jueves, 19 de febrero de 2015

San Martín de la Val de Onsera


Hoy, por fin, nos disponemos a hacer uno de los paseos que teníamos pensado desde hace tiempo y nunca encontrábamos el momento adecuado. Vamos en coche hasta San Julián de Banzo, a 725 m de altitud, donde hay un aparcamiento señalizado después de pasar el pueblo, a 782 m. Desde aquí se puede llegar hasta la ermita en menos de dos horas y regresar en algo menos. El desnivel acumulado es de poco más de 600 m.

Comenzamos la marcha, rodeados del frío de primera hora de la mañana, dejando a la izquierda los conglomerados de la Cresta de la Cobeta. En la parte baja hay arbolado de frondosas y arbustos en la alta. El sendero serpenteante, pedregoso, está bien marcado entre arbustos de un verde muy oscuro. En un punto, dos especie de pinos, pequeños, juntos, balizan el camino que baja hasta el barranco de San Martín, ahora seco pero con piedrecillas arrastradas por el torrente, entre grandes piedras pulidas por el agua.


El día está amenazador. El cielo está muy nuboso, muy gris y parece que se avecina lluvia mientras pasamos entre grandes paredones, verticales, con rastros de caída de agua, hasta llegar a la Puerta del Cierzo, un paso estrecho donde la vegetación trepa por la parte baja de la roca. Después el espacio ensancha algo y se pasa bajo una bóveda de árboles antes de salir a otra zona de rocas. Ahora el valle se abre, con unas laderas muy inclinadas pero no verticales, de piedras sueltas y arbustos.

En la pared hay una placa que recuerda a un joven que murió en este punto y poco después se llega a una bifurcación entre el paso de La Viñeta y “La senda de los burros”. El segundo es una senda más sencilla, así que tomamos la primera, excavada en la roca, con caída a un lado pero con barandilla de protección. Además hay un cable anclado en la pared. Es suficiente seguridad por lo que se puede disfrutar tranquilamente de las magníficas vistas. Grandes paredones rodean el lugar, verticales, tratando de impedir la salida. La senda sigue en ascenso, en
medio del boj que trepa por las grietas, hasta llegar a lo alto del Collado de San Salvador, a 1.167 m.

Abajo se ve el barranco de San Martín. El descenso no plantea problemas salvo un tramo de roca lisa, resbaladiza, que está completamente helado, brillando en algún momento bajo los lívidos rayos del sol invernal; aquí hay que ayudarse de las sirgas. En el fondo, a 1.000 m, mimetizada en el entorno, protegiéndose bajo la pared, está la ermita.  En el lateral
tiene dos aberturas, una con campana. En el frontal, entre grandes contrafuertes, un arco de medio punto dovelado en piedra toba, que da paso a un patio interior con una puerta de arco apuntado y unos hierros en una esquina que sirven de escalera para el campanario. Detrás, cayendo desde mucha altura, hay una pequeña cascada cuya agua –ahora escasa- sigue barranco abajo, en un descenso pronunciado entre vegetación abundante y paredes verticales.

No se sabe exactamente el origen de la ermita. En Aragón, la evolución del eremitismo al monacato se produjo ya en el s. VI, época visigótica. San Urbez (ver otro artículo), monje-pastor protector de
las lluvias, vivió aquí y fue ordenado sacerdote en este valle de los osos. A principios del s. XII era monasterio masculino, pero a mitad de ese siglo se transformó en femenino hasta casi el final del s. XVI en que fue abandonado y cuidado por un ermitaño. Como San Urbez era protector de la fecundidad, aquí vinieron el rey Pedro IV y, ya en el s. XVI, el Conde de Ribagorza, para tener descendencia. Los pueblos de los alrededores celebran una romería el último domingo de mayo.

La vuelta es por la misma senda. Subimos hasta el Collado y descendemos por el otro lado tomando de nuevo el paso de La Viñeta. En un punto se ha desprendido la senda y hay unos troncos cruzados sobre los que se pasa. El descenso se hace más rápido, pero no impide apreciar la vegetación que incluye helechos y flores azules. Casi al salir del valle se ve el pico Matapaños, de 1.530 m de altitud, y, ya desde afuera, la Peña San Miguel, 1.123 m, la Peña Amán, 1.124 m, y la Peña del Mediodía, 1.404 m. Desde el aparcamiento contemplamos mejor el Salto de Roldán (ver otro artículo), detrás el Pico del Águila, 1.629 m, y a la izquierda la sierra de Gratal (ver otro artículo).


No hay comentarios:

Publicar un comentario