Alto Tajo (II)
(Ver el artículo Alto Tajo (I) ) La siguiente parada es
Zaorejas, asomada al Tajo, pueblo con calles de
lateral. En la plaza Vieja está el ayuntamiento -con doble grada de balcón, una encima de otra, y el clásico reloj con campanillo- y casonas con llamativos escudos y rejas. La plaza Nueva tiene un arco a manera de pasadizo y una fuente en medio rematada por un bolón de piedra.
Saliendo desde la plaza Nueva hacia el SO-S, por el barranco
de Fuentelengua, hay una senda muy agradable en este día veraniego, un camino
sujetado por pequeño taludes de piedra caliza, de poco más de un kilómetro,
entre árboles y arbustos, con unas llamativas y floridas retamas amarillas, que
pasa por unos escalonados abrevaderos para el ganado y llega hasta el Puente
Romano, de un ojo en arco de medio punto, el arco
en sillar y el resto en
sillarejo disminuyendo su grosor con la altura, que llegó a tener doce metros
de altura, del que no se sabe nada más de su construcción porque al parecer no
hay más pruebas de la colonización romana.
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| Mª Ángeles y Benjamín en el "Puente" |
Desde lo alto desandamos el camino y bajamos hacia el Puente
San Pedro, pero antes de llegar nos desviamos a la derecha por una pista que
asciende en dirección SE hasta el mirador de Peñacorva, situado al borde del
precipicio, a 240 metros sobre el Tajo. La vista es espectacular sobre el
paisaje actual, resultado de la erosión kárstica sobre el subsuelo calizo. Se
aprecia el profundo barranco serpenteante del Tajo, la desembocadura del río
Gallo, a los pies de la peña “El Castillo de Alpetea”, las peñas que se
recortan a nuestra altura contra el
cielo, las cascadas de la Escaleruela, más cercana, y del Campillo, etc.
La mirada sobre el cañón del Tajo es impresionante y muy
ilustrativa para entender su formación y su aspecto actual. Hace
aproximadamente un millón de años, sobre un perfil llano, como lo atestiguan
las planicies que lo rodean, se empezó a formar el cañón. El río se fue encajando en la dura roca caliza originando paredes muy escarpadas. Cuando el encajamiento alcanzó estratos inferiores, de rocas blandas, margas, la erosión originó laderas de pendiente suave en la base del cañón, cuyas condiciones ambientales permiten hábitats singulares de numerosas especies de flora y fauna. Las condiciones de umbría y frescor del cañón, así como la presencia de suelos profundos y fértiles, permiten el desarrollo de bosques de acebos, tilos, avellanos, abedules, tejos, etc., representantes de la vegetación mesófila, característica de ambientes más septentrionales.
las planicies que lo rodean, se empezó a formar el cañón. El río se fue encajando en la dura roca caliza originando paredes muy escarpadas. Cuando el encajamiento alcanzó estratos inferiores, de rocas blandas, margas, la erosión originó laderas de pendiente suave en la base del cañón, cuyas condiciones ambientales permiten hábitats singulares de numerosas especies de flora y fauna. Las condiciones de umbría y frescor del cañón, así como la presencia de suelos profundos y fértiles, permiten el desarrollo de bosques de acebos, tilos, avellanos, abedules, tejos, etc., representantes de la vegetación mesófila, característica de ambientes más septentrionales.
Un perfil del aspecto actual del cañón del río Tajo nos
daría esta visión. Arriba, las planicies anteriores a su formación. En los
lados, profundos y verticales cortados. Debajo, bosques pequeños de vegetación
mesófila y, al lado del río, la vegetación de ribera. Hay una pista forestal
que
No podemos desoír la insistente llamada del río y bajamos
para ver un ejemplo de toba. Más lejos queda el edificio tobáceo formado por el
arroyo Campillo, cuyas aguas llevan gran cantidad de cal disuelta y al salir la
depositan formando rocas tobáceas que configuran terrazas horizontales,
descendentes en la medida que desciende el nivel del cauce del río, por su
propia erosión, y,
consecuentemente, del nivel freático, de forma que las más modernas son las más bajas.
consecuentemente, del nivel freático, de forma que las más modernas son las más bajas.
El día, aunque largo, se va pasando y nos quedamos en la
Cascada de la Escaleruela, una enorme toba que recibe ese nombre por su perfil
escalonado. Un cartel explica el proceso de formación: el agua de lluvia se
infiltra disolviendo las rocas calcáreas hasta alcanzar un nivel impermeable,
lo que la obliga a salir a la superficie en manantiales. Entonces precipita el
carbonato cálcico disuelto formando la toba, que cubre la vegetación y las
rocas de una costra blanquecina. Esta formación se ve favorecida por la
presencia de musgo, hojas y tallos de algunas plantas, a los que cubre con una
costra blanca. Con el tiempo, los restos vegetales se descomponen y queda en la
roca el molde del resto sobre el que se formó. La parte del edificio tobáceo en
contacto con el agua permanece activa, estando inactivo el resto. En verano, como ahora, puede llegar a estar seca, pero lo
normal es que forme una espectacular cascada, que puede helarse en invierno.
Nosotros tenemos suerte, no baja mucha agua pero así pueden apreciarse las
formaciones más modernas de la toba.
Ha sido un día intensísimo. Dejamos el río de tantos
recuerdos. Volvemos cansados pero contentos.




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