lunes, 27 de octubre de 2014

Ruta de Don Quijote


Hace tiempo que estaba pensada una visita a La Mancha para, entre otras actividades, hacer una relectura de algunos capítulos del Quijote en el lugar donde se supone están inspirados. En un buen día de otoño, con algo de frío pero con sol, en Puerto Lápice -escenario de la primera salida de Don Quijote, donde fue armado caballero- visitamos la más  turística de las ventas, que tiene un pequeño pero bonito museo, y el abierto corral de comedias. Otro lugar emblemático es Campo de Criptana, uno de los escenarios de la segunda salida, donde los molinos en lo alto, que no mueven sus aspas a pesar del sibilante y frío viento, hacen recordar una famosa aventura. En Villanueva de los Infantes, en horas nocturnas, vemos la casa del caballero del Verde Gabán. De nuevo con buen día, con sol y mejor temperatura, las rebosantes lagunas de Ruidera, con sus cascadas espumosas y con la caliza desgastada y roída, nos acercan a la famosa cueva de Montesinos, cerrada. En San Clemente, otra vez el frío, rememoramos el retablo de Maese Pedro.

En Manzanares, al principio del viaje, las
amables chicas de la oficina de Turismo, situada al lado de la bonita plaza del Concejo, nos dan todo tipo de información actualizada sobre la zona, por lo que les quedamos muy agradecidos. En estos días veremos otras plazas como las de Tomelloso -con la Posada de los Portales-, San Carlos del Valle, Villanueva de los Infantes, San Clemente, Belmonte, etc.
Todos los pueblos están espléndidos. Puede apreciarse la conservación de elementos antiguos como los pósitos (Campo de Criptana, Argamasilla de Alba -Real y de la Tercia-), la alhóndiga del siglo XVI de Villanueva de los Infantes, la Botica de los Académicos, del siglo XIX, en Argamasilla de Alba, antiguos Ayuntamientos como el de San Clemente, impresionante. Pero también hay elementos modernos, como el museo del fallecido diseñador Manuel Piña o el original Paseo del Sistema Solar, modelo a escala, instalado en el Parque del Polígono, ambos en Manzanares, o el museo Antonio López Torres en Tomelloso.

El pasado señorial está presente en los pala
cios como el de la Marquesa de Salinas en Manzanares, la casa-cuartel de la Orden de Santiago del s. XVIII, el palacio de Melgarejo del s. XVII, la Casa del Arco de los ss. XVII-XVIII en Villanueva de los Infantes, etc.; el pasado militar en los castillos de Pilas Bonas en Manzanares, el Torreón del Gran Prior en Alcázar de San Juan, el del marqués de Villena, del siglo XV, inmortalizado en la película El Cid, en Belmonte, o la Torre Vieja, del s. XV, en San Clemente; el pasado religioso, en multitud de iglesias.

En las cercanías de Villanueva de los Infantes, visit
amos el santuario de Nuestra Señora de la Antigua -con las portadas de labranza de la casa paterna de Santo Tomás de Villanueva, de tantas resonancias alcalaínas-, las ruinas de Jamila, de la Orden Militar de Santiago, y el puente de Triviño, de origen romano, al lado del río Jabalón.

Retrocedemos en el tiempo hasta la Edad Media
al llegar a Alarcón que, en medio de un intenso frío que lame los cuerpos, ofrece una visión espectacular a la luz nocturna de una noche llena de estrellas que ha eliminado el paisaje y de unas pocas ventanas encendidas. El Castillo-Parador -con un servicio que no parece muy eficiente-, las murallas, torreones y puertas, la plaza y el palacio del Concejo del s. XVI, las varias iglesias, las casonas, las calles dormidas, etc., se extienden en medio de la noche e impresionan por su soledad. Nuestros pasos resuenan en la acústica del tiempo detenido. En la mañana escarchada puede apreciarse bien la estratégica ubicación de esta población, con el río Júcar, en el que relumbra un tímido sol, que la circunda como foso natural. Su mundo es el de su pasado, de lo que ha quedado atrás. Llena de pasado imposible ha retrocedido al fondo de la Historia, es la Historia que mira al pasado con una intensa necesidad de significado contemporáneo.
En dirección a Cuenca, mientras el sol va subiendo en el horizonte, pasamos por la hoz del río Gritos, con muchas rapaces en los roquedos que planean sobre nosotros y desaparecen en el azul, y visitamos, con mucho frío y viento, la ciudad romana de Valeria -basílica, exedra, aljibes, casas colgadas, ninfeo, murallas medievales, iglesia visigoda, barrancos adyacentes, etc. Nos reencontramos con el río Júcar en la fría Cuenca, fin del viaje. Volvemos con la mirada llena de la larga historia de la zona.

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