domingo, 14 de diciembre de 2014

Alto Tajo (II)

(Ver el artículo Alto Tajo (I) ) La siguiente parada es Zaorejas, asomada al Tajo, pueblo con calles de
gran tipismo, estrechas, con casonas de recio sillarejo calizo. La más importante es la calle Real Alta, que comunica ambas plazas, la Vieja y la Nueva, donde está el frontón de pelota con gradas en un
lateral. En la plaza Vieja está el ayuntamiento -con doble grada de balcón, una encima de otra, y el clásico reloj con campanillo- y casonas con llamativos escudos y rejas. La plaza Nueva tiene un arco a manera de pasadizo y una fuente en medio rematada por un bolón de piedra.

Saliendo desde la plaza Nueva hacia el SO-S, por el barranco de Fuentelengua, hay una senda muy agradable en este día veraniego, un camino sujetado por pequeño taludes de piedra caliza, de poco más de un kilómetro, entre árboles y arbustos, con unas llamativas y floridas retamas amarillas, que pasa por unos escalonados abrevaderos para el ganado y llega hasta el Puente Romano, de un ojo en arco de medio punto, el arco
Mª Ángeles y Benjamín en el "Puente"
en sillar y el resto en sillarejo disminuyendo su grosor con la altura, que llegó a tener doce metros de altura, del que no se sabe nada más de su construcción porque al parecer no hay más pruebas de la colonización romana.

Desde lo alto desandamos el camino y bajamos hacia el Puente San Pedro, pero antes de llegar nos desviamos a la derecha por una pista que asciende en dirección SE hasta el mirador de Peñacorva, situado al borde del precipicio, a 240 metros sobre el Tajo. La vista es espectacular sobre el paisaje actual, resultado de la erosión kárstica sobre el subsuelo calizo. Se aprecia el profundo barranco serpenteante del Tajo, la desembocadura del río Gallo, a los pies de la peña “El Castillo de Alpetea”, las peñas que se recortan  a nuestra altura contra el cielo, las cascadas de la Escaleruela, más cercana, y del Campillo, etc.

La mirada sobre el cañón del Tajo es impresionante y muy ilustrativa para entender su formación y su aspecto actual. Hace aproximadamente un millón de años, sobre un perfil llano, como lo atestiguan
las planicies que lo rodean, se empezó a formar el cañón. El río se fue encajando en la dura roca caliza originando paredes muy escarpadas. Cuando el encajamiento alcanzó estratos inferiores, de rocas blandas, margas, la erosión originó laderas de pendiente suave en la base del cañón, cuyas condiciones ambientales permiten hábitats singulares de numerosas especies de flora y fauna. Las condiciones de umbría y frescor del cañón, así como la presencia de suelos profundos y fértiles, permiten el desarrollo de bosques de acebos, tilos, avellanos, abedules, tejos, etc., representantes de la vegetación mesófila, característica de ambientes más septentrionales.

Un perfil del aspecto actual del cañón del río Tajo nos daría esta visión. Arriba, las planicies anteriores a su formación. En los lados, profundos y verticales cortados. Debajo, bosques pequeños de vegetación mesófila y, al lado del río, la vegetación de ribera. Hay una pista forestal que
discurre cerca del cauce que, aproximadamente, separa los dos tipos de vegetación.

No podemos desoír la insistente llamada del río y bajamos para ver un ejemplo de toba. Más lejos queda el edificio tobáceo formado por el arroyo Campillo, cuyas aguas llevan gran cantidad de cal disuelta y al salir la depositan formando rocas tobáceas que configuran terrazas horizontales, descendentes en la medida que desciende el nivel del cauce del río, por su propia erosión, y,
consecuentemente, del nivel freático, de forma que las más modernas son las más bajas.

El día, aunque largo, se va pasando y nos quedamos en la Cascada de la Escaleruela, una enorme toba que recibe ese nombre por su perfil escalonado. Un cartel explica el proceso de formación: el agua de lluvia se infiltra disolviendo las rocas calcáreas hasta alcanzar un nivel impermeable, lo que la obliga a salir a la superficie en manantiales. Entonces precipita el carbonato cálcico disuelto formando la toba, que cubre la vegetación y las rocas de una costra blanquecina. Esta formación se ve favorecida por la presencia de musgo, hojas y tallos de algunas plantas, a los que cubre con una costra blanca. Con el tiempo, los restos vegetales se descomponen y queda en la roca el molde del resto sobre el que se formó. La parte del edificio tobáceo en contacto con el agua permanece activa, estando inactivo el resto. En verano, como ahora, puede llegar a estar seca, pero lo normal es que forme una espectacular cascada, que puede helarse en invierno. Nosotros tenemos suerte, no baja mucha agua pero así pueden apreciarse las formaciones más modernas de la toba.

Ha sido un día intensísimo. Dejamos el río de tantos recuerdos. Volvemos cansados pero contentos. 

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