lunes, 2 de noviembre de 2026

Besians

Besians es una pequeña población (45 habitantes) situada a 530 m de altitud en la comarca Ribagorza, provincia de Huesca. Está a tres kilómetros de Perarrúa, a cuyo término municipal pertenece. Su casco urbano se divide en dos por el río Ésera, quedando la parte antigua en elevación y la moderna junto a la carretera, ambas unidas por un puente medieval. Hay noticias de la población desde el siglo X, aunque el primer documento escrito conservado es de 1018. Desde el siglo XII perteneció a la catedral de Roda de Isábena, aunque en el siglo XVII hubo nobles laicos que ejercieron sus derechos sobre la jurisdicción civil, originándose conflictos. 

Perarrúa es un municipio de la misma comarca, también de escasa población (116 habs, INE 2025), situado a 517 m de altitud a orillas del río Ésera, afluente del río Cinca. Tradicionalmente estuvo asociado a la industria maderera y a la artesanía, siendo la villa con más carpinteros de Ribagorza. Durante las fiestas se representa la “pastorada”, obra de teatro popular que manifiesta las costumbres a través de dos personajes antagónicos.

La comarca de Ribagorza tiene una de sus principales señas de identidad en los puentes medievales sobre sus tres ríos (Ésera, Isábena, Noguera Ribagorzana), en las zonas donde se concentró la población desde época medieval. Las construcciones civiles se convirtieron en equipamientos de vital importancia en todos los sentidos, desde lo económico y social hasta el político y estratégico. Se conserva un largo listado de ellos: Roda, La Puebla, Serraduy, Perarrúa, Graus, Besians, Montañana, Obarra, Beranuy, Herrerías de Calvera, etc.


El puente de Besians, destacado por su esbeltez y altura, es medieval, entre los siglos XII y XIII, aunque con modificaciones en siglos posteriores. Mide 45 m de longitud y tiene perfil de lomo de asno, calzada estrecha con pretil, tajamares en ángulo en las dos caras y cuatro ojos: el principal del medio, dos pequeños de medio punto con imposta en un lado -orilla izquierda, los más antiguos-, y otro apuntado en el lado opuesto. El gran arco central, que obliga a unas pendientes muy acusadas, es debido al propósito de evitar construir los pilares sobre el lecho del río.



 




En las caras interiores de los pilares del arco central se han conservado los mechinales de construcción, que servían para clavar en ellos las vigas de sujeción de las cimbras de madera, necesarias para la colocación de las dovelas y para servir de andamio a los canteros.



 





Además del icónico puente, el otro monumento de Besians es la iglesia románica de san Juan Evangelista, del siglo XII, situada en el barrio alto y parcialmente en ruina. El aparejo es de sillería, con piezas de tamaño mediano dispuestas a soga, produciendo una impresión uniforme.




 

Tiene planta rectangular con cabecera semicircular orientada al este, torre adosada al costado sur junto al ábside con capilla en su primer cuerpo comunicando con la nave; tres capillas más que no rebasan el grosor de los muros y cripta bajo la cabecera. Al exterior, la separación del ábside y la cripta se marca mediante un retranqueo que afecta también a la base de la torre. Dos lesenas marginales enmarcan el cilindro absidal de la iglesia superior. El ábside queda centrado por un alargado ventanal de doble derrama.   


La cripta reproduce en planta la forma del ábside superior. Se ilumina mediante dos ventanales de derrama exterior y escalonados al interior, con una dirección muy sesgada hacia el centro de la estancia. El muro de cierre de la cripta, en el que se aprecias varias hornacinas, viene a coincidir con el final del presbiterio. La bóveda de la cripta es muy rebajada y obliga a que los medios puntos del vano de acceso a la misma y de los ventanales se realizaran en la estructura de la misma, con dirección muy oblicua hacia su interior.

 


Después del ábside hay un amplio presbiterio cubierto por medio cañón que aloja en la base de sus muros sendas capillas. La meridional aprovecha el espacio bajo la torre y posee un absidiolo orientado al este. La septentrional es un simple absidiolo de escasa profundidad orientado al norte y realizado en el espesor del muro presbiteral. A su izquierda, en el arranque de la nave, una puerta de medio punto da acceso al exterior y a una escalera intramuro que, haciendo ángulo, desciende hasta la cripta. Llama la atención la asimetría de la bóveda, como si su asentamiento tras retirar las cimbras fuese desigual. En el lado sur del presbiterio queda una de las cruces de consagración del templo.



La nave está dividida en tres tramos, de los cuales solo los dos primeros son de la obra original, correspondiendo el tercero a una prolongación posterior al siglo XVI. Cubre con bóveda de cañón, mientras que el ábside lo hace con cuarto de esfera, lo mismo que las capillas.

La puerta original abría junto a las bases de la torre de campanas; al exterior queda visible la arcada cegada. 

Presenta características que la relacionan con las iglesias de San Martín de Caballera, San Martín de Perarrúa y Santa engracia del castillo de Pano. Se trata de un grupo de construcciones que introducen formas constructivas diferentes a las lombardas imperantes en el valle del Ésera.

En Perarrúa hubo una aldea, poblada hasta los años 60-70 del siglo XX, ahora despoblada, El Mon, entre las sierras de Torón y Campanué. El origen puede ser romano, aunque los primeros textos datan del siglo VI, con el nombre de Petraroveida, del que quedan los restos de la ermita de San Martín. En el siglo VIII se construyó una defensa que, bajo el dominio musulmán se denominó Qasr Muns y, bajo los cristianos (siglo XI) Castro Pelato o Castillo de Perarrúa. Sus restos ruinosos son visibles desde la carretera. De la propiedad real pasó a la señorial.

Tenía 13 casas y, en las afueras, el castillo e iglesia de San Clemente y los restos de San Martín, todo como un conjunto disperso. Obras públicas eran un lavadero y un puente-arcada en el margen del barranco de El Mon. 

La tipología de las casas era una edificación principal (planta baja, patio, espacios para el ganado, y dos pisos, vivienda y “falsa”), pajar, cuba, era y huerto. Las más antiguas parecen datar de los siglos XVII y XVIII, destacando Casa Sancerni, con una superficie de unos 600 m2, elementos externos góticos (vanos y portada) y defensivos (matacán y aspilleras).

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