sábado, 14 de febrero de 2015

Gorgas de San Julián

Excursión corta, pero muy bonita, que puede hacerse en cualquier época del año. Se sale de Huesca en coche y se llega hasta las inmediaciones del Golf de Guara, entre los pueblos de Nueno y Arascués, a unos 13 km., desde donde comienza el paseo. Estamos en la comarca Hoya de Huesca, en el Parque Natural Sierra y Cañones de Guara, para esta pequeña caminata  de ida y vuelta, de poco más de cinco kilómetros de longitud, que puede hacerse en menos de dos horas. La cota mínima está en 765 m y la máxima a 915, lo que da un desnivel positivo de 150 m.

Tras aparcar en el borde del camino, dirección Arascués y Lierta, lo seguimos muy poco  porque pronto aparecen unos letreros de señalización que indican, a la derecha, la dirección a San Julián y al
Belén. La pista, ancha, entre carrascas, encinas y boj, acaba, pero la senda es fácil y no tiene pérdida, así que seguimos adelante, teniendo enfrente a la peña Gratal, de 1.567 m de altitud.

A la izquierda, en la parte alta, hay un bosquecillo de carrascas y, a menor altitud, campos de cultivo delimitados por arroyuelos y árboles frondosos, ahora desnudos. Es una Semana Santa temprana y la primavera no ha hecho acto de presencia; no obstante, el día es bueno para caminar: cielo despejado y luminoso, y no excesivo fresco.  A la derecha hay monte, con muchas rocas rodeadas de arbustos, boj principalmente. El color rojizo y gris de los salientes, como proas
rocosas, destaca de los distintos verdes e incluso marrones de las plantas que parecen secas. Los colores van cambiando según sea la zona umbría o soleada.

Vamos bordeando el pico Mediodía, de 1.452 m de altitud, que nos queda a la derecha y pronto llegamos al desvío de los barrancos: recto sigue el barranco Fenés, en dirección a Gratal; a la derecha, bordeando el Mediodía, el barranco San Julián de Andria, que es el que seguimos. Pasamos una zona de densa vegetación, antes de llegar a otra más rocosa, donde alternan las rocas y los arbustos.

El desnivel no es grande pero, poco a poco, se va ganando altura hasta llegar al desvío a la ermita, a la izquierda, aunque nosotros seguimos hacia las gorgas. A partir de aquí el desnivel aumenta y la senda se va estrechando, va cortando la vegetación, entre los paredones rocosos que nos envuelven amenazadores, con fuerza intimidante, y que hacen disminuir la luz. En algún punto hay que salvar algún pequeño resalte rocoso rodeado de vegetación.  

Así llegamos a las gorgas, al fondo del barranco, con una estrecha y alta abertura que da paso a una gran cámara resonante que va estrechándose en altura hasta dejar
únicamente una línea de luz en lo alto. Aquí, en la penumbra de la cueva, es donde se coloca un belén en las Navidades y se celebra algún acto religioso. Más allá, adentrándonos en este mundo mineral, rodeados de caliza, hay otra cámara que acaba en una estrecha grieta, inundada en algunas ocasiones, que impide el paso, salvo a barranquistas experimentados.

La luz indica la salida por el fondo del barranco. Se vuelve por la misma senda hasta el desvío a la ermita, a la derecha, que, salvando un  desnivel de unos 50 m., nos lleva hasta ella. Al sol se está muy bien y aprovechamos para comer
el bocadillo. Al lado hay rastros de cascadas y de la caída de agua por las rocas. Una pared –con la puerta y dos ventanas simétricas- de piedra, en sillarejo, encierra la cavidad de la ermita, con el techo disminuyendo en altura, que contiene una concreción caliza “viva”, un depósito de agua y un pequeño altar.


La agradable vuelta, en descenso, es por la misma senda. Al final se tiene a la vista, a lo lejos, la peña San Miguel del Salto de Roldán (ver otra excursión) donde hemos estado en otras ocasiones. 

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