martes, 15 de enero de 2019

Los papeles del cambio. Revolución, edición literaria y democracia 1968-1988

La cultura española vivió en los veinte años que van desde 1968 hasta 1988 el tránsito desde el sueño de la revolución hasta la ruptura pactada con el franquismo y contra el franquismo.
Aunque casi nunca alcanzaron el primer plano, los editores de carácter literario o humanístico fueron agentes activos y muy relevantes en los cambios de sensibilidad. Los nuevos editores y sus libros pincharon la burbuja de anacronismo y conformidad existente.

Los ejes temáticos de esta exposición en la Biblioteca Nacional se dividen en dos grupos, los de la década 1968-1978 y los de los años 1978-1988. Se exponen retratos, carteles, fotografías, portadas de revista, cartas, informes de censura, informes editoriales, anuncios promocionales, prensa, etc.

1968-1978. Una vanguardia política, una cultura indócil.
En el silencio franquista, los editores literarios pusieron su imaginación, convicción e incluso humor al servicio de una nueva población juvenil, compañera de viaje de una rebeldía cultural y ética. Europa parecía más cercana. Se hacía democracia cultural sin democracia política.


Una sincronía histórica. Las fronteras de lengua y de países comienzan a diluirse, las editoriales captan las sintonías de una época global, España deja de ser España y empieza a leerse aquí como en el resto de Occidente.



Nadie olvida. La memoria es un deber civil y una deuda política. La historia regresa sin mutilaciones y con una vibración a veces vengativa, a veces interrogativa. Los secretos del pasado empiezan a ser públicos.




La fiesta del lector. Creación literaria y consumo dejaron ya de ir separados. Los lectores crecen rápidamente, el bolsillo es formato natural de la calidad y los géneros intimistas, policíacos o especulativos no espantan ya ni a lectores ni a escritores.




1978-1988. Radiaciones de una cultura en democracia.
En los años ochenta se aprecia más lo nuevo, con la adaptación a la democracia. Las movidas de los jóvenes trajeron una vida cultural explosiva y vitalista, provocadora e inconformista, sin tiempo para la desesperanza. Las editoriales también cambiaron, la cultura democrática aprendió a explotar y disfrutar las condiciones de la nueva libertad inventiva sin mandatos políticos, sin tiranías estéticas.

En tránsito y sin censura. No sucedió de un día para otro, pero sí día tras día. Los libros prohibidos por el Régimen se editaron fuera de España, en Buenos Aires o en París, pero circularon clandestinamente por muchas vías, y entre ellas las librerías nuevas, las trastiendas ocultas. Con el final de la censura en 1977 se reeditaron casi todos ellos. Empezaban a ser ya otra cosa: clásicos de la cultura contemporánea y memoria viva de la resistencia.

Los placeres prohibidos. Mayo es el portón de un cambio de época. El erotismo es la nueva liturgia civil que aglutina placeres prohibidos, consumos adictivos y sentido cósmico del humor. Se llama libertad.

La novela bárbara. Todo ha cambiado. Autores latinoamericanos arrasan entre lectores de todo tipo. Nombres españoles saturan de humor y melancolía sus libros. Son los nuevos aliados éticos y estéticos de una sociedad que aprende a leer en sus cuatro lenguas mientras descodifica pollera, gallinazo y boliche.

El pensamiento desatado. Con las armas del ensayo se piensa y se explora. La pedagogía auxilia a la política. El escritor asalta las quiebras del presente mientras imagina el futuro democrático y europeo de un país aún invisible.


La nueva pasión de lo moderno. La realidad se ensancha con el pensamiento y la literatura de la modernidad. Está ya en casa por primera vez, y en los coches, en las camas y en los despachos de lectores voraces. Una bulimia cultural se hace revolución silenciosa, leída a solas y en grupo.


El poder corrosivo del humor. La ultraderecha revienta librerías pero el humor no calla. Es ya casi siempre humor político: el más libre, el más incisivo y también el más comercial. La seriedad de los humoristas gráficos se cotiza mejor que el articulismo convencional.



El subsuelo del presente. De España no escapa nadie y de la memoria del pasado tampoco. La restitución de la historia no se va a detener ya para contar lo que pasó antes de la guerra, durante la guerra, en el exilio y bajo el franquismo. Con el pasado se hace incluso cultura pop.


El canto de los poetas también conspira. Los versos se cantan como himnos en calles y aulas con canciones nuevas y viejas. Otros poetas no cantan: sabotean los viejos lenguajes, desatan la irracionalidad surrealista, reviven las vanguardias históricas.




Todo empieza por las ideas. El antifranquismo es minoritario pero hiperactivo. Los jóvenes leen en libros a veces abstrusos las vías de la subversión en España y fuera de España. Vietnam duele, la revolución está en marcha, Cuba vive, el marxismo arrasa y el psicoanálisis se hace pandémico.


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