domingo, 14 de junio de 2026

Quintanilla de las Viñas

Una de las joyas de la arquitectura prerrománica española se encuentra en esta pequeña localidad de la provincia de Burgos. Se trata de la ermita de Santa María, enclavada en un paraje natural de gran belleza, entre farallones calizos, en el alfoz de Lara, una tierra rica en historia con lugares importantes cercanos como la localidad medieval de Covarrubias, el monasterio de Santo Domingo de Silos y las ruinas de San Pedro de Arlanza. Es la cuna de Castilla. Lo que hoy podemos ver no es sino una pequeña parte del templo original, la cabecera y parte del crucero. Este templo quizá formó parte del conjunto monacal de Santa María de Lara, citado en fuentes medievales, y dependió del monasterio de San Pedro de Arlanza. Después perdió importancia y cayó en el olvido. Sobre su origen hay dos teorías.

Ruinas del castillo de Lara, al fondo.

Sobre la primera teoría, la de que sea una iglesia visigótica construida antes del año 711, se argumenta la semejanza arquitectónica con otras iglesias visigóticas, detalles como el arco de herradura central, los sillares colados a hueso, sin argamasa, y el tipo de planta. También hay similitudes con el friso de la supuesta iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Zamora). El nombre Flámola, que aparece en la inscripción como donante, era habitual en la época. No tiene necesariamente que referirse a la Flámola, esposa del conde Gonzálo Téllez, del siglo X, y de ser esa mujer, puede no referirse a la fundación sino a una reforma posterior. Sería una de las últimas que se construyeron, junto a Santa María de Melque y San Pedro de la Nave, antes de la invasión musulmana.

La segunda teoría, iglesia prerrománica, también tiene argumentos. Es el momento en que el territorio comienza a revitalizarse, por lo que sería un templo prerrománico de repoblación. La citada como donante, Flámola, sería la esposa del conde de Lara Gonzalo (Gundisalvo) Téllez, que fundaron los monasterios de Arlanza y Lara. Los frisos, con sus figuras de animales, presentan influencia del arte persa sasánida, que solo pudo llegar a Castilla a través del Califato de Córdoba. El uso de grandes bloques prismáticos como capiteles se presenta también en la arquitectura prerrománica asturiana. Los rasgos de los personajes son comparables a los de los primeros Beatos. Se ha interpretado en los monogramas del ábside la referencia a la fecha de construcción, con Alfonso IV como rey de León y Fernán González como conde de Castilla, años 925-930.

También se ha apuntado la posibilidad de que la iglesia perteneciese a un grupo no católico, puesto que la España visigoda era muy heterogénea religiosamente y el catolicismo tenía tendencias como la arriana o las gnósticas y maniqueas orientales. Con estas últimas se relacionan la representación masculina del sol y la femenina de la luna del arco triunfal, además de las uvas y otros elementos, aunque el sol como divinidad tuvo arraigo en las religiones precristianas.

Maquetas: a la izquierda, la iglesia original; a la derecha, la iglesia actual.

La estructura varía con respecto a las iglesias anteriores y conecta la arquitectura visigoda de finales del siglo VII, San Pedro de la Nave, con las primeras iglesias asturianas (Santianes de Pravia, San Julián de los Prados). Los detalles son la existencia de una nave transversal, de la misma anchura que la nave central, en combinación con una planta basilical; naves laterales mucho más estrechas que en los monumentos anteriores, como en las iglesias asturianas; nave central y la del crucero muy altas y cubiertas posiblemente por techo de madera; pórtico con aposentos laterales, que permite pensar en la existencia encima de una tribuna, que aparece en San Giao de Nazaré y que sería habitual en la arquitectura asturiana.

Es probable que la construcción primitiva quedara inacabada por la falta de hallazgos arqueológicos y por encontrarse en el interior grandes bloques de piedra, adornados con bajorrelieves con reproducciones antropomorfas que dan la impresión de no haber sido utilizados. Están sin decorar tres de los medallones en el exterior del ábside rectangular, que parecen preparados para ser labrados con monogramas de letras enlazadas al estilo visigótico, continuando la dedicatoria de los otros tres. Así se demuestra la posibilidad de que parte de la decoración en los edificios visigóticos se esculpiera sobre los muros ya construidos, lo que explicaría la escasez de decoración de Santa María de Melque, debida, quizá, a que no fue terminada ante la invasión musulmana.

 



La iglesia funciona con dos zonas diferenciadas, cada una con su acceso propio. La occidental formada por el porche, el aula, con su sala, sus habitaciones laterales y una posible tribuna; y la oriental, de carácter monástico, por el transepto -coro y distribuidor-, las sacristías y el santuario. No hay canceles decorados, pero sí dos soportes de altar en mármol.

 

Se reutilizaron sillares de origen romano. Construida con grandes sillares de caliza gris colocados a hueso, sin argamasa, y franjas de decoración esculpida en piedra calcárea más clara. La piedra empleada es de tres tipos. Por un lado, piedra caliza amarilla y blanca, procedente de las cercanas canteras de Hontoria ( Catedral de Burgos, Arco de Santa María). También se utiliza piedra arenisca marrón y mármol para algunas columnas. Para el abovedamiento se emplea toba calcárea.

Hay sillares en ángulo, para trabar mejor los dos muros en los cuatro rincones angulares del crucero. No hay contrafuertes y no se contrarresta el peso de las bóvedas, salvo mediante el grosor de los muros, por eso éste y otros templos visigodos se han derrumbado en parte. A la entrada de la capilla mayor, las columnas son decorativas, no sustentantes.


Planta
de cruz latina, con tres naves en el brazo principal rectangular, las dos laterales divididas en tres aposentos y separadas de la central por muros con vanos de acceso. El transepto era otra nave de la misma altura que la central, con pórticos laterales que sobresalían como el ábside, rectangular tanto al interior como al exterior. A ambos lados del crucero se abrían dos estancias. A los pies había un pórtico de acceso con dos aposentos laterales. El templo era de dimensiones amplias, 23 x 21(parte más ancha) m.

La cabecera y las naves laterales estaban abovedadas. El ábside (cuadrado, lado 3,5 m) se cubría por bóveda baída (quedan los arranques) y las naves laterales y posiblemente el cimborrio central por bóveda de aristas. No han quedado indicios de las cubiertas de la nave central y el crucero. Quizá fuese totalmente abovedado.

La solución es similar a la utilizada en el grupo de iglesias cuya estructura está preparada para transepto y crucero con cimborrio abovedados: Santa Lucía de El Trampal (prov. Cáceres, incompleta), Santa María de Melque (prov. Toledo), San Pedro de La Nave (prov. Zamora, restaurada) y Santa Comba de Bande (prov. Orense, abovedada de ladrillo). En este grupo, muros corridos soportan las bóvedas del transepto de modo que, cuando el aula es de tres naves (El Trampal, La Nave y Quintanilla), los extremos orientales de sus naves laterales, que dan al transepto, se cierran por esos muros. Pese a ello, estas iglesias presentan notables diferencias entre sí.

La existencia de una bóveda en la sala central de Quintanilla se había planteado como imposible porque su luz (5 m) supera el límite que se considera normal para una bóveda de su época. Y porque sus muros y las estructuras laterales no contrarrestarían sus empujes. Pero, bien mirado, estas son las causas que podrían confirmar que la sala estaba abovedada y que sus empujes provocaron la ruina, que debió producirse enseguida dado que el solar fue ocupado por una necrópolis de plena Edad Media. En la segunda mitad del s. XIV, la ruina obligó a que Andrés, abad de Arlanza, trasladase los restos de familiares de Fernán González. La parte oeste se cerró con un muro hecho con sillares de la ruina.


En la entrada del ábside se conserva un arco toral inequívocamente visigodo, con forma de herradura que se prolonga ¼ del radio, con trasdós inferior divergente y dovelas perfectamente centradas con clave central e impostas sobre columnas. Es el arco de herradura más perfecto que queda de la arquitectura visigoda.

La iglesia posee una magnífica decoración esculpida, tanto interior como exterior, de talla a dos planos y con las figuras a bisel.

En el interior de la capilla mayor quedan fajas de hiladas de piedra resaltadas, quizá destinadas a ser decoradas, que no se terminaron, y al exterior las fajas decoradas están separadas por una hilada de piedra ancha y lisa. Las ventanas no son saeteras por fuera, pero por dentro sí tienen un fuerte derrame. 

En el exterior consiste en dos franjas decorativas, en piedra calcárea de color más claro que el resto, que recorren los muros de la cabecera y del frente del crucero, con una tercera en el testero. La cabecera tiene tres frisos corridos esculpidos (decorados con bajorrelieves, de talla plana y con fondo neutro) de parecida anchura, decorados todos con roleos, cintas entrelazadas y sogueadas que forman círculos tangentes. Los dos inferiores no sólo decoran el ábside, sino que continúan por los muros orientales de los brazos del transepto. Sin embargo, el friso superior sólo ocupa el centro del testero.




En el superior predominan los cuadrúpedos (toros, grifos, leopardos y ciervos), también aves en círculos en lazados y motivos vegetales.







En el intermedio hay medallones en los que se representan aves (quizás perdices y pavos reales -inmortalidad-), grandes flores de seis pétalos -símbolo de Cristo-, rosetas y tres misteriosos monogramas en el lado norte del testero:





El último monograma puede interpretarse como F(e)C(e)R(u)N(t). Por lo que los otros dos serían dos nombres de persona: ¿F(l)AN(o)L(a)? y ¿DAN(i)L(a)? ¿Recuerdan a los canteros o a los donantes de la iglesia? En la parte sur del propio testero, quedaron los huecos preparados para otros tres monogramas que no se llegaron a tallar.



La inferior consiste en un largo tallo ondulado con racimos o flores de cinco hojas en las inflexiones, que recuerdan a los motivos vegetales del “maestro de Nave”. Tiene como protagonistas los elementos vegetales: róleos dobles continuos que rodean hojas y racimos.

En la actualidad se penetra al templo por una pequeña puerta abierta en el lado oriental del brazo sur del transepto.




En el interior destaca el imponente arco toral, el más perfecto de la arquitectura prerrománica española. Es un arco de herradura peraltado, característico del arte visigodo). Las dovelas del arco se decoran con relieves similares a los del exterior (palmetas, racimos de uvas y aves). El arco descansa sobre dos enormes bloques trapezoidales que hacen la función de capiteles. Sus frentes están decorados con excepcionales relieves de gran belleza plástica y valor simbólico. En cada uno de los dos capiteles aparece representada una pareja de ángeles enfrentados en pleno vuelo sosteniendo un medallón circular. En el interior de los medallones, representaciones antropomorfas.


En el capitel sur, del sol radiante, un busto humano con los cabellos erizados como rayos, representado como figura masculina imberbe. Sus siluetas con trazos incisos destacan con poco relieve sobre un fondo plano. Encima de la figura tenemos su nombre en letra visigoda: SOL. En el borde superior de este sillar aparece una inscripción con el siguiente texto: "OC EXIGVVM EXIGVA OFF(ert) D(e)O FLAMMOLA VOTUM" que se traduce como "La humilde Flamola ofrece este pequeño presente como un voto a Dios", siguiendo una fórmula utilizada también por Alfonso II el Casto en San Salvador de Oviedo.

Se cree que Flammola, que era hermana de la Condesa Munia, madre de Fernán González, había ordenado restaurar este edificio. La zona de Lara sufrió sucesivas destrucciones y repoblaciones en los siglos VIII y IX y en la iglesia del monasterio fundado junto a Santa María de las Viñas se enterró a la familia de Fernán González (los restos de él probablemente se trasladaron después a San Pedro de Arlanza).



En el otro bloque, situado en la imposta izquierda, en el norte, aparece la misma composición, pero representando a la luna de forma poco habitual como un personaje masculino con barba, así como los dos ángeles sosteniendo el círculo con el nombre LUNA.

Por último, una pareja de columnas de mármol aparenta soportar el arco. 



Encima de la clave del arco hay otro bloque de piedra tallado. Representa a Jesucristo barbado con nimbo crucífero y en actitud de bendecir. Se especula que los dos bloques representando a los evangelistas pudieran estar situados a ambos lados de este último bloque.



 


Además, hay otros dos grandes sillares tallados descontextualizados. Pudieron formar parte de un segundo arco toral arruinado. En ambos, de nuevo, dos figuras antropomorfas rodeadas por ángeles. Una de ellas porta una cruz patada, procesional, en la mano. Seguramente, representación de Cristo. La otra tiene la mano sobre el pecho. Puede tratarse de una mujer. En ese caso, sería la Virgen María. Aunque el hecho de que no lleven nimbo podría indicar a los donantes.

 


Existe un segundo grupo de decoración formado por siete grandes bloques de piedra con relieves iconográficos, bajorrelieves que se caracterizan por su aspecto casi de grabados, inscritos en un marco de piedra; representan temas historiados y se distinguen por el expresionismo de que aparecen dotadas las proporciones de los personajes. El estilo decorativo es absolutamente lineal; las figuras están de frente y recortadas en un solo plano sobre un fondo profundo, pero sin planos interiores. 






El muro del testero es plano con una ventana de medio punto en el centro. La mesa del altar bajo este vano está soportada por un capitel romano de acarreo.

 











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