Salto de Roldán.
Salimos desde Huesca por una carreterita paralela a la que
sube a Arguis y Sabiñánigo y vamos ganando altura, vamos hacia la sierra. En
Huesca estamos a 488 m de altitud, en Apiés a 680 m., y
seguimos subiendo.
Pasamos al lado de Santa Eulalia de la Peña (Santolarieta, en aragonés, situada
en la ladera del pico Tiacuto), pueblo de resonancias familiares, a 1.060 m. Ya estamos cerca. Por una carretera muy estrecha, con el profundo barranco a la derecha, se llega hasta una gran explanada que sirve de aparcamiento. Las montañas, verdes de arbustos, desarboladas, se ven oscuras bajo las aborregadas nubes oscuras que parecen presagiar tormenta, pero la atmósfera está tranquila en el apacible día de verano y aquí arriba tampoco hace excesivo calor.
en la ladera del pico Tiacuto), pueblo de resonancias familiares, a 1.060 m. Ya estamos cerca. Por una carretera muy estrecha, con el profundo barranco a la derecha, se llega hasta una gran explanada que sirve de aparcamiento. Las montañas, verdes de arbustos, desarboladas, se ven oscuras bajo las aborregadas nubes oscuras que parecen presagiar tormenta, pero la atmósfera está tranquila en el apacible día de verano y aquí arriba tampoco hace excesivo calor.
Los arrastres de los ríos, gravas y cantos, durante el
periodo Terciario se fueron consolidando formando conglomerados que,
erosionados por las aguas, dieron lugar a unas formaciones características,
columnares, llamadas “mallos”. Este Salto de Roldán es un buen ejemplo. Es una
formación rocosa situada en el Prepirineo, en el extremo Oeste del Parque
Nacional de la Sierra y Cañones de Guara, formada por dos grandes
moles que
configuran una especie de puerta de entrada a la Sierra. Son la Peña San
Miguel, al Oeste, a 1.123 m de altitud, y la Peña Amán, al Este, a 1.124 m. En
medio de las dos discurre el río Flumen.
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| Cora, Conchita y Laia |
En época árabe esta zona estuvo militarizada para defender
el llano. En el siglo X, parece que el Rey García Sánchez I de Pamplona llegó a
conquistar estas posiciones, pero fueron recuperadas por los musulmanes. Cuenta
la leyenda que cuando Roldán, que mandaba la retaguardia del ejército
carolingio, se retiraba hostigado hacia Francia, quedó rodeado en la Peña Amán
y, para escapar, espoleó a su caballo y saltó hasta la peña de enfrente por
encima del abismo.
Nosotros no saltamos tanto y tenemos que ir despacio. Desde
el fondo de la llanada del aparcamiento
sube un sendero bien marcado y señalizado, escalonado, que va ganando altura. Vemos la Peña San Miguel de perfil e iremos girando para subir por detrás. Entre grandes rocas y arbustos –boj, principalmente- ascendemos hasta la base de la Peña. Desde aquí el paso se estrecha pegado a la roca, con salientes como visera encima, aunque en los tramos peores hay una sirga anclada en la roca para sujetarse. La roca caliza adopta dos colores, grisáceo en las zonas lavadas por el agua y marrón anaranjado en los huecos.
sube un sendero bien marcado y señalizado, escalonado, que va ganando altura. Vemos la Peña San Miguel de perfil e iremos girando para subir por detrás. Entre grandes rocas y arbustos –boj, principalmente- ascendemos hasta la base de la Peña. Desde aquí el paso se estrecha pegado a la roca, con salientes como visera encima, aunque en los tramos peores hay una sirga anclada en la roca para sujetarse. La roca caliza adopta dos colores, grisáceo en las zonas lavadas por el agua y marrón anaranjado en los huecos.
Seguimos hasta un pequeño árbol que parece estar plantado
para indicar el lugar. Hay una pequeña y sencilla ferrata para subir, hay que
escalar la roca por unas
clavijas -10-12- ancladas en la pared, en vertical, pero a la izquierda hay una sirga para sujetarse. Después, un pequeño tramo de senda estrecha hasta otro grupo clavijas que tienen una escalera metálica al lado. Finalmente, otro pequeño tramo de senda, en ascenso, que, pasando al lado de una torre defensiva, llega hasta la cima, desde donde hay una visión espectacular en todos los sentidos: hacia el Norte, el profundo y sinuoso valle del Flumen; hacia el Sur, la llanada de Huesca; hacia el Este, la Peña Amán; hacia el Oeste, la zona del aparcamiento.
clavijas -10-12- ancladas en la pared, en vertical, pero a la izquierda hay una sirga para sujetarse. Después, un pequeño tramo de senda estrecha hasta otro grupo clavijas que tienen una escalera metálica al lado. Finalmente, otro pequeño tramo de senda, en ascenso, que, pasando al lado de una torre defensiva, llega hasta la cima, desde donde hay una visión espectacular en todos los sentidos: hacia el Norte, el profundo y sinuoso valle del Flumen; hacia el Sur, la llanada de Huesca; hacia el Este, la Peña Amán; hacia el Oeste, la zona del aparcamiento.
Aquí en lo alto, llano, hay un área defensiva, que es por
donde hemos subido, los restos de la iglesia
de San Miguel, del siglo XII, una torre-aljibe y otro aljibe. Y aunque estos restos del poblamiento anterior son entrañables por lo que significaron para los pueblos del contorno, lo más llamativo ahora es la visión de estos parajes tan agrestes, la sensación aérea que se experimenta. Estamos un buen rato aquí arriba, como en una nube, compartiendo emoción e impresiones con una pareja de franceses, buenos conocedores de la zona. Cuando nos vamos se posan en el extremo opuesto unas rapaces, dueñas y señoras de estos cielos.
de San Miguel, del siglo XII, una torre-aljibe y otro aljibe. Y aunque estos restos del poblamiento anterior son entrañables por lo que significaron para los pueblos del contorno, lo más llamativo ahora es la visión de estos parajes tan agrestes, la sensación aérea que se experimenta. Estamos un buen rato aquí arriba, como en una nube, compartiendo emoción e impresiones con una pareja de franceses, buenos conocedores de la zona. Cuando nos vamos se posan en el extremo opuesto unas rapaces, dueñas y señoras de estos cielos.
perspectiva se puede seguir durante un kilómetro hasta un Mirador, y desde allí puede continuarse a varios sitios, como el dolmen de Belsué.
Nosotros no vamos ahora, pero volveremos en otra ocasión. La belleza de estos lugares, donde se aprecia tan claramente la fuerza de la Naturaleza, nos ha cautivado.






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