Nos despertamos al rayar el
alba. En prevención de males mayores decidimos hacer una etapa corta, que
nos permitirá, además, parar en Sahagún, una población más grande. Nos
levantamos más tarde; dejamos que los demás se vayan. Desayunamos en el
albergue con los catalanes, nos despedimos y salimos despacio, envueltos en
silencio. Cruzamos el pueblo, llegamos a la fuente donde hablamos con los
ciclistas portugueses y seguimos un muy buen camino, una pista parcelaria
con la carretera a la derecha, lejos. El paisaje es menos monótono, más
alomado, con pequeñas manchas de arbolado, frondosas en los arroyos, cereal
y alguna vid. Pasamos por donde estuvo el antiguo poblado medieval de
Villaoreja. Por primera vez desde que salimos vemos clara nuestra sombra;
todo está lleno de sol. El camino, iluminado por la brillante luz matutina,
nos lleva a un breve tramo de carretera, que abandonamos pronto por la
derecha para tomar otra pista que avanza entre el cereal hasta Moratinos,
pueblo con casas de adobe, bodegas escavadas en las lomas circundantes,
palomares y albergue.
Seguimos recto y, poco
después, en la vaguada del río Sequillo, está San Nicolás del
Real Camino, último pueblo palentino, que tenía en el s. XII un
hospital de leprosos regido por canónigos de San Agustín. Una ligera
subida nos lleva con nuestro rítmico andar a un monumento en el límite de
las provincias Palencia y León, en lo alto.
Ligera bajada, camino en
curvas, y ya se ve Sahagún. El día ha estado despejado desde el principio.
Se ve que no va a llover, por lo que guardamos la capa que llevábamos
fuera. Hace algo más de frío: ayer la tv anunció bajada de temperaturas. El
paisaje ha cambiado algo: hay campos labrados pero sin sembrar; empieza a
dominar el color marrón tierra frente al verde cereal. El camino se acerca
a la carretera, que seguimos para cruzar por el puente el río Valderaduey,
pero la abandonamos a la derecha, siguiendo el río hasta la Ermita de la
Virgen del Puente. Pasamos sobre el puente, de dos ojos, y vemos la ermita,
mudéjar.
El camino sigue ahora la
dirección de la carretera, pasa bajo el ferrocarril y ya estamos en Sahagún,
que fue llamado el Cluny español, ya que creció al abrigo del
monasterio de San Benito. Las flechas amarillas nos guían hacia el albergue
municipal, en la iglesia de La Trinidad, abierto aunque no se ve a nadie.
Seguimos porque, para descansar mejor, hemos reservado una habitación en la
hospedería de las MM. Benedictinas. Tras la rutina diaria salimos a comer,
vamos al centro y preguntamos por algún restaurante que esté bien. Nos
mandan a La Codorniz, cerca del albergue, que resulta muy bien. Volvemos
para la siesta.
Por la tarde nos disponemos
a dejar correr las horas viendo el arco barroco de San Benito, s. XVII, que
sustituyó a una puerta románica del ruinoso monasterio de San Benito. Al
lado está San Tirso, comenzado a construir en sillares de piedra en estilo
románico s. XII y continuado en ladrillo. Al otro lado de la plaza está San
Lorenzo, s. XIII, con el sello de los alarifes mudéjares y con torre de
cuatro cuerpos, planta basilical, tres ábsides y mucho ladrillo.
Cruzando el pueblo vamos al
santuario de La Peregrina, también en románico mudéjar de fines del s.
XIII, convertido en Centro de Documentación del Camino de Santiago. Bajamos
al puente sobre el río Cea y volvemos a la plaza donde se está celebrando
la romería del Pastor Bono, trasladada desde la ermita de la Virgen del
Puente por la climatología adversa. Tomamos limonada, queso y exquisitas
avellanas mientras escuchamos a una charanga de cuatro músicos que ataca
aires patrióticos y mientras la tarde va huyendo. El sonido de la música
llena todo el espacio interior. Subimos al albergue a sellar las
credenciales y volvemos a la plaza donde tomamos una ligera cena en Casa
Luis y probamos el vino prieto picudo, denominación de León, que no
conocíamos.

En este momento el móvil
sufre un traumatismo y no podemos llamar a Jacotrans; esperamos que mañana
no haya ningún problema. La tarde ha pasado con amenaza de lluvia, algo de
viento y fresco. Ya veremos mañana. La noche se pasa bien, aunque con
fresco. Las monjas no han encendido la calefacción. Son los desperfectos
del alma humana.
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