miércoles, 14 de enero de 2015

Peña Oroel.

Desde Jaca se toma la carretera que sale en dirección a Bernués, a San Juan de la Peña, y a 6,5 km un desvío a la izquierda nos lleva, tras un tramo de mala carretera de 2,5 km, hasta el Parador donde se
deja el coche. Estamos a 1.186 m de altitud y vamos a subir a la cima de la Peña Oroel, que semeja un gran navío varado sobre los llanos de la Val Ancha, depresión intrapirenaica, con unos escarpes de conglomerado arropados por una rica vegetación, bien desarrollada gracias a la diversidad de pisos bioclimáticos y orientaciones.

Es una ruta peatonal, lineal, bien señalizada y conservada, de interés natural y dificultad alta. La subida se inicia en el Parador, siguiendo el  sendero S7 – PR 66, por la inclinada vertiente
Conchita y José Luis, el de Huesca
septentrional en dirección S, y, en su primera parte, es una empinada sucesión de hasta 37 curvas en zig-zag, rodeados absolutamente, aislados, por el bosque que impide la visión. La vegetación varía según la altitud. En las zonas bajas y con más sol hay quejigos y carrascas, además de una selva de sotobosque, pero aquí, cara N, nos rodea el pino silvestre, acebo, servales y otras especies de interés para la avifauna. Aunque puede haber variaciones por la sombra y el efecto protector de la pared, líquenes y musgos crecen mejor en el lado N de los troncos, por lo que se puede establecer una orientación.

La marcha por la senda es dificultosa porque hay zonas escalonadas y terreno irregular. En esta cara N, la alta humedad ha permitido que en la parte más elevada, por encima de 1.300 m, hayan quedado
recluidos abetos (Abies alba), de singular valor, a modo de isla bioclimática. No obstante, el descenso de las precipitaciones y el aumento de la temperatura hacen que algunos individuos se sequen y mueran, lo que podría llevar a la desaparición de esta especie en esta ladera. El Pito Negro o pájaro carpintero, agujerea los troncos de los abetos secos para capturar larvas de escarabajos y otros insectos.

Se cruza una pequeña muralla de aglomerado y se llega al collado, a 1.727 m., a la zona de Las Neveras, donde el bosque desaparece y es sustituido por un soto de boj, aliaga y erizón. A la izquierda sale el desvío a la Virgen de la Cueva, pero seguimos en dirección O, por pastizales y con una pendiente más suave hasta la gran cruz de nueve m de altura, a 1.769 m de altitud, donde aparece la roca. Ha sido un desnivel de 567 m (676 m si se va a la ermita).

Esta montaña, de gran personalidad, es parte del sistema de rocas de conglomerado situado entre el
Jaca y el valle del Aragón
Prepirineo y las Sierras Exteriores (Guara) y separa la cuenca del río Aragón, al N, de la transversal del río Gállego, al S. Estos conglomerados son rocas sedimentarias de tipo detrítico formadas por cantos rodados cementados, materiales muy resistentes que la erosión diferencial del terreno ha dejado intactos y que han permanecido en resalte tras los procesos de plegamiento de la orogenia alpina.

Es montaña de leyendas y se dice que la Reconquista en Aragón se inició cuando unas hogueras en su cumbre indicaban que había que empezar la lucha. Se la considera mágica por estar en el vértice oriental de un triángulo cuyos otros dos vértices se sitúan en San Adrián de Sasabe y San Juan de la Peña. Su situación la ha convertido en símbolo religioso y cultural, como San Juan de la Peña, y dentro del nacimiento del reino de Aragón. Este valor se refleja en la romería a la Virgen de la Cueva, primer viernes de mayo, cuando la montaña escucha el estribillo del himno de Jaca que dice “Jaca libre sabe vivir a la sombra del monte Oroel”.

La cima es un perfecto mirador. Hacia el N queda Jaca (la Jacetania), el valle del Aragón y las grandes cumbres pirenaicas. Al S., los montes y sierras prepirenaicas coronadas por el Tozal de
Guara. Debajo, la Canal de Berdún, la Val Ancha y la Val Estrecha, un corredor entre las altas sierras
interiores y las exteriores, lugar de paso de los caminos, del Camino de Santiago, de los ganados trashumantes, de la carretera y el ferrocarril, del comercio que ha propiciado el florecimiento de Jaca.

El descenso es por el mismo sendero. Todo el trayecto puede hacerse en poco más de tres horas (algo más si se va a la ermita), tras una distancia de 6.920 m (7.646 m hasta la ermita). Para la comida vamos a Jaca donde probamos los famosos boliches de Embún, “con sacramentos” y el cordero aragonés. Por la tarde, un paseo por la ciudad que tanto nos gusta completa el día. 


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