lunes, 29 de diciembre de 2014

Etapa 2. Trésano, Arriondas, Villanueva.

El cielo aclara por el este y la tierra se hace visible. La luz de la mañana va perfilando el paisaje. Un
poco de color tiñe el cielo y la solitaria luz de la aurora aparece dando vida a los colores. Amanece pero todavía tardamos un poco en levantarnos, aunque no estamos cansados de ayer. Rutina de desayuno y preparación del escaso equipo, puesto que hoy también hacemos una etapa circular.

El pueblo ha amanecido exhalando un aliento a día de fiesta. Hace un poco de fresco en la temprana mañana pero el día está despejado. Respirando la mañana que parece recostarse en el jardín de enfrente volvemos a salir de Cangas (62 m de altitud) por la carretera de Panes, como ayer, pero nos desviamos antes a la
izquierda para llegar a Cardes (150 m). Por un camino a la izquierda se encuentra la cueva del Buxu, con interesantes pinturas rupestres, pero no nos desviamos. El paisaje es igual que el de ayer. A la izquierda de nuestra ruta, valle abajo, praderas de un verde claro; al otro lado del barranco, menos pasto y más arbolado, más oscuro, algún caserío y al fondo los picos lejanos, azulados.

Como ayer, el principio de la etapa es duro, de mucho desnivel. Seguimos subiendo hasta Onao (249 m), y, a la salida, nos desviamos a la izquierda en dirección a Tresanu (340 m), el punto más alto de la etapa. El cielo está muy azul, con muy pocas nubes y la temperatura es buena aunque el desnivel hace sudar. Pasamos
una zona muy redondeada, de lomas verdes en las que no se ve la roca, con arbolado autóctono pero también con eucaliptos. En el otro lado del barranco se ven caminos a media ladera, como el que vamos nosotros desde que se ha acabado la carretera.

En el siguiente cruce de caminos no sabemos por dónde seguir. No hay indicaciones ni nadie a quien preguntar. Extraviamos los ojos en el verde del bosque. Vemos nuestra documentación y decidimos girar a la derecha, entre otros motivos porque es en bajada y ya hemos subido mucho. En algunos momentos la vegetación forma un túnel que nos acoge, pero en otros la zona es pedregosa, más agreste, más vertical, con picos que asoman su alma caliza por
encima de la vegetación. Llegamos a un caserío y preguntamos dónde estamos: en el Molín de Mingo (270 m), que es donde queríamos llegar. Ha sido casualidad. Esto nos pasa por no llevar un GPS.

Desde aquí vuelve a haber una dura subida en un paisaje similar donde los desniveles se suceden con mucha facilidad. Al llegar a lo alto hay un tramo más llano y después vamos bajando siguiendo el río de Parda hasta llegar a Triongo, el punto más bajo, y al Sella, que seguiremos a contracorriente hasta el final de la etapa, y que en este punto lleva bastante agua, azul verdosa, con la vegetación hasta la misma orilla. Paramos, diseccionando los tonos azules y verdes.

Esta zona es muy llana. Por la carretera, viendo el serpentear del río, seguimos hasta Arriondas (40
m). Nos detenemos para ver las piraguas que hay en las piedras al lado del agua y recordamos el Descenso. El río va ancho y se ve menos agua por lo que las piraguas tienen que elegir el lugar por donde pasar. Aquí, en el fondo del valle, hace calor. Vamos empapados en un sudor de pastos, flores, montaña y sol, sufriendo el acoso del verano. Julio se pega a la piel. El paisaje sigue igual, de un verde intenso, y saboreándolo, por la carretera, seguimos hasta la última parada, el Monasterio de San Pedro de Villanueva.

Su fundación se debe, según la tradición, a Alfonso I, 739-757, casado con la hija del Rey Pelayo y sucesor de su cuñado Favila. De esa época hay restos arqueológicos que pudieron ser de un palacio anterior al monasterio, pero la primera información es
del siglo XII, perteneciente a la Orden de San Benito. Cuando se abandonó en el siglo XIX, la iglesia se convirtió en parroquial del pueblo y pudo salvarse. Es un conjunto de épocas y estilos: románico (cabecera, entrada a la iglesia y parte del claustro) y barroco (fachada del monasterio, celdas, claustro, nave de la iglesia, con pinturas del siglo XVIII y torre). Laparte más interesante es la cabecera (capiteles historiados, canecillos con sorprendente decoración) y la portada Sur, bajo la torre (decoración de rosetas, zigzag, etc., en las arquivoltas y los maravillosos capiteles del lado izquierdo, una excepcional representación narrativa en tres escenas que se identifican con la historia de Favila: la partida para la caza, la despedida de su esposa Froiluba y la lucha con el oso).

Sólo nos queda llegar a Cangas, muy cercana, donde nos engulle otra vez la algarabía. Ha sido una
etapa de 35 km, dura en la primera parte, con un desnivel, tanto positivo como negativo, de más de 800 m. Tras el aseo, relajamos el cansancio con una cerveza fría antes de comer con voracidad medieval.  Cuando la tarde se duerme, la terraza se rinde al sopor de la siesta. Después, paseo y cena mientras el crepúsculo sume el cielo, poco a poco, en una oscuridad inundada de estrellas.


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