lunes, 13 de junio de 2022

 Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Cantavieja-I.

Con este artículo comienza una serie dedicada a las Guerras Carlistas en el Maestrazgo, comenzando por Cantavieja, que fue capital y donde hay un interesante Museo.


Se sitúa a 1.290 m de altitud en el sistema Ibérico, junto al río Cantavieja, cerca del límite con la provincia de Castellón, rodeada de un abrupto paisaje, y es la capital tradicional del Alto Maestrazgo. Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, la describe “situada en un llano, sobre un peñón fuerte que forma un triángulo casi perfecto”.


En su término se han encontrado cuevas con grabados rupestres y diverso material datado en el neolítico, hace cerca de 6.000 años, y otros de época anterior. Según la leyenda, Cantavieja fue fundada por Amílcar Barca (Cartago Vetus). Alfonso II de Aragón la ocupó en 1169 y la donó a la Orden del Santo Redentor. Después fue encomienda y cabeza de la Baylía, siendo cedida en 1212 a los templarios, hasta 1308 en que quedó anulada dicha Orden. En 1317 pasó a la Orden de San Juan de Jerusalén, cuya encomienda incluía también a Mirambel y otros lugares. La ganadería y el comercio de la lana llevaron la prosperidad en el siglo XVIII. Siguió dependiendo de la Orden del Hospital hasta el siglo XIX, cuando con las desamortizaciones se crearon los ayuntamientos. Cantavieja se constituyó en 1834. Especial importancia adquirió durante las Guerras Carlistas.

Primera Guerra Carlista. En 1836 los carlistas continuaron su proceso de organización e institucionalización. Sistematizaron las exigencias de provisiones y dinero y reclutaron quintos en los pueblos. Cabrera pensó en la necesidad de dotarse de una base de operaciones y eligió un pueblo idóneo por su emplazamiento y defensas naturales, Cantavieja, además rodeada de antiguas murallas y con un castillo sobre una roca escarpada. Entonces tendría unos 2.000 habitantes.

En mayo, al tiempo que realizaban intentos para fundir sus propios cañones, Cabrera creó un órgano asesor, la Junta Auxiliar Gubernativa, cuya presidencia se reservó, que se encargaría de las cuestiones de intendencia, pero él lo supervisaba todo: fortificó el pueblo, restauró las viejas murallas e hizo acopio de materiales y víveres, instaló un hospital, oficinas de administración, talleres de sastres y armeros, fábrica de pólvora, una pequeña fundición para armas y municiones, una Academia y un depósito para los nuevos voluntarios, y una imprenta que publicaría el Boletín del Real Ejército de Aragón, Valencia y Murcia (hasta el 15 de julio de 1837). Nombró gobernador militar y político de la plaza a D. Jaime Camps. Era un serio conato de administración territorial y abastecimiento regular de las fuerzas desde esta capital de la Comandancia General del Maestrazgo, que pasó a ser el cuartel general de Cabrera.

Puso en marcha en Cantavieja una maestranza de artillería, de la que se encargaba José Marcoval. Dos piezas del 4, fabricadas en esta fundición, fueron llevadas por Cabrera para sitiar Gandesa a mediados de Julio de 1836, aunque resultaron imperfectas. Otros dos cañones del 8 se colocaron sobre las murallas de Cantavieja, pero, a la vista de la necesidad de artillería, Cabrera destinó a la fundición al capitán graduado de artillería D. Luis Soler, con el encargo de que formara una compañía de esta arma, que fuera la base del cuerpo de artillería carlista y de un futuro batallón. Bajo su dirección se mejoró la elaboración de pólvora, balas y cartuchos, como también el taller de recomposición de armas. Cantavieja sirvió también a partir del segundo semestre de 1836 de depósito de prisioneros. Allí serían conducidos, por ejemplo, los prisioneros hechos en la famosa expedición por el sur peninsular del general carlista D. Miguel Gómez.

La situación de los carlistas parecía más sólida que nunca en septiembre de 1836 cuando se aproximó a territorio aragonés la Expedición del General Gómez, sumándose a ella los principales jefes carlistas: Cabrera, Quílez y Miralles. José Arévalo quedó al mando en Cantavieja, que no tardó en verse atacada por todos los frentes. El pueblo de Beceite fue incendiado en septiembre por Borso di Caminati y en octubre el general San Miguel se apoderó de la propia Cantavieja, aprovechando la ausencia de Cabrera.

Fue precisamente durante esta ausencia del Maestrazgo del general Cabrera y algunos de sus mejores batallones, cuando el ejército liberal se propuso el asalto a Cantavieja para destruir la base de operaciones de los carlistas. En Septiembre de 1836 el general liberal Evaristo San Miguel se dispuso a sitiar Cantavieja cuyo gobernador era D. Magín Miquel. La principal defensa de Cantavieja consistía en el castillo y la ermita de San Blas, unida al pueblo por una pared aspillerada. El 28 de Septiembre se presentó San Miguel delante de la plaza proveniente de Castellón y San Mateo. El 29 de Octubre, superadas todas las dificultades topográficas, principiaron las hostilidades y el 31 la plaza fue abandonada por sus defensores, por lo que sería juzgado el gobernador. Llangostera, que venía en su ayuda, no llegó a tiempo. Se consideró que el Convenio de Elliot sólo era aplicable en el Norte y se liberó a prisioneros de esa procedencia. 

En septiembre habíase unido Cabrera en Utiel a la expedición de Gómez. Juntos recorrieron Cuenca, Albacete, la Mancha, Andalucía y Extremadura. Si las tropas cristinas que les perseguían no pudieron deshacerles, tampoco ellos lograron su intento de sublevar las comarcas que invadían. Obra combinada de Cabrera y Gómez, caracteres antitéticos, de cuya unión no podía resultar nada eficaz. Riñeron al fin, a la vuelta de Cáceres, campando cada uno por sus respetos. Cabrera se escabulló fugaz y resbaladizo por el caminito que creyó más seguro para volver a sus riscos y barranqueras del Maestrazgo, donde en su ausencia las cosas de la guerra no iban muy prósperas, y amenazaba desbaratarse lo que él con paciencia, rigor y firme mano organizado había”.  (Galdós, La campaña del Maestrazgo).

 Mientras tanto, Cabrera y Gómez se llevaron mal desde el principio y, al conocer que Cantavieja había caído, Cabrera volvió al Maestrazgo. 

“Lo primero que intentó al pisar su terreno fue pasar al Cuartel general de D. Carlos en el Norte, para dar cuenta a este de la desavenencia con Gómez y proponerle un nuevo plan de campaña en el Centro. Llegóse al Ebro, eligiendo el vado de Rincón de Soto como el único que en aquella estación cruda era practicable; pero le salió mal la cuenta, porque fue sorprendido por la columna de Iribarren, que le deshizo, matándole muchos hombres y dispersándole los que quedaron con vida. La suya estuvo en gran peligro. Acribillado a balazos, quedó al amparo de la obscuridad junto a una pared, donde le recogió uno de los suyos, el cabecilla que llamaban La Diosa, y le llevó atravesado en una caballería, como un saco, pues montar no podía. Perseguido por las tropas de Iribarren, debió su salvación a un cura que le escondió en el sótano de su casa; allí pasó largos días y noches entre la vida y la muerte, hasta que, mejorado de sus heridas, loe trasladaron a un abrupto monte, espesura más propia de lobos que de seres humanos, donde permaneció en escondite, recobrando poco a poco la sangre perdida y con ella el brío y la ferocidad. De este apartamiento provino la noticia de su muerte, que corrió por toda España. …” (Galdós, La campaña del Maestrazgo). 

En el camino de regreso fue derrotado y herido en Rincón del Soto. Lo recogió un cura de Almazán, que le atendió, y en los primeros días de 1837 pudo reunirse con sus tropas, que le habían dado por muerto. En enero de 1837 parecía arruinada toda la obra llevada a cabo durante dos años, pero Cabrera no tardó en reorganizar las bases de su poder. Unas incursiones en la ribera del Turia, Buñol y San Mateo le proporcionaron abundantes recursos y restablecieron la moral y el entusiasmo en la tropa carlista. 

“Aquellos días habían trabado pelea, en los campos de Torreblanca, Cabrera y Borso, llevando este la mejor parte. No cerradas aún las graves heridas que en Torre de Arévalo le pusieron a la muerte, Cabrera recibió un balazo en el muslo. A su serenidad y arrojo debió la salvación. Retirada su gente a Cuevas de Vinromá, el caudillo se ocultó en la casa del cura de la Jana. Borso no supo aprovecharse de la victoria, y con su inacción dio tiempo a que Cabrera se curase, como él lo hacía siempre, de prisa.” (Galdós, La campaña del Maestrazgo). 

Creó cuatro comisiones -eclesiástica, ejército, hacienda y militar ejecutiva y permanente- para atender mejor a los asuntos de gobierno y el 24 de abril de 1837, tras una operación comandada por Juan Cabañero, podía volver a establecerse en Cantavieja. Entonces cobró nueva importancia y se instalaron talleres, fábricas y una imprenta desde la que se publicó un Boletín del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia. 

La recuperación de Cantavieja se debió a la colaboración de unos vecinos de la villa que hicieron un agujero en la pared de la casa de un eclesiástico, que formaba parte de la muralla. Cabrera estaba sitiando San Mateo y mandó a Cabañero. Penetraron por la abertura y sorprendieron y desarmaron a la guarnición. Se apropiaron de cañones, fusiles y cartuchos, víveres, e hicieron prisioneros. El 9 de mayo al llegar Cabrera a Cantavieja, mandó fusilar en el arrabal al gobernador de la plaza, teniente D. Manuel Fajardo, dándose cuartel al resto de los oficiales. 

La crueldad de la guerra se había manifestado desde los inicios. Cabrera liberó a prisioneros en algunas ocasiones, pero en otras los fusiló. Cerca de Valencia fusiló a los prisioneros en tandas en medio de un festín. También fusiló a los alcaldes de dos pueblos de la comarca de Alcañiz por creer que ayudaban a los liberales. Entonces, el general Nogueras, con la autorización del capitán general de Cataluña, el general Espoz y Mina, ordenó fusilar a Ana María Griñó, la madre de Cabrera, a la que tenían presa, el 16 de febrero de 1836. En represalia, Cabrera encarnizó más la contienda y fusiló a cuatro mujeres que tenía presas. 

“Cuando al amanecer del 16 de febrero del año pasado se nos dijo que a las diez íbamos a fusilar a María Griñó, no lo creíamos. Entre nosotros se decía que el alcalde de Tortosa, Don Miguel de Córdova, protestaba de tal iniquidad, y que quiso inducir al Gobernador, general D. Gaspar Blanco, a no dar cumplimiento a la bárbara orden. Ello era cosa de Nogueras, que ofició al General Mina, y de los allegados de este. … Dijo Cabrera al enterarse de la muerte de su madre. … Mirando a las cumbres que cercan a Valderrobles, dijo que la sangre subiría hasta las cimas más altas …”. (Galdós, La campaña del Maestrazgo). 

“Respecto a las tan cacareadas crueldades del jefe carlista, dijo que habían sido estrictamente de carácter disciplinario militar hasta que los cristinos derramaron con bárbara torpeza la sangre de María Griñó. El asesinato de una mujer, sin más delito que ser madre de Cabrera, creó nueva ordenanza militar, dando una infernal lógica las horrendas carnicerías consumadas por uno y otro ejército. Fuera de esto, para abrirse camino el travieso bigardón de Tortosa, y pasar en breve tiempo de seminarista pendenciero a caudillo y gobernador de hombres en los campos de batalla, no podía menos de emplear, como resorte de dominio, el terror, la fiereza y la brutalidad. No se había formado dentro de un organismo, sino que tenía que sacar el organismo del caos social, y esto no se hace sino desplegando desde los primeros momentos un genio implacable, aterrador, extraordinaria viveza para aplicar justicias rápidas, de moral severa y primitiva; haciendo sentir el peso de su mano antes de que pudiera discutirse el derecho con que la levantaba. En las guerras civiles, los hombres culminantes nacen así, o no nacen nunca…” (Galdós, La campaña del Maestrazgo). 

Barranco del Carrascal
Tras la reconquista de Cantavieja, Cabrera volvió a fijar allí el centro de sus operaciones y su residencia. Mejoró considerablemente el antiguo hospital, aumentó la fábrica de fundición y se instalaron imprenta, talleres de vestuario, fábricas de pólvora y otros establecimientos y oficinas. Don Ramón O´Callaghan fue nombrado gobernador militar y político. Empezaron a funcionar las Comisiones nombradas antes de la toma de la plaza. D. Luis Soler fue encargado de organizar cinco compañías de artillería, la fábrica de pólvora, una regular maestranza, dirigida por D. Gregorio Puelles, y la fundición de cañones. Volvió a publicarse el Boletín del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia, que salía a la luz los miércoles y los sábados. Era su director y redactor, dirigiendo la imprenta establecida en Cantavieja, el Padre D. Mariano Roquer, de la Orden de Predicadores, antiguo Rector del Colegio de Santo Domingo y San Jorge de Tortosa, en el que Cabrera había cursado estudios.

(…)

No hay comentarios:

Publicar un comentario