Gorgas de San Julián
Excursión corta, pero muy bonita, que puede hacerse en
cualquier época del año. Se sale de Huesca en coche y se llega hasta las
inmediaciones del Golf de Guara, entre los pueblos de Nueno y Arascués, a unos
13 km., desde donde comienza el paseo. Estamos en la comarca Hoya de Huesca, en
el Parque Natural Sierra y Cañones de Guara, para esta pequeña caminata de ida y vuelta, de poco más de cinco kilómetros
de longitud, que puede hacerse en menos de dos horas. La cota mínima está en
765 m y la máxima a 915, lo que da un desnivel positivo de 150 m.
Tras aparcar en el borde del camino, dirección Arascués y
Lierta, lo seguimos muy poco porque
pronto aparecen unos letreros de señalización que indican, a la derecha, la
dirección a San Julián y al
Belén. La pista, ancha, entre carrascas, encinas y
boj, acaba, pero la senda es fácil y no tiene pérdida, así que seguimos
adelante, teniendo enfrente a la peña Gratal, de 1.567 m de altitud.
A la izquierda, en la parte alta, hay un bosquecillo de
carrascas y, a menor altitud, campos de cultivo delimitados por arroyuelos y árboles
frondosos, ahora desnudos. Es una Semana Santa temprana y la primavera no ha
hecho acto de presencia; no obstante, el día es bueno para caminar: cielo
despejado y luminoso, y no excesivo fresco. A la derecha hay monte, con muchas rocas
rodeadas de arbustos, boj principalmente. El color rojizo y gris de los salientes,
como proas
rocosas, destaca de los distintos verdes e incluso marrones de las
plantas que parecen secas. Los colores van cambiando según sea la zona umbría o
soleada.
Vamos bordeando el pico Mediodía, de 1.452 m de altitud, que
nos queda a la derecha y pronto llegamos al desvío de los barrancos: recto
sigue el barranco Fenés, en dirección a Gratal; a la derecha, bordeando el
Mediodía, el barranco San Julián de Andria, que es el que seguimos. Pasamos una
zona de densa vegetación, antes de llegar a otra más rocosa, donde alternan las
rocas y los arbustos.
El desnivel no es grande pero, poco a poco, se va ganando
altura hasta llegar al desvío a la ermita, a la izquierda, aunque nosotros
seguimos hacia las gorgas. A partir de aquí el desnivel aumenta y la senda se
va estrechando, va cortando la vegetación, entre los paredones rocosos que nos
envuelven amenazadores, con fuerza intimidante, y que hacen disminuir la luz.
En algún punto hay que salvar algún pequeño resalte rocoso rodeado de
vegetación.
Así llegamos a las gorgas, al fondo del barranco, con una
estrecha y alta abertura que da paso a una gran cámara resonante que va estrechándose
en altura hasta dejar
únicamente una línea de luz en lo alto. Aquí, en la
penumbra de la cueva, es donde se coloca un belén en las Navidades y se celebra
algún acto religioso. Más allá, adentrándonos en este mundo mineral, rodeados
de caliza, hay otra cámara que acaba en una estrecha grieta, inundada en
algunas ocasiones, que impide el paso, salvo a barranquistas experimentados.
La luz indica la salida por el fondo del barranco. Se vuelve
por la misma senda hasta el desvío a la ermita, a la derecha, que, salvando
un desnivel de unos 50 m., nos lleva
hasta ella. Al sol se está muy bien y aprovechamos para comer
el bocadillo. Al
lado hay rastros de cascadas y de la caída de agua por las rocas. Una pared –con
la puerta y dos ventanas simétricas- de piedra, en sillarejo, encierra la
cavidad de la ermita, con el techo disminuyendo en altura, que contiene una
concreción caliza “viva”, un depósito de agua y un pequeño altar. 






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