones, granadas y balas de fusil. Al no tener plomo ni bronce, Cabrera se apoderaba de las campanas de las iglesias y de los balcones de hierro de las casas. Iniciado el sitio de la capital de Los Puertos en el verano de ese mismo año, Cantavieja proveyó de raciones para la defensa de Morella que asediaba el general Oráa.

Después de Morella cayeron Benicarló, Calanda, Alcorisa y Samper, y hubo una intentona de tomar Zaragoza en marzo, cuando una columna carlista penetró en la ciudad y ocupó el centro durante unas horas antes de ser rechazada. El 7 de marzo regresaron a Cantavieja las tropas de Cabañero, que habían participado en el intento de Zaragoza (Cincomarzada) y que tuvieron muchas bajas. Cabrera les recibió para recriminarles su fracaso y privar del mando a Cabañero. En los meses siguientes, la suerte de las armas tampoco le abandonó. Sus columnas llegaron a las puertas de Valencia y derrotó en Maella, el 1 de octubre de 1838, al general Pardiñas que murió en la batalla. El triunfo supuso la captura de mucho material militar.

Para cortar la espiral de represalias, a primeros de abril de 1839, el general liberal Van-Halen acordó con Cabrera un tratado para el intercambio de prisioneros. En el verano de 1839, en pleno apogeo del poderío carlista en el Maestrazgo, la conspiración de Maroto llevó a la firma del Convenio de Vergara que puso fin a la guerra en el Norte y obligó al Pretendiente a pasar a Francia. Desde Cantavieja Cabrera y D. José Arias Teijeiro escribieron en Junio de 1839 a Don Carlos, animándole a no desmayar por la traición que supuso el Convenio de Vergara.

 


En mayo del año siguiente, 1840, tras el Convenio de Vergara, la resistencia se tornó insostenible en el Maestrazgo. En Abril de 1840, el general Ayerbe se apoderaba de dos cañones, de las herramientas, metales, máquinas de fundición y otros efectos que los carlistas tenían ocultos en una masía cercana a Cantavieja. El gobernador carlista, Marconell, descubrió un plan con cómplices interiores para entregar la plaza, que quedó bloqueada por los generales Ayerbe y O´Donnell. El gobernador consultó a Cabrera, que estaba en La Cenia, y dio orden de abandonar la plaza, lo que se hizo el 11 de mayo, quemando o inutilizando todo lo que pudiera servir y volando el almacén de pólvora del castillo, lo que, según Madoz, destruyó 164 de las 240 casas del pueblo. O´Donnell penetró el día 12, sofocando el incendio.  

Espartero entró en Morella y Cabrera fue a Berga y cruzó la frontera francesa. Así acabó la Primera Guerra Carlista. En Francia, Cabrera vivió vigilado por la policía en Perpignan, París, el castillo de Ham, la ciudadela de Lille y Lyon, donde se instaló en junio de 1841. Volvió a entrar en España en junio de 1848, más por lealtad a la causa que por convencimiento, reunió un ejército y llegó cerca de Barcelona. La revolución de ese año en Francia había hecho cambiar a Cabrera, que ya no hablaba de guerra dinástica. En esta Guerra dels Matiners la situación militar era adversa y los carlistas no pudieron extender la guerra al Maestrazgo. La insurrección quedó reducida a la parte norte de Cataluña. Cabrera volvió a Francia en abril de 1849 y el exilio sería definitivo. Fue confinado en Marsella, pero marchó a Londres donde conoció a Marianne Catherine Richards, una rica heredera catorce años más joven que él, de religión protestante anglicana, con la que se casó, instalándose en Wentworth, en las cercanías de Londres, donde moriría en 1877 tras reconocer a Alfonso XII y haber roto con el rey carlista Carlos VII por negarse a intervenir en nuevas aventuras militares.

Durante la última guerra carlista, entre 1872 y 1876, Cantavieja volvió a estar en el primer plano de la contienda, constituyendo en este período el principal baluarte de la insurrección carlista en el Maestrazgo. El 8 de Mayo de 1872, cuando parecían sofocados los primeros chispazos de la nueva insurrección carlista, apareció en el Bajo Aragón la partida de D. Manuel Marco y Rodrigo, conocido como Marco de Bello, que gozaba de gran prestigio. Días después fue batida y prácticamente disuelta, frente a Cantavieja, por la columna del coronel Villacampa.

 


A finales del año 72 volvió a avivarse el fuego de la insurrección. El 10 de diciembre la guarnición de Cantavieja fue sorprendida por el veterano cabecilla carlista D. Ignacio Polo Guardiola, el Confiter de Cinctorres, que entró en el pueblo. Volvieron el día 31. Ya en 1873, el 27 de agosto, las fuerzas carlistas de Segarra y Vallés coparon en Cantavieja a soldados liberales. D. Manuel Marco, comandante general de Aragón, ya curado, recibió orden de iniciar nuevo movimiento, el cuarto intento. Realizó una marcha triunfal por los pueblos de la zona y el 13 de octubre entró en Cantavieja con 2.000 hombres. Estableció una intendencia militar, dio comienzo al cobro de las contribuciones territorial e industrial, organizó el ejército creando una unidad de élite (Guías del Pilar), fortificó la plaza, creó una Academia de cadetes, estableció un taller de recomposición de armas y de fabricación de cartuchos, creó un hospital y organizó la administración civil y militar del Ejército Real de Aragón.

Como se sabía que los liberales tratarían de reconquistarla, en abril de 1874 se hicieron nuevas obras de fortificación. Mientras Marco de Bello marchaba a Daroca y Molina a recaudar contribuciones, Pallés controlaba los movimientos de la columna liberal de Despujols, que llegó el 27 de abril ante Cantavieja, aunque no pudo tomarla por la llegada del general Marco, que perfeccionó la fortificación. 

Con la llegada del general Pavía a la jefatura del Ejército liberal del Centro a finales de Julio de 1874, los planes para atacar Cantavieja pasaron a segundo plano. En abril, el general Despujols había hecho un intento fallido. La opinión pública nacional creía que tomada Cantavieja, el carlismo del Maestrazgo desaparecería como por encanto. Pavía tenía opinión diferente, según explica en su Memoria de aquellos días: 

Cantavieja es un punto de difícil acceso por las malas comunicaciones y por las defensas naturales con que cuenta, pero no una plaza guerrera. Está rodeado de una mala fortificación, situado en una zona del Maestrazgo no muy estratégica, falto de recursos y alimentos, y que nunca lo ha utilizado el carlismo para sus fabricaciones de pertrechos y otras necesidades de guerra. En su interior no hay más que el depósito de prisioneros, un centro pequeño de instrucción y dos o tres compañías de soldados bisoños o ancianos. Su adquisición no reportaría ningún beneficio. Antes al contrario, hubiera sido perjudicial, supuesto una pérdida de tiempo valioso en la guerra y no servido para nada, ni siquiera para liberar a los prisioneros, pues al primer conato de ataque habrían sido trasladados a otro lugar”. 

Su plan, en consecuencia, era atacar a las fuerzas del carlismo hasta vencerlas, seguro de que cuando estuvieran batidas y dispersas se entregarían todos los pueblos sin necesidad de sitiarlos. En esos días llegaba a Cantavieja el general Marco, víctima de calumnias aprovechando el desgraciado intento de tomar Teruel. En septiembre se celebró en Horta el Consejo que declaró que el proceso no podía afectar a su honra y reputación militar.


 A finales de Junio de 1875, tras la gran derrota carlista de Villafranca del Cid y la decisión de Dorregaray de que el ejército carlista del Maestrazgo pasara el Ebro, Cantavieja quedaba a su suerte. El día 30 llegó el general Jovellar -general en jefe del Ejército liberal del Centro- y ese mismo día llegó el general Martínez Campos, capitán general de Cataluña. Los carlistas se habían propuesto resistir y por eso habían fortificado la plaza. Los sitiadores cortaron el agua. Tras intensos cañoneos, el 6 de julio Cantavieja capituló, quedando prisionera la guarnición de unos 2.000 hombres. 

Con la caída de Cantavieja, “capital y baluarte de la insurrección”, como la calificó el general Jovellar, y con el paso a Cataluña del Ejército Real de Centro, decidido el 1 de Julio por el general Dorregaray y los jefes del mismo, mientras tenía lugar el sitio de Cantavieja, terminaba la tercera y última guerra carlista en el Maestrazgo y un ciclo de cuarenta largos años de lucha civil en la zona. Las hostilidades finalizaron totalmente el 28 de febrero de 1876.

 

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