CaixaForum, Madrid
La obra de Giorgio de Chirico se articula principalmente
en dos expresiones: visión naturalista (retrato, autorretrato, paisaje,
naturaleza muerta) e indagación del sentido de la existencia y del universo
(arte metafísico). Éste, que inspiró el surrealismo y todas las formas
artísticas que exploran el inconsciente y el sueño, aparece en imágenes que
muestran un espacio detenido, sin vida, que sugiere el infinito y la eternidad.
Su continua búsqueda en varios niveles, técnico y pictórico, estético y el de
la idea artística, le lleva a fundamentar toda su actividad en el tercero, de
descubrimientos iconográficos y simbólicos con los que explora sobre la
relación del hombre con la naturaleza, la historia, la poesía, etc.
Retratos y autorretratos.
El retrato es para De Chirico el género clásico por
excelencia y a él se dedicó en todas sus fases creativas, tendiendo a captar el
sentir íntimo del personaje a través de la psicología y la ironía, aunque
evolucionando desde la tipología clasicista del primer periodo, pasando por la
intimista de los años veinte y treinta, hasta las divertidas representaciones
de los años cuarenta, con trajes del siglo XVII, en los que muestra su habilidad
pictórica en tejidos, encajes y joyas.
En el “Autorretrato
con vestido negro” viste un suntuoso traje, se remonta a otro mundo, pero
la intensidad de su mirada indica que el verdadero tema es el arte de la
pintura. El “Retrato de la señora L.
Gartzen” muestra los puntos en común entre los temas y estilos del periodo
metafísico y sus obras más clásicas: protagonismo de la arquitectura –ventana-,
estabilidad, equilibrio, contundencia plástica, unidos al ritmo ondulante del
perfil, cabellos y borde del vestido.
Interiores metafísicos.
El tema –que sigue siendo uno de los más enigmáticos-
nació durante la I Guerra Mundial, en composiciones de perspectiva acelerada
dentro de una habitación, mientras que la abertura de una ventana o el cuadro
dentro del cuadro ofrecen escenarios para paisajes arqueológicos y naturales,
fábricas, plazas, etc., según el binomio interior-exterior.
El tema de “Sol
sobre el caballete” viene dado por el contraste entre el sol apagado en el
cielo y el sol encendido en el interior de la habitación, usado por primera vez
para ilustrar la obra Calligrammes de Guillaume Apollinaire. “Muebles en el valle” representa el
tema que tiene su contrario en los templos en la habitación: lo cotidiano
transportado al exterior sobre un fondo de paisaje natural y por otro el
clasicismo que estalla en el interior de un espacio burgués.
Plaza de Italia y maniquíes.
Es el tema más famoso del arte metafísico. Las imágenes
pierden la objetividad de la perspectiva renacentista. Al mismo tiempo nació el
maniquí –cabeza ovoide, cuerpo formado por elementos geométricos-, figura sin
rostro, sin detalles personalizadores, que ocupa el lugar central en su
universo imaginario, filosófico y figurativo del artista.
“Plaza de Italia
con fuente” pertenece al periodo en el que enriquece el tema con elementos
como estatuas y torres, y con una composición cada vez más limpia, de
perspectiva monocular, enigma de la luz y sombra, del silencio y del sonido
lejano del tren. “El contemplador”
es un ejemplo de sus maniquíes y de la apertura de la habitación al exterior.
Baños misteriosos.
Este tema nació en los años treinta con las litografías
publicadas en Mythologie, de Jean Cocteau, y después lo trasladó a la pintura.
Está centrado en la representación del agua como trama de densas líneas en
zigzag. Las escenas de paisaje abierto incluyen hombres desnudos que se
sumergen en piscinas de “agua-parqué” y hombres vestidos a la moda están
alrededor. Atmósfera de tiempo suspendido aligerada por banderitas de colores,
pelotas de playa y cisnes gigantes.
Historia y naturaleza.
Sus composiciones que evocan la historia como pasado con
presencia constante de la naturaleza recuperan los valores de un pasado
artístico glorioso y tratan de redescubrir la tradición pictórica de los grandes
maestros. Las naturalezas muertas –que él llamaba vidas silenciosas- son
recuerdos barrocos en el marco de paisajes naturalistas pero irreales,
acompañadas de un elemento antiguo, una estatua o un templo, que dan sensación
de desubicación.
“Venecia, isla de
San Giorgio” representa la búsqueda de la técnica pictórica y el
seguimiento de Guardi, Canaletto, Tintoretto y El Veronés en su aproximación a
la ciudad donde vivió largos periodos. En la naturaleza muerta “Fruta con
templo” destaca en primer plano la fruta y, en el paisaje del fondo, aparecen
temas clásicos, estatua y templo, con los que captura la memoria del tiempo.
Mundo clásico y gladiadores.
Esta temática es una de las más logradas. La
transformación de los gladiadores en actores y de la arena en escenografía
teatral es otro juego intelectual, mezcla de realidad y ficción, que aporta un
sentido de desorientación del mismo modo que cuando introduce el mundo clásico
de ruinas y personajes mitológicos. También introduce el antiguo mito de los
caballos que evocan la grandeza del mundo clásico.
En “El retorno de
Ulises”, el héroe, mascarón de proa semejante a estatua, navega en un
mar-alfombra en el plácido escenario de una habitación con un templo clásico
insertado en una pared. A la derecha, una ventana se abre a una escena lejana
con un templo homérico. El mar de la vida y sus peligros no tienen más
significación que un viaje por una habitación. “Cuatro gladiadores en la habitación con vistas al Coliseo”.
“Las tres Gracias”
son un cuadro con elementos de su etapa barroca, especialmente en el estilo.
Las tres jóvenes vírgenes, diosas de la alegría, el encanto y la belleza,
asociadas a las fuerzas de la naturaleza y la vegetación y que, como las musas,
inspiraban a artistas y poetas, están representadas en la intimidad del
momento, con el movimiento de rotación que recorre la escena originado por las
ropas que giran delicadamente en torno a sus cuerpos formando pliegues y
dobleces.













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