lunes, 8 de enero de 2018

CaixaForum, Madrid

La obra de Giorgio de Chirico se articula principalmente en dos expresiones: visión naturalista (retrato, autorretrato, paisaje, naturaleza muerta) e indagación del sentido de la existencia y del universo (arte metafísico). Éste, que inspiró el surrealismo y todas las formas artísticas que exploran el inconsciente y el sueño, aparece en imágenes que muestran un espacio detenido, sin vida, que sugiere el infinito y la eternidad. Su continua búsqueda en varios niveles, técnico y pictórico, estético y el de la idea artística, le lleva a fundamentar toda su actividad en el tercero, de descubrimientos iconográficos y simbólicos con los que explora sobre la relación del hombre con la naturaleza, la historia, la poesía, etc.

Retratos y autorretratos.
El retrato es para De Chirico el género clásico por excelencia y a él se dedicó en todas sus fases creativas, tendiendo a captar el sentir íntimo del personaje a través de la psicología y la ironía, aunque evolucionando desde la tipología clasicista del primer periodo, pasando por la intimista de los años veinte y treinta, hasta las divertidas representaciones de los años cuarenta, con trajes del siglo XVII, en los que muestra su habilidad pictórica en tejidos, encajes y joyas.




En el “Autorretrato con vestido negro” viste un suntuoso traje, se remonta a otro mundo, pero la intensidad de su mirada indica que el verdadero tema es el arte de la pintura. El “Retrato de la señora L. Gartzen” muestra los puntos en común entre los temas y estilos del periodo metafísico y sus obras más clásicas: protagonismo de la arquitectura –ventana-, estabilidad, equilibrio, contundencia plástica, unidos al ritmo ondulante del perfil, cabellos y borde del vestido.




Interiores metafísicos.
El tema –que sigue siendo uno de los más enigmáticos- nació durante la I Guerra Mundial, en composiciones de perspectiva acelerada dentro de una habitación, mientras que la abertura de una ventana o el cuadro dentro del cuadro ofrecen escenarios para paisajes arqueológicos y naturales, fábricas, plazas, etc., según el binomio interior-exterior.



El tema de “Sol sobre el caballete” viene dado por el contraste entre el sol apagado en el cielo y el sol encendido en el interior de la habitación, usado por primera vez para ilustrar la obra Calligrammes de Guillaume Apollinaire. “Muebles en el valle” representa el tema que tiene su contrario en los templos en la habitación: lo cotidiano transportado al exterior sobre un fondo de paisaje natural y por otro el clasicismo que estalla en el interior de un espacio burgués.





Plaza de Italia y maniquíes.
Es el tema más famoso del arte metafísico. Las imágenes pierden la objetividad de la perspectiva renacentista. Al mismo tiempo nació el maniquí –cabeza ovoide, cuerpo formado por elementos geométricos-, figura sin rostro, sin detalles personalizadores, que ocupa el lugar central en su universo imaginario, filosófico y figurativo del artista.



“Plaza de Italia con fuente” pertenece al periodo en el que enriquece el tema con elementos como estatuas y torres, y con una composición cada vez más limpia, de perspectiva monocular, enigma de la luz y sombra, del silencio y del sonido lejano del tren. “El contemplador” es un ejemplo de sus maniquíes y de la apertura de la habitación al exterior.






Baños misteriosos.
Este tema nació en los años treinta con las litografías publicadas en Mythologie, de Jean Cocteau, y después lo trasladó a la pintura. Está centrado en la representación del agua como trama de densas líneas en zigzag. Las escenas de paisaje abierto incluyen hombres desnudos que se sumergen en piscinas de “agua-parqué” y hombres vestidos a la moda están alrededor. Atmósfera de tiempo suspendido aligerada por banderitas de colores, pelotas de playa y cisnes gigantes.

Historia y naturaleza.
Sus composiciones que evocan la historia como pasado con presencia constante de la naturaleza recuperan los valores de un pasado artístico glorioso y tratan de redescubrir la tradición pictórica de los grandes maestros. Las naturalezas muertas –que él llamaba vidas silenciosas- son recuerdos barrocos en el marco de paisajes naturalistas pero irreales, acompañadas de un elemento antiguo, una estatua o un templo, que dan sensación de desubicación.

“Venecia, isla de San Giorgio” representa la búsqueda de la técnica pictórica y el seguimiento de Guardi, Canaletto, Tintoretto y El Veronés en su aproximación a la ciudad donde vivió largos periodos. En la naturaleza muerta “Fruta con templo” destaca en primer plano la fruta y, en el paisaje del fondo, aparecen temas clásicos, estatua y templo, con los que captura la memoria del tiempo.



Mundo clásico y gladiadores.
Esta temática es una de las más logradas. La transformación de los gladiadores en actores y de la arena en escenografía teatral es otro juego intelectual, mezcla de realidad y ficción, que aporta un sentido de desorientación del mismo modo que cuando introduce el mundo clásico de ruinas y personajes mitológicos. También introduce el antiguo mito de los caballos que evocan la grandeza del mundo clásico.





En “El retorno de Ulises”, el héroe, mascarón de proa semejante a estatua, navega en un mar-alfombra en el plácido escenario de una habitación con un templo clásico insertado en una pared. A la derecha, una ventana se abre a una escena lejana con un templo homérico. El mar de la vida y sus peligros no tienen más significación que un viaje por una habitación. “Cuatro gladiadores en la habitación con vistas al Coliseo”.




“Las tres Gracias” son un cuadro con elementos de su etapa barroca, especialmente en el estilo. Las tres jóvenes vírgenes, diosas de la alegría, el encanto y la belleza, asociadas a las fuerzas de la naturaleza y la vegetación y que, como las musas, inspiraban a artistas y poetas, están representadas en la intimidad del momento, con el movimiento de rotación que recorre la escena originado por las ropas que giran delicadamente en torno a sus cuerpos formando pliegues y dobleces.

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