Edipo
Edipo fue un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta o Epicasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre. Según la versión de los trágicos, cuando Edipo obtuvo el reino se casó con su madre sin reconocerla y engendró cuatro hijos con ella. Edipo parece el único héroe griego que comete sus actos sin intención deliberada de desobedecer a los dioses. Heracles actúa por ira, Prometeo desafía conscientemente. Edipo, el héroe más trágico, actúa, y sus acciones cumplen lo que intentaba evitar.
La historia de Edipo comienza antes de su
nacimiento. Layo, rey de Tebas, se disponía a casarse con Yocasta,
pero antes consultó al oráculo de Delfos. La sacerdotisa de Apolo, la Pitia,
respondió con una profecía aterradora: «El hijo que tengas con Yocasta
será tu asesino y dormirá en tu cama». En la antigua Grecia, el parricidio
era considerado el crimen más abominable posible. Aterrorizado, cuando nació el
niño, decidió tomar una medida extrema: el infanticidio. El niño fue llevado al
monte Citerón y abandonado con los pies perforados. Un pastor que pasaba por
allí recogió al niño y lo entregó a una pareja que no tenía hijos, Polibio y Peribea,
reyes de Corinto, que lo criaron como propio sin saber quién era y lo llamaron
Edipo, que significa “de pies hinchados”. Un rumor le intrigó y le
preguntó a su madre, pero su respuesta no le satisfizo y consultó al oráculo de
Delfos. La Pitia le dijo la misma profecía que a su padre y le recomendó que
huyera. Viajó hacia el norte y en un cruce de caminos estrecho, hubo una lucha
porque ninguno cedía el paso y Edipo mató a Layo, su verdadero padre, sin
saberlo.
Edipo y la
esfinge de Gustave Moreu. 1864
Con Layo muerto, el trono pasó a Creonte, hermano de Yocasta. Pero Tebas enfrentaba una crisis aún más inmediata, la Esfinge, criatura híbrida aterradora. Tenía cabeza de mujer bella, voz de hombre, cuerpo de león robusto, cola de serpiente venenosa, alas de águila y garras afiladas como dagas. Se había posado en el monte Ficio, colina cerca de Tebas, y preguntaba a todo viajero que se acercase. Si no respondía correctamente era devorado. Creonte anunció que el que acabase con la Esfinge sería nombrado rey y se casaría con Yocasta. Edipo se enfrentó al reto. El acertijo que la esfinge planteó a Edipo fue: «¿Cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto anda a dos y cuando es mayor anda a tres?». Edipo respondió correctamente que es el hombre, puesto que cuando es un bebé gatea, camina con sus dos piernas cuando es adulto y cuando es anciano se apoya sobre un bastón. Había también otro acertijo: «Son dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la primera». Edipo contestó: «El día y la noche». Edipo acertó con las respuestas y la Esfinge se suicidó lanzándose desde la cima. Edipo casó con Yocasta y tuvo cuatro hijos: Etéocles, Polinice, Antígona e Ismene. Reinó sobre Tebas y fue respetado.
Edipo y la esfinge, de Jean-Auguste.-Dominique Ingres, Museo del Louvre.
Edipo y la
esfinge. 470 a.C. aprox. Cerámica pintada con figuras rojas, alt. 7,2 cm; diám.
26,3 cm.
Una plaga devastadora barrió Tebas. Edipo, envió
mensajeros a Delfos. El oráculo respondió: «La culpa por la muerte
de Layo sin castigo profana la tierra. Solo si se expulsa al asesino de Layo de
Tebas cesará la plaga.» Edipo comenzó una investigación.
Finalmente, llamó al adivino Tiresias, el sabio ciego que podía ver el
futuro y el pasado. Le reveló que él era el asesino. Hizo averiguaciones para
comprobarlo. Yocasta se ahorcó, se clavó una espada o se envenenó. Edipo se
cegó a sí mismo y fue expulsado de Tebas por sus propios hijos, Etéocles y
Polinice, que se enfrentarán más tarde entre ellos por el trono tebano (leyenda
mítica Los siete contra Tebas), resultando ambos
muertos en el intento. Su hija Antígona, lo acompañó. Viajaron juntos como
mendigos hacia Atenas, donde la leyenda dice que fueron acogidos por el rey Teseo.
Edipo y su hija Antígona.
La referencia más antigua del mito de Edipo se encuentra en la Odisea, donde se dice que Epicasta tomó en matrimonio a su hijo sin saberlo y, presa de la culpabilidad al descubrirlo terminó ahorcándose; en esta versión no se menciona a ningún descendiente. En el capítulo Evocación de los muertos, Epicasta, su madre, marcha a la morada de Hades a purgar el incesto, mientras Edipo sigue reinando en Tebas.
Sófocles trató el tema de Edipo y sus descendientes en tres obras: Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona. Estas obras se estrenaron en años distintos: Antígona en el 442 a. C., Edipo Rey hacia 430-425 y Edipo en Colono, su última obra, en el 406. No forman, pues, una trilogía.
En Edipo Rey, 429 a.n.e., el pueblo de Tebas pide a Edipo, el gobernante tras haber salvado a la ciudad de las garras de la Esfinge, que ponga fin a la epidemia que azota a la población. Edipo trata de averiguar la causa enviando a su cuñado Creonte a Delfos a consultar al oráculo. La sentencia dice que hay que desterrar al asesino de Layo. Edipo sigue en su propósito a pesar de que personajes como Tiresias, Yocasta y un criado tratan de hacerle desistir. El pueblo, representado por el coro, tiene un papel importante. Edipo, cuando se entera de la verdad, se quita los ojos con sus propias manos y se autoexilia acompañado por Antígona. El destierro era una pena máxima, considerada como una muerte. La brillantez de la obra es que no había suspense sobre si Edipo era culpable o no, el público antiguo ya conocía el desenlace. El suspense residía en cómo Edipo lo descubriría, lo que transformaba el drama en una reflexión sobre la inevitabilidad, la verdad y la autocomprensión.
La obra se
estructura en un solo acto, respetando el principio de unidad de tiempo y
unidad de acción que Aristóteles refirió en su poética. Aunque contiene ocho
episodios, todos se suceden en una sola línea temporal.
Edipo ciego encomendando sus hijos a los dioses. Bénigne
Gagneraux, 1784
En Edipo en Colono, el protagonista, convertido en ese mendigo que vaga sin rumbo, ciego, y de la mano de Antígona, acabará muriendo en un bosque cercano a Atenas. Se presenta también en esta obra el trágico conflicto entre los dos hijos de Edipo (Etéocles y Polinices).
Edipo en Colono. Obra de Fulchran-Jean Harriet, 1798
Marcel Baschet (1862 - 1941): Edipo maldice a
Polinices, en presencia de Antígona e Ismene.
El mito de Edipo se adaptó con posterioridad en obras
como Los siete contra Tebas, de Esquilo, que, aunque no se centra
en Edipo, presenta las consecuencias de la maldición que pesaba sobre la
familia real de Tebas.
La historia de los siete contra Tebas podría
entenderse como la continuación del drama personal de Edipo, rey de esta ciudad.
Edipo marchó desterrado, y sus hijos, Etéocles y Polinices, decidieron hacerse cargo del trono tebano alternándose cada año uno en el
poder. Pero cuando pasó el primer año Etéocles se negó a abdicar en su hermano
y lo desterró de la ciudad. Polinices se dedicó a buscar aliados para su causa.
Acudió a Colono para pedir a su padre, Edipo, que
le apoyara, pero éste sentenció que sus dos hijos se matarían entre sí.
Polinices buscó apoyos en Argos, se organizó una expedición con los siete de
Nemea, atacaron Tebas y salieron derrotados. Para evitar más derramamiento de
sangre, los dos hermanos pelearon y ambos se dieron muerte. Creonte se proclamó
rey y prohibió enterrar a Polinices, castigando a Antígona que no obedeció. La
continuación tiene diversas alternativas según las distintas obras. La marcha
de los siete contra Tebas fue definida y considerada como la primera de las
grandes guerras en Grecia.
Otra obra que explora las consecuencias de la tragedia de
Edipo, centrándose en sus hijos Etéocles y Polinices, es Las Fenicias,
de Eurípides, 410 a.n.e. Tiene un claro precedente en la obra de
Esquilo, Los siete contra Tebas, y su nombre de “fenicias” se debe al
coro de mujeres procedentes de esa región.
Edipo cegado caminando con su hija Antígona
Edipo de Séneca, s. I: El dramaturgo romano adaptó el mito de Edipo, añadiendo elementos estoicos y morales a la historia. La obra no estaba destinada a ser representada en un teatro, sino a ser recitada en reuniones privadas. Hay claras diferencias entre el Edipo de Séneca y el de Sófocles.
Sófocles: aparece orgulloso e imperioso; Yocasta se cuelga y posteriormente Edipo encuentra su cadáver; Edipo se arranca los ojos con el broche de oro del vestido de Yocasta; la culpabilidad de Edipo por matar a Layo surge conforme avanza la trama; Edipo deja a sus hijos al cuidado de Creonte; concluye con Creonte informando a Edipo de que su reinado ha terminado.
Séneca: obra más oscura, teñida de intencionalidad
más filosófica; tono más violento; Edipo aparece como un personaje
atormentado y aterrador, dominado por el sentimiento de culpa y por la sospecha
de que podría estar implicado en la plaga de Tebas; aparece algún otro
personaje como Manto; Edipo se arranca los ojos con la espada con la que luego
se suicidará Yocasta; Edipo quizá mata (ambigüedad) o ayuda a morir a Yocasta;
Layo nombra a su asesino; no se menciona a los hijos de Edipo; concluye con
Edipo abandonando Tebas.
El mito de Edipo, el hombre que no pudo escapar del destino. Edipo encarna el conflicto entre libre albedrío y destino. A favor del determinismo se aporta que, si el oráculo puede predecir el futuro con exactitud, es que el futuro ya está determinado. Por el contrario, a favor del libre albedrío se indica que Edipo eligió consultar al oráculo, eligió huir de Corinto, eligió matar en el cruce, eligió investigar la muerte de Layo; todas fueron decisiones no forzadas, y el hecho de que sus decisiones cumplieran la profecía no significa que no fueran libres. La genialidad del mito es que no resuelve el dilema, tanto el destino como el libre albedrío operan simultáneamente en tensión irresoluble. Cada acción que toma Edipo para evitar la profecía lo acerca más a ella, lo que refleja una verdad psicológica, según Freud, que no podemos escapar de nuestros miedos simplemente huyendo de ellos, sino enfrentándolos.
Su legado va más allá de la mitología: Freud lo usó para nombrar su famoso
«Complejo de Edipo» en psicología y los dramaturgos
griegos lo utilizaron para explorar temas de culpa, responsabilidad moral y el
poder del destino en obras maestras como Edipo Rey de Sófocles.
Complejo de Edipo
Este mito inspiró a Sigmund Freud su teoría del complejo de Edipo, el complejo infantil de
sentimientos amorosos con el progenitor del sexo opuesto y hostiles con el del
mismo sexo.
En Edipo Filósofo (1988), Jean-Joseph Goux sostiene que Edipo representa el poder de la razón, capaz de desvelar los acertijos con el ejercicio de la inteligencia sin tener que apelar a los dioses ni a ningún saber ancestral, siendo quien inicia el camino del pensar filosófico "que llega a la cima con Descartes".
Los Bronces de Riace. Se cree que la figura en primer plano representa a Tideo.
El Festival de Teatro Clásico de Mérida, presenta El
viaje de Edipo, de Emilio del Valle, basada en los textos de Esquilo y
Sófocles. La historia la cuenta Ismene, la única superviviente, hija del
matrimonio incestuoso de Edipo y Yocasta o Epicasta, y hermana de Etéocles,
Polinices y Antígona. Los dos hermanos murieron ante la séptima puerta de
Tebas, matándose entre sí. Creonte ordenó que Antígona fuera enterrada viva en
la misma tumba de Polinices, al que había enterrado incumpliendo la orden del
rey. No sirvieron de nada los ruegos de Hemón, hijo de Creonte y amante de
Antígona. Ismene declaró que había ayudado a su hermana, aunque no era cierto,
y merecía la misma suerte.
Ante las dos condenas, los dioses, a través del adivino Tiresias, hicieron saber a Creonte su desaprobación y el rey cambió de actitud y enterró él mismo el cadáver de Polinices. Pero ya era tarde para Antígona, se había ahorcado para evitar ser enterrada viva. Hemón también se suicidó a los pies de su amada, y lo mismo hizo Eurídice, la esposa de Creonte y madre de Hemón, al enterarse de la muerte de su hijo.
Ismene intentó rehacer su vida con su amante Teoclimeno o Periclímeno, pero Tideo la mató instigado por Atenea, según el poeta Mimnermo, puesto que ningún otro escritor clásico menciona la historia, pero la escena está representada en un ánfora corintia de figuras negras del siglo VI, conservada en el Louvre.Ismene no es retratada como una heroína, sino como una
mujer atrapada en un mundo dominado por hombres y leyes injustas. Su pasividad
se puede ver como un símbolo de la vulnerabilidad femenina en una sociedad
patriarcal. También se puede verla como representando la impotencia del
individuo frente a fuerzas superiores, la inevitabilidad del destino, la
tragedia y la pérdida, las complejidades de la moralidad, el destino y la
condición humana.


































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