lunes, 13 de octubre de 2014

Portomarín-Palas de Rei 


Salimos cuando todavía es de noche. Por una vez empezamos bajando, hasta el río. Hay una senda que lleva a una pasarela, pero como está cortada por una cadena, volvemos sobre nuestros pasos, rodeamos y vamos al puente. La bajada inicial pronto se transforma en una fuerte subida, entre muchos pinos, en una zona muy bonita. Es el Monte de San Antonio.
Al volver la vista atrás, al final de la subida, vemos el amanecer sobre Portomarín. Hoy el día está despejado y habrá sol durante toda la etapa.
Proseguimos la marcha entre flores blancas en los árboles y amarillas en los arbustos, con las piñas destacando por su color en los pinos. Bajo la arremetida de la brisa los árboles se inclinan ligeramente y se nota algo de fresco.  Un andadero al lado de la carretera nos lleva en siete kilómetros hasta el primer sitio donde podemos tomar café. Como es normal, nos congregamos todos los peregrinos conforme vamos llegando. Todo el mundo aprovecha la ocasión, porque no sabemos cuándo volveremos a tener otra oportunidad.
Por Toxibo y Gonzar vemos arbustos de grandes flores rosas; en Castromaior, la iglesia; y después arbustos de flores amarillas y lilas. El colorido es muy interesante; no así el camino, todo carretera aunque con poco tráfico.  Los eucaliptos presentan un doble color: por abajo, tienen un verde tipo guardia civil, mate, con hojas grandes; por arriba, hojas más alargadas, con un verde brillante y más oscuro. A media mañana la tibieza de un sol primaveral, todavía inmaduro, hace que la temperatura vaya subiendo y nos tenemos que quitar algo de ropa. Entramos en el concello de Monterroso, pasamos Hospital de la Cruz, dejando a la izquierda los Montes de Vacaloura, y Os Lameiros, con un cruceiro en las afueras que tiene esculpidos en su base los símbolos de la pasión, y llegamos a Ligonde, ganadero. Paramos en Regueiro de Ligonde, donde comemos y bebemos lo que llevamos, donuts y yogur líquido, aunque poco después aparece un bar. En el pueblo un gato dormita en inestable equilibrio sobre una puerta, al sol.
Camino
Siguen otras pequeñas poblaciones, como Portos o Lestedo, ya en el concello de Palas, con pequeñas ermitas. En torno a nuestros pasos todo parece quedar en una calma y silencio muy profundos.  En alguno de los pequeños altos se abre ante nosotros un panorama ilimitado. Tras los llanos, el perfil azulado de las colinas en fila, una tras otra, cada una con una perspectiva marcada por un color distinto, hasta desvanecerse en el añil de las más alejadas.
La continuación nos lleva por estos pasos, antes de salir a otra carretera, con un descansadero antes de Mamurria, y de llegar al Alto do Rosario, que casi no se nota por ser pequeño el desnivel. Pasamos por un bar que tiene un gran jardín con unas enormes hormigas metálicas en la hierba. Casi al final vemos un cabazo, una pequeña modalidad de hórreo, de forma circular, que era utilizado como granero y que servía para la cura del maíz por aireación. En Palas nos recibe una estatua de Santiago peregrino.
Ha sido una etapa de 24 km, de ascenso continuo y ligero descenso para terminar más alto que al inicio, que acaba con la rutina habitual.

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