miércoles, 14 de enero de 2015

Villalangua – Salinas Viejo.

Salimos de Villalangua, a 636 m de altitud en la orilla izquierda del río Asabón, en medio de una espesa niebla. El sendero PR-HU 97, marcas blancas y amarillas, se inicia en la parte baja del pueblo.
Cruzamos el río rumoroso por una pasarela resbaladiza debido a la helada y tomamos un ancho camino, blanco de escarcha, en dirección SO, entre campos cultivados, pastizales y alguna borda, hasta llegar a un gran quejigo donde comienza un sendero a la izquierda, en ascenso, rodeado de muros de piedra que recuerdan que era zona agrícola.

Algún tramo del sendero está completamente helado y hay que pasar con cuidado. La vegetación es espesa y está compuesta por boj, muy abundante, majuelo o espino albar (Crataegus monogyna) –
Conchita y José Luis, el de Huesca
cuyos frutos rojos son un recurso alimenticio esencial para muchas especies-, avellano (Corylus avellana, abellanera en aragonés) –de gran importancia ecológica porque ayuda a evitar la erosión en laderas húmedas y actúa de especie pionera facilitando la recuperación de otras especies arbóreas-, roble marcescente (Quercus cerrioides, caxigo en aragonés) –especie endémica del NE de la Península, cuyas hojas permanecen en el árbol durante todo el invierno hasta el brote de las nuevas en primavera-, acebo (Ilex aquifolium, en aragonés cardonera) –presenta diformismo foliar, hojas pinchudas y lisas en el mismo pie, es especie dioica, hay árboles macho y hembra, y crean un ambiente más cálido-, carrasca, pino, etc. La fauna del bosque presenta ardillas, ciervos y corzos, martas (fuinas), aves (piquituerto, paloma torcaz, gavilán), procesionaria del pino, etc.

En este silencioso valle se conserva la armonía entre la naturaleza y el hombre, una tradición rural sabiamente conservada que da como resultado un paisaje humanizado en el que la carrasca, el árbol más representativo, ha disminuido su área de influencia en favor de los cultivos agrícolas y la
ganadería, y en el que se hacen notar los bancales o terrazas para poder cultivar en las inclinadas laderas. Tiene gran valor ecológico al combinar zonas de cultivo con manchas de vegetación natural que se va recuperando al estar los campos abandonados.

La estrecha senda, cuyas paredes de piedra están cubiertas de musgo, después de un pequeño puente, se une a otra que llega, por la izquierda, desde Salinas Nuevo. La niebla va levantando y seguimos hacia los cortados calizos de la Foz de Salinas. El paisaje se transforma. Se entra en un impresionante tramo geológico con una puerta de acceso al pequeño valle. La caliza emerge en paredes verticales. Agujas afiladas, picudas, con el sol iluminando ya la parte alta, y muchos buitres oteando nuestro paso. Al llegar a un
puente de un ojo en arco de medio punto, en sillarejo, quizá de origen medieval, aparece detrás una cascada –el agua, protagonista del sendero- que cae sobre piedra de toba (fosca), piedra más ligera utilizada en  construcción de arcos, ventanas, etc.

Entre quejigos y restos de antiguos bancales llegamos, por este sendero que fue su única vía de comunicación, a Salinas Viejo, donde nos quedamos, aunque sigue, por el collado de la Osqueta, hasta Agüero. Este poblado de Salinas, cuyo origen se remonta al siglo XII, nació por la explotación de unos pozos de agua salada desde el monasterio de Ruesta. Fue abandonado a mitad del siglo XX y sólo se conserva, aunque en mal estado, la iglesia de Santa María Magdalena (s. XVI, una nave, bóveda de crucería, ábside poligonal, torre adosada a los pies).

Después de comer el bocadillo volvemos por el mismo sendero observando las técnicas de vuelo, de reducido consumo energético, de los buitres que sobrevuelan la zona. En un punto se ha desprendido el sendero y hay un paso de madera anclado en la roca. Por la puerta se ve ya el bosque sin niebla y los árboles gotean al deshacerse la escarcha de sus ramas. El sol ya calienta. Pasamos por el tramo de densa vegetación antes de salir a campo abierto y llegar de nuevo al pueblo. Esta ruta puede hacerse tranquilamente en menos de 3 h., ida y vuelta.

Otra ruta es la de las pardinas (Ferrera, Jaz, Montañano, Noveciercos), pero además hay yacimientos arqueológicos –necrópolis de lajas- y una ermita dedicada a San Úrbez, el santo pastor que tiene repartidas otras ermitas por el Pirineo, en las crestas calizas. Junto al río estuvo el poblado de Fañanás. Pero todo esto puede quedar para otra ocasión.

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