LAM
Lisse es una ciudad de la provincia de Holanda Meridional, Países Bajos, a 40 km de Ámsterdam, con una población de unos 23.000 habitantes (2025), situada a un metro de altitud sobre el nivel del mar. En los siglos XVII y XVIII estaba habitada por comerciantes ricos y nobles y rodeada de bosques y jardines. Los bosques se talaron en los siglos siguientes para cultivar flores y bulbos, lo que llevó prosperidad a la zona, especialmente a mitad del siglo XX, cuando se instalaron grandes cultivadores, casas de subasta y comercio.
En la actualidad, al ser el centro de la región de
la floricultura, es también un gran centro turístico, siendo Keukenhof
(“jardín de la cocina”) la gran atracción, un jardín con millones de bulbos de
cien especies distintas que florecen en la primavera, tras haber sido plantados
en otoño, y que puede visitarse entre marzo y mayo (ocho semanas).
Desde 2018 hay otra atracción importante en esta ciudad: el LAM (Museo de Arte Lisser), museo que cuenta con una colección de arte centrada en la comida, la bebida y el consumo. Se define como “food art”, aunque lo que busca es contar historias utilizando algo tan cotidiano como la comida como punto de partida, e incluye pinturas, esculturas, instalaciones, videos y piezas de arte sonoro y digital. No organiza exposiciones temporales, aunque crean temáticas que les permiten reordenar las obras, como “Snacks”, “Feast at the Table”. También preparan los retratos con comida y encontrar caras en lo que comemos con “Tasty Faces”. Con estas reorganizaciones se consigue que capten la atención piezas que antes habían pasado desapercibidas.
Nada más entrar, al lado del ascensor, aparece “Min of Meer” (“más o menos”), hecha con bolsas de compra que adquieren la forma de una persona que puede recitar un poema que es, en realidad, una lista de la compra. Una escultura hiperrealista muestra a una mujer que ha salido del supermercado y lleva, metido en el abrigo, un bebé que la mira intentando atraer su atención. Unas cabezas, que parecen esculpidas en barro, huelen a chocolate y denuncian las precarias condiciones de los trabajadores de las plantaciones de cacao. El artista Itamar Gilboa presenta 8.000 reproducciones de alimentos realizadas en porcelana blanca –“Food Chain Project”-, representando la comida que consumió durante un año.
'Food Chain Project', de Itamar Gilboa, es la
obra de mayor tamaño.
'Bad Grapes', obra de Kathleen
Una obra representa la vanitas, la fugacidad de la vida y de lo material: es la escultura de unas uvas cubiertas de moho, hecha con cuentas de cristal y piedras preciosas, de la artista Kathleen Ryan. La descomposición de los alimentos también la muestra Lisette de Greeuw con unos lápices de colores que indican las tonalidades de una mandarina. Una pieza llamativa es una máquina de chicles masticados, que nos hace pensar en los contrastes. Paños de cocina, palomitas de maíz, patatas fritas, un bol de cereales, envases de comida para llevar, etc., son otros de los protagonistas del museo. A falta de carteles, lo códigos QR nos explican que un retrato hecho con salchichas se inspira en las pinturas rupestres o que unas rodajas de embutidos que recrean el mecanismo de un reloj proponen una reflexión sobre la carne ultraprocesada.
El museo también organiza actividades sobre alguna de sus
obras. Una muy popular fue “Taste an Artwork”, que desarrolló sabores de
helados en seis tonos distintos de gris, planteando a qué sabe cuando el color
desaparece. La obra era “Escala de Cinzas” (“Escala de Grises”)
del artista brasileño Joao Loureiro.
'Escala de Cinzas', la obra del artista João Loureiro






















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