Arzúa-Arca o Pedrouzo
Después de dos etapas cortas, afrontamos otra que tampoco es larga. Como estos días está haciendo calor y esta etapa es un poco más larga salimos un poco antes.
El camino es empedrado al principio y, más tarde, hay unos tramos de corredoiras bonitas mientras va amaneciendo. Las paredes laterales están verdes de musgo y enredaderas. Vemos hórreos en las poblaciones y zonas más desarboladas, de pastos, mientras el sol va levantando.
Pasamos por Raído, Cortobe y, algo más lejos, Calzada, donde se cruza uno de los muchos regatos, esta vez por un puentecillo de piedra. El camino se colorea con flores en los lados y se ameniza con los trinos de los pájaros en esta mañana luminosa y agradable. Vemos varias lápidas dedicadas a la memoria de peregrinos muertos en el Camino. Bajo un pequeño techado, a la sombra, están juntos un gallo y un cordero.
Llevamos mucho tiempo sin poder parar a tomar café en algún bar. Cuando llegamos a uno, nos juntamos todos los peregrinos que nos vamos viendo en estos días, por ejemplo una pareja joven, pero no vemos a los dos hombres extranjeros. Quizá la queimada de ayer les haya hecho reducir la marcha.
Llevamos mucho tiempo sin poder parar a tomar café en algún bar. Cuando llegamos a uno, nos juntamos todos los peregrinos que nos vamos viendo en estos días, por ejemplo una pareja joven, pero no vemos a los dos hombres extranjeros. Quizá la queimada de ayer les haya hecho reducir la marcha.
Tras Outeiro y Boavista el camino se acerca a la carretera y se pierde el encanto de ir por el bosque o por los campos puesto que se oye el ruido del tráfico. En Salceda hay una fuente con una hornacina, que va a ser uno de los últimos tramos sombreados pues salimos a zona abierta.
Esto ya no es el concello de Arzúa, sino el de O Pino. Después de Brea, en el llano, hay un pequeño y sencillo monumento a los peregrinos identes. Es un paseo al lado de la carretera, con una parada de autobús en forma de hórreo, que continúa en ascenso hasta el Alto de Santa Irene.
Ya no queda mucho, pero paramos para comer un pincho de tortilla porque el desayuno hace tiempo que está quemado.
Pasamos por el último tramo de bosque de eucaliptos y vemos otra lápida dedicada a un peregrino que murió en el Camino. El sol es muy fuerte. Hace mucho calor.
Esta parte final es decepcionante: mucha gente, domingueros, bidones para basura en el camino; incluso, tras el cruce de la carretera que acompaña todo el camino, megafonía anunciando un alojamiento. Aquí se ha perdido todo concepto cultural del Camino y entramos en un mundo puramente comercial.
Esta parte final es decepcionante: mucha gente, domingueros, bidones para basura en el camino; incluso, tras el cruce de la carretera que acompaña todo el camino, megafonía anunciando un alojamiento. Aquí se ha perdido todo concepto cultural del Camino y entramos en un mundo puramente comercial.
Llegamos a O Pedrouzo, O Pino, Arca. No sabemos cómo se llama realmente esta población, ni si los nombres corresponden a parroquia, concello, etc. Le preguntamos al chico de recepción del albergue y no termina de sacarnos de dudas. Le preguntamos finalmente ¿dónde vive el Alcalde? En Santiago, es la respuesta desmoralizadora.
Ha sido una etapa corta, de 19 km, llaneando, que termina con la rutina habitual y un paseo, por la tarde, a lo largo de la larga calle central, con un gran hórreo a las afueras.


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