martes, 14 de octubre de 2014

Almiruete

 Almiruete es un pueblo de montaña encuadrado en el territorio de la Arquitectura Negra, en la falda del pico Ocejón, pedanía del municipio de Tamajón, provincia de Guadalajara. En 1881 llegó a contar con 328 habitantes, pero los procesos migratorios desde los años 50 fueron reduciendo la población hasta los poco más de treinta actuales. La arquitectura tradicional se basa en  muros de piedra cuarcita, madera y cubierta a dos aguas con lajas de pizarra. Predomina la edificación a una planta, con pocos vanos, agrupándose las viviendas en manzanas a lo largo del arroyo.



El carnaval es un ancestral, antiquísimo resto de la mitología ibérica, pre-cristiana, incorporada a las fiestas cristianas pero que en todo momento trasluce su carácter pagano. Las máscaras son uno de los símbolos más característicos y representan motivos campestres y pastoriles. Su celebración se interrumpió en 1964 y se reanudó en 1985.


 Los protagonistas son los botargas y las mascaritas.


Los botargas cubren sus caras con una máscara de madera, cuero o cartón, coloreada, con apariencia de animales, elementos vegetales, duendes, diablos o seres mitológicos. Personajes que, a diferencia de otras localidades, tienen carácter festivo, en contraposición con lo que Caro Baroja denomina “máscaras fustigadoras”. En el momento en que se quitan las caretas cambian el gorro blanco por un sombrero negro con una flor blanca. Visten con gorro alto con adornos policromos, camisa y calzón blancos, color singular; faja negra cruzando pecho y espalda y sujetos por una cuerda de pita en la espalda cuatro o cinco grandes cencerros armonizados. Calzan abarcas, en su mano llevan una garrota y se protegen las piernas con polainas negras de pastor. Cumplidos los 17, el niño se convierte en mozo y puede ser botarga.





 Las mascaritas son el alter ego de los botargas. Vestidas con atuendos en los que destacan el blanco, la falda de vuelo o los adornos florales. El rostro cubierto con motivos pintados, coloristas, naif, a veces infantiles. Visten con toca su cabeza, con un sombrero de campo de amplio vuelo cubierto de tela blanca y adornado con flores; su traje, también blanco, con falda de amplio vuelo  y adornada con flores y brotes de hiedra, delantal con remates de puntillas del mismo color y un amplio mantón de vivos colores por los hombros. Usan guantes, medias y alpargatas.

 El carnaval comienza a las 16 h. del sábado cuando, tras el toque del cuerno, aparecen los Botargas bajando en fila por alguno de los cerros que rodean el pueblo. Previamente, se han vestido en un lugar secreto, ayudados por antiguos botargas. Al llegar al pueblo, comienzan a desfilar en fila de a uno o por pares por las calles del pueblo. Hacen sonar sus cencerros acompasadamente, manteniendo el paso. Tras dar dos o tres vueltas a la plaza, reanudan su desfile para recoger a las Mascaritas, que también cubren su rostro. Éstas les esperan en una casa del pueblo que sólo ellos conocen. Cada mascarita se empareja con un botarga y reemprenden el desfile lanzando ellas confeti, pelusa de los juncos ellos, como símbolo de fertilidad.  Botargas y Mascaritas se quitan las caretas, que ya no volverán a usarse.

 Los botargas ofrecen el botillo de vino a los asistentes. Estos, si los Botargas se despistan, pueden “robarles” el botillo y salir corriendo por el pueblo y fuera de él, hasta que los Botargas le atrapen y le lleven a la taberna, donde deberá invitar a los Botargas que le hayan cogido. En la plaza se celebran bailes populares. Aparecen otros personajes característicos como la Vaquilla y el Oso. La noche hace tiempo que ha caído. Botargas y Mascaritas van casa por casa pidiendo el somarro, comida que disfrutarán en una cena a la que sólo ellos asisten.


Mientras sucede todo esto, en la plaza ha comenzado a arder el fuego donde se van asando los chorizos y el tocino que degustarán los que se queden hasta el final.

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