jueves, 5 de mayo de 2022

 Románico en el Camino Olvidado: II-Cantabria.

CERVATOS (Cantabria). Colegiata de San Pedro.

Se sitúa en la comarca del Alto Campoo, cerca del puerto de Pozazal, antiguo paso natural de comunicación. A un lado de la portada se lee que fue construida en 1129. Inicialmente fue un monasterio fundado por el conde Sancho García en el 999 (quizá originario de fin s. VIII o principios del IX, repoblación asturiana) y convertido en panteón y en colegiata años después, a partir de la decadencia del s. XIV. En otra inscripción, cercana a la anterior, se ve la fecha de 1199, quizá el momento de su consagración y de construcción de la magnífica torre campanario, sustituyendo a otra anterior.

Su románico es de plenitud, aportado por el Camino de Santiago, de estilo jaqués, que concuerda con la fecha de construcción, pero hubo reformas posteriores: la torre es de finales del s. XII, el baptisterio se añadió en los ss. XIII-XIV y en el XVI se modificó la cubierta de la nave. Destaca su material constructivo que es de una piedra dura de aspecto granítico, con bellas tonalidades y vetas rojizas haciendo ondas.

El ingreso principal se realiza a través de una bellísima portada abierta en el hastial meridional, presentándose ligeramente adelantada respecto al muro y protegida por un breve tejaroz. El vano adintelado de acceso aparece rematado por un soberbio tímpano que queda rodeado por una sucesión de seis arquivoltas de medio punto que descansan sobre columnas acodilladas rematadas en capiteles figurados. Flanqueando la portada se conservan dos desiguales ventanales abiertos también mediante arcos doblados de medio punto apeados sobre columnillas rematadas en capiteles.

Presenta seis arquivoltas molduradas que reposan sobre pilastras en cuyos recodos se acoplan columnas rematadas en capiteles en los que se adivinan motivos zoomórficos, principalmente aves y felinos. Mayor interés ofrece el soberbio conjunto conformado por tímpano y dintel. El tímpano se compone de tres paneles perfectamente adaptados al espacio, como una celosía, una fantasía vegetal a base de zarcillos y palmetas de gran naturalismo.



Bajo el tímpano se dispone un doble dintel decorado en su banda superior a base de parejas de leones afrontados de factura popular -sacando la lengua o enseñando los dientes-, mientras que en la parte inferior del mismo encontramos otros tres paneles que repiten fielmente, dándole continuidad, el minucioso entramado vegetal del tímpano.



Acomodados al espacio de las enjutas engendradas entre las arquivoltas y los límites del cuerpo saliente en que se enmarca la portada, hallamos empotrados seis relieves de gran interés en los que, pese a su degradación, es posible identificar las escenas de Adán y Eva, la Virgen con el Niño y San Miguel en el lado izquierdo; y Daniel en el foso de los leones, un sacerdote, y San Pedro con báculo en el lado derecho.

En torno a la portada se han conservado dos inscripciones que permiten encuadrar cronológicamente en 1129 y 1199 las dos principales campañas en que fue edificada la actual colegiata. En una se puede leer: "E MCCXXXVII VII IDUS NOVBRE - DEDICAVIT ECCLAM SCT PETRI MARINI - EPS IN DIEBUS MARTINI ABATIS" lo cual remite a su consagración a san Pedro en 1199 por el obispo Marino siendo abad Martino.


A los pies del templo y desviada respecto al eje se yergue la imponente torre campanario, cuya estructura, de planta ligeramente rectangular, se eleva en tres registros; un primero ciego de gran empaque, y otros dos de campanas cuyos vanos acusan un ligero apuntamiento que delata una cronología algo más tardía, de fin s. XII y principios del XIII. Junto a la torre, también en el muro occidental, se conserva una tercera ventana semejante a los del muro sur, desplegando un vano de medio punto sobre columnas protegido por un guardapolvo. Bajo ella, se adivina también el perfil de una primitiva portada dovelada en la actualidad cegada.


El ábside semicircular está estructurado al exterior en tres paños mediante contrafuertes que, a mitad del muro y a la altura de la línea de imposta, se convierten en elegantes semicolumnas rematadas en capiteles ya al nivel de la cornisa. Tres ventanales decorados al modo jaqués proporcionan iluminación. En el muro sur hay otros dos ventanales. Uno hacia la cabecera y otro más pequeño en posición más elevada (probablemente para iluminar el coro alto. Aún hay un sexto ventanal en el hastial de poniente, también al servicio de la iluminación del coro. Bajo él y algo descentrada al sur encontramos una puerta de medio punto cegada, restos de accesos a las antiguas dependencias de la colegiata. Una imposta de ajedrezado jaqués recorre el ábside a la altura de las basas de las columnillas perfilando en semicírculo los tres ventanales absidales.

El capitel del lado oeste muestra a una dama casada, puesto que luce toca en la cabeza. Sujeta con las manos sus piernas en alto, mostrando el sexo con provocativa decisión a la figura masculina del capitel vecino. En el capitel del lado este hallamos al segundo actor de esta historia, provisto de un desproporcionado miembro impar se lleva las manos a la cabeza. En el ventanal de los pies del muro sur se repite la misma pareja, pero en situación contraria, elaborada de forma menos agraciada.

El programa iconográfico de carácter erótico es muy llamativo, pero también se da en otras iglesias, puesto que tenía como fin exhortar gráficamente de los peligros de las tentaciones, aunque aquí no aparecen las penas, sino que es una libertad absoluta. Además, hay otras representaciones como mascarones grotescos y monstruosos, danzarinas, músicos, representaciones animalísticas de connotación negativa, etc.

                                              Máscara grotesca, cópula y jabalí.

En la cornisa que sostiene el modesto tejaroz que enmarca la portada encontramos, además de varias representaciones de carácter fálico, un músico tañendo un arpa, una monstruosa figura con cuerpo humano y cabeza simiesca, otro monstruo antropófago de enormes fauces devorando una figura, un personaje que parece autolesionarse mordiéndose la mano, otro que parece taparse los ojos, varios animales de simbología demoniaca como el macho cabrío, etc. A modo de metopas encontramos figuraciones antropomórficas y zoomórficas de naturaleza similar, siendo de destacar la recurrente iconografía de la lujuria en la que varias serpientes muerden los pechos de una mujer.

Autosatisfacción, libro, parto
Encima de la portada hay otros canecillos con rollos y bolas geométricas, músicos, crudas representaciones sexuales con figuras itifálicas. En el muro norte, el programa es redundante, pero las representaciones se suavizan. En las cornisas del ábside, así como en las del tramo recto, las escenas vuelven a recrudecerse, apareciendo coitos, partos (la mujer se lleva las manos a la cabeza en señal de dolor y el niño se aferra a los tobillos de la madre), figuras desnudas, etc., además de saltimbanquis, bailarinas, juglares, seres monstruosos, etc.





El potente ábside semicircular cubre al interior con bóveda de horno; mientras que el tramo recto lo hace por medio cañón. Es lo único conservado al interior del templo original, porque la cubierta de la nave es de los siglos XV y XVI.


Se accede al presbiterio a través de un arco triunfal de medio punto doblado que descansa sobre sendas pilastras con medias columnas adosadas rematadas en capiteles figurados, en los cuales, pueden reconocerse felinos en distintas actitudes en el septentrional, y un águila con sus alas desplegadas en el meridional. El tramo recto y el hemiciclo absidal propiamente dicho quedan divididos a través de un segundo arco fajón de medio punto, el cual presenta la particularidad de que sus soportes, lejos de proyectarse hasta el piso, mueren en dos mensulones dispuestos a considerable altura y de los que parte una cortísima columna rematada en su correspondiente capitel figurado. Mientras que en la ménsula norte encontramos un muy naturalista entramado vegetal, en la dispuesta en el costado sur descubrimos la efigie de un arcángel.


El casquete absidal, mediante sendas cenefas ajedrezadas, queda dividido al interior en dos registros que sostienen la bóveda de horno; abriéndose en el superior tres vanos perfilados por una moldura corrida también ajedrezada; y una preciosa galería de diez arcos ciegos de medio punto que articulan todo el cuerpo bajo del perímetro.


En los capiteles sobre los que reposan los arquillos ciegos encontramos escenas animalísticas (sobre todo leones), alguna representación de la lujuria personificada en una figura femenina siendo mordida en sus pechos por reptiles, entramados vegetales, y, una confusa representación geométrica a base de zarcillos rematados en formas avolutadas que han venido siendo identificadas como representaciones del oleaje marino.



La mesa del altar está sustentada por cuatro capiteles de similar hechura y motivos que los vistos. En la estancia gótica edificada al norte del templo, con comunicación por una puerta abierta a mitad de muro norte, se sitúa la pila bautismal.




RETORTILLO (Julióbriga). Santa María



Siglo XII, una nave, espadaña a los pies, un ábside semicircular. Sobre la portada meridional fue reaprovechada y empotrada la que quizás es la pieza más sobresaliente de Retortillo: un tímpano en el que dos cuadrúpedos de aspecto monstruosos parecen enzarzarse en una disputa ante la presencia de dos ángeles portantes de una cruz. Podría tratarse de una representación alegórica de la lucha entre el bien y el mal.


OLEA (Cantabria). Ermita de San Miguel.

 




OLEA (Cantabria). Iglesia de Santa María la Real.

 


LAS HENESTROSAS DE LAS QUINTANILLAS. VALDEOLEA (Cantabria). Santa María la Real.

 



VALDEOLEA. San Martín de Hoyos.



LA LOMA (Valdeolea). Santa Eulalia.


Pinturas de finales del s. XV


 

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